En los últimos días fuimos testigos de varios hechos que nos recuerdan a cuando en 1955/56 los dictadores de turno quemaron las sábanas de los hospitales porque en el orillo llevaban la leyenda “Fundación Eva Perón”. La misma época en que se destruyeron pulmotores en plena pandemia de poliomielitis, y en que se derogó una Constitución por decreto de un gobierno de facto.
El actual gobierno quiere redoblar la apuesta en la creencia de que, por ejemplo, dejará de haber cultura nacional si se le cambia el nombre al Centro Cultural Néstor Kirchner (CCK), o dejará de haber gente en situación de calle si se los elimina del paisaje urbano, de paso para no incomodar al turismo.
Esto del CCK viene siendo cacareado desde hace seis meses, un poco más, pero lo concretaron el 24 de marzo, como cagándose en los millones de argentinos que ese día ganamos las calles para repudiar el golpismo en todas sus formas. Para el caso de Mendoza, la manifestación frente a la explanada de la Casa de Gobierno hizo explícita mención a los perseguidos y presos políticos ACTUALES, por ser militantes anti-megaminería. Otro signo de los tiempos: el agua es un derecho humano, pero nuestra clase dirigente, mayoritariamente, todavía no se enteró.

En Santa Cruz se pretendió poner un manto de olvido sobre la figura de Osvaldo Bayer, destruyendo el monumento que lo recuerda (1). Fue una falta de respeto al mismo Bayer, pero por encima de él, una falta de respeto a Néstor Kirchner (nacido en esa provincia) y al ex gobernador Jorge Cepernic. Otro tiro por elevación (y van…) dirigido a Kristina.
Hace cuatro años publicábamos una nota donde advertíamos que la dictadura militar había hecho una lobotomía colectiva (2), advertida en la diferencia de consignas cantadas en la Plaza de 1973 en la asunción de Cámpora y en la de Alfonsín en 1983. Omitimos poner, en esa nota, lo siguiente: “Al volver la democracia, salí un día en mi hora de almuerzo. Trabajaba en el Museo Numismático del Banco Central, y vi de lejos a Raimundo Ongaro, me acerqué a saludarlo, me emocioné, lo ví quebrado pero feliz, había regresado la democracia y estaba feliz a pesar que le habían matado a un hijo. Volví contento a la oficina y lo primero que hice fue contárselo a una compañera de trabajo que militaba en la Juventud Radical. “Saludé a Ongaro”, repetía… y ella me miró extrañada y me preguntó “¿y ese quién es?”. Fue un baldazo de agua fría. Hoy, a cuarenta años de esa anécdota, sigo observando a una juventud que no se reconoce en sus raíces históricas; la batalla cultural no está ganada”. Recién ahora publico este entrecomillado.
Debo decir que muchos viejos de esa generación, empero, nos sentimos emocionados al ver tanta juventud este último 24 de marzo defendiendo los derechos de los jubilados (y en Mendoza atacando a los negociados mineros).
Pero paralelamente se estaban llevando a cabo estas provocaciones mencionadas, que además tenían un significado simbólico sobre eso de “destruir al Estado”: Vialidad Nacional destruyendo un monumento histórico en lugar de mantener las rutas. Es más importante, para el gobierno, destruir al Estado, que hacer obras públicas. Todo un indicador de la “cultura” que se está implantando.
Al asumir Néstor, recordamos, eligió como fecha el 25 de mayo, como Cámpora 30 años atrás. No sólo Cámpora, sino también los cinco gobernadores “subversivos”: Cepernic en Santa Cruz, Obregón Cano en Córdoba, Ragone en Salta, Bidegain en Buenos Aires, Martínez Baca en Mendoza (3).
Salvo Ragone, que fue detenido días antes del golpe del ’76 y al día de hoy no se sabe nada de él, los otros fueron destituidos a poco de asumir, fueron presos y murieron de viejos. Dos de ellos (Mendoza y Buenos Aires), eliminados con la complicidad de sus vices.
¿Qué tenían en común? Todos estaban ligados a la Juventud, a la Tendencia, a la Gloriosa Juventud Peronista (JP). Todos ellos eran, justamente, la “generación diezmada” a la que aludió Néstor al asumir. Una generación que, siempre siguiendo el hilo de ese primer discurso presidencial de Néstor, “no dejaban colgados sus ideales en la puerta de la casa de gobierno”. Pagaron cara su lealtad al pueblo y a sus ideales. En el caso del vicegobernador cordobés Atilio López, a poco de ser derrocado fue asesinado a balazos cuando viajó a Buenos Aires a ver un partido de Racing. Era hincha de Racing, como Néstor.
Hagamos un poco de Historia.
Jorge Cepernic nació en 1915 en río Gallegos y murió allí mismo en 2010. Néstor vivía el día de su partida, moriría tres meses después.
Una de las cosas que hizo Cepernic en su breve mandato fue reivindicar a los 1.500 obreros fusilados en 1920 por sublevarse contra sus patrones… La Patagonia Rebelde (¿qué habrá pensado el actor neogorila Luis Brandoni -antes con ideas de izquierda y militancia sindical-, que encarnó al “subversivo” Soto en esa obra, acerca de la destrucción del monumento a Bayer?).
La película empezó a ser rodada en 1973 y debió terminarse a las apuradas en junio del ’74, porque ya se sabía que Perón iba a morir y que el nuevo poder (López Rega y cía., perdón, quise poner “C.I.A.”) no iba a permitir que se terminara.
Así es, la batalla cultural comenzó DURANTE el último gobierno de Perón, un Perón que el 1º de mayo de 1974 eligió mal y que en ese mismo junio sería despedido por una Plaza de Mayo casi vacía (4). Sería bueno que la actual dirigencia justicialista viera que ni al propio Perón le sirvió aquello del verticalismo…
Cepernic asumió como gobernador el 25 de mayo del ’73 y debió irse en octubre del año siguiente…. Perón ya estaba muerto y López Rega era el dueño del país. Pero durante su mandato se produjo la expropiación de la Sheep Farming Company, un emporio lanero inglés muy poderoso.
Ya vamos entrando en tema ¿no?. Este “zurdo” le estaba escupiendo el asado a los ingleses. En la Patagonia, encima.
Cepernic dio un préstamo para hacer la película y estuvo personalmente en las filmaciones, para cerciorarse de que estaba siendo rodada. Luego del 24 de marzo del ’76 estuvo preso cinco años, acusado, en principio de haber apoyado esa filmación. Murió en julio de 2010 a los 95 años: ya volveremos sobre él.
Osvaldo Bayer también fue longevo (Santa Fe, 1927 – Buenos Aires, 2018). Anarquista y emparentado con los dueños del famoso laboratorio farmacéutico alemán. Justamente en Alemania vivió su exilio entre 1976 y 1983. Aunque él vivió en Buenos Aires, sus padres habían vivido en Río Gallegos, por lo que estaban familiarizados con los problemas sociales en las estancias laneras inglesas.
Al morir Perón, el gobierno de su viuda lo persiguió, justamente por haber escrito esa historia (“Los vengadores de la Patagonia Trágica”, en cuatro tomos). La Triple A lo persiguió y ya antes de 1976 había tenido que refugiarse en Alemania.
En 2008, a los 81 años, escribió el guion y libro cinematográfico de Awka Liwen, referido al problema de la tenencia de la tierra de los pueblos originarios de la Patagonia. Cristina Kirchner, entonces presidenta, declaró de interés el film, que se estrenó en el cine Gaumont.
Bayer no era peronista, obviamente, pero tampoco era gorila. Durante el kirchnerismo sus ideas fueron difundidas y bajo su inspiración hubo ciudades donde se cambiaron nombres de calles para repudiar a los militares de la “Conquista del Desierto”. Nunca consiguió que se eliminara el monumento a Julio Roca, un adefesio a pocas cuadras de la Plaza de Mayo sobre Diagonal Sur.

