El gran negocio privatizador lo comenzó el actual Diputado Nacional Alfredo Cornejo, cuando era Gobernador de Mendoza. Muchos otros habían amenazado hacerlo, varios lo intentaron muy por debajo, pero los detenía la unidad de los trabajadores de la empresa y que se tratara de un bien cultural de nuestra provincia.
El “paisaje” de la ciudad supone la existencia de estos vehículos enormes que van conectados a un riel móvil que les provee la electricidad para su funcionamiento. Desde hace muchos años forman parte de lo previsible en esta provincia montañosa, con los vinos más ricos de la Argentina (perdón la arrogancia).
Como Cornejo es un amoral, porque no conoce la moral (como te conté que me enseñó a decir mi querido amigo y padrino Don Ángel Bustelo) avanza como un pacman que come Estado para beneficiarse en lo personal y a su grupo de amigos y otros cómplices. Acerca del endeudamiento que nos dejó… ¡ya ampliaremos!

Poco le importó al ex Gobernador que su plan de aniquilamiento de la Empresa Provincial de Transporte de Mendoza nos dejara a todos sin ese bien cultural, sin ese distintivo nacional transitando por nuestras calles. Mucho menos deshacerse de más de 200 empleados “molestos” y contratar a poco más de 100 “fieles”.
Aquel proceso de privatización nunca fue anunciado por el ex Gobernador en su Plataforma de Gobierno (puesto en los términos de un riojano embustero y traidor, que llegó a Presidente de la República: “si les decía lo que iba a hacer no me votaban”). La privatización la registré desde mi programa de televisión, está documentada.
¿Quién es el dueño hoy? ¿O son varios los titulares de la empresa que hoy se llama Sociedad de Transporte de Mendoza? Algún día lo sabremos pero, por lo pronto, nos van llegando datos sueltos de la forma en que la llevan adelante, que deja mucho que desear. Y siempre la pasan mal -claro, cuando no- los empleados.
Dicho sea de paso, sobre ellas y ellos recae la labor titánica de sostenerla en el día a día y, en su amplísima mayoría, le ponen onda, respetan a los pasajeros y resuelven los problemas. Pero fijate lo que le pasó a Matías, uno de los empleados, cuando al entrar al baño se le cayó en el techo parte de la manpostería.



Lo que ocurre es que en la volada se perdieron muchos de los beneficios que, desde el Convenio Colectivo de Trabajo, habían sumado derechos. Desde algo tan simple como indispensable: el refrigerio con el que quienes están al volante pasaban los minutos de descanso entre viajes y varios beneficios más.
Y te tiro otra que sería impensada en cualquiera de las demás dependencias de la administración pública: considerables adelantos de sueldo a sola firma, como si se tratara de una casa de créditos. Estas son algunas de las irregularidades que advierto y quería compartir con vos. Pero habrá más datos y más información.