Bayer sabía, como Cepernic, como Néstor, que un árbol no puede crecer desconectado de sus raíces profundas. “Pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.
¿Se entiende por qué esos “recordadores” populares deben ser eliminados del sentido común del pueblo? Son un “mal ejemplo”. Como el Chacho Peñaloza o Felipe Varela, ese que “matando viene y se va”. Pero no es así como se suprimirá la Historia de un pueblo. Esto ya lo intentaron muchas veces antes los dirigentes de la argentina libera. El pasado 24 de marzo el pueblo volvió a mostrar que la Memoria colectiva sigue viva, aunque destruyan sus monumentos físicos.
La Patria no es una caja negra (de los aviones): hay mucho más de 20 minutos de historia haciendo ruido en las profundidades. El subsuelo de la Patria nunca va a matar a Evita, ni a Bayer, ni a los 30.000.

Columnista invitado
Carlos Benedetto
Museólogo, profesor de Historia jubilado y presidente de la Federación Argentina de Espeleología (FAdE). Escritor y periodista. Miembro de la Comisión de Ambiente del Instituto Patria. Co-fundador de la Biblioteca de la Memoria Jaime De Nevares (2007) y de la Agrupación Luis Barahona (2018), Malargüe. Colaborador de nuestro diario desde -casi- los orígenes, en temas históricos, políticos y ambientales. Para conocer toda su producción mirá aquí.
Notas
⦁ https://www.youtube.com/watch?v=iCV0UB-LDXw
⦁ https://marcelosapunar.com/2021/05/25/reflexiones-sobre-el-25-de-mayo-y-el-peronismo-por-carlos-benedetto/
⦁ https://marcelosapunar.com/?s=Carlos+Benedetto (págs. 1, 2) y https://marcelosapunar.com/2024/05/28/ay-mendoza-mia-parte-2-carlos-benedetto/
⦁ https://marcelosapunar.com/2023/06/30/de-nevares-y-la-violencia-politica-en-tiempos-del-tercer-peron-por-carlos-benedetto/













