Acabo de leer un comunicado, publicado en las redes sociales, de un partido político llamado Partido de los Trabajadores Venceremos, en que se informa que el compañero Secretario General del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación, Sebastián Henríquez ha sido expulsado de las filas de ese partido por ser culpable de violencia machista, violencia sexual, abuso sexual, violencia sicológica, violencia simbólica y violencia política. Además, se lo acusa de no usar preservativo en relaciones con una mujer.
No son tiempos (en realidad nunca lo son) de guardar silencio porque el asunto pueda quemar. No es correcto mirar para otro lado en temas tan vigentes que afectan a la sociedad y su sentido común.
Una agrupación política puede decidir incorporar o expulsar a cualquiera de sus miembros, eso es de su privativa facultad de acuerdo a las reglas que ellos mismos se den.
Lo que considero que nadie puede hacer y no debemos aceptar es la práctica del linchamiento mediático. Ese método es propio de las derechas cuasi fascistas, a las que en la Argentina estamos acostumbrados en los últimos años. Se basa en acusar públicamente a una persona tirándole sólo títulos de supuestos delitos, sin mención concreta a acciones – excepto eso de no usar preservativo – con la intención última de afectar su honor o su prestigio.
Quienes nos dedicamos a la defensa de los derechos humanos sabemos que una regla básica es que, en principio, la víctima dice la verdad. Es así en los casos de tortura a los presos o de violación sexual a cualquier ciudadano/a … lo lamentable es que en el comunicado en cuestión no hay nada en que creer o no creer, sólo títulos de tipificaciones delictivas.
Este tipo de linchamiento mediático es una forma, adaptada a la era de las redes electrónicas, de las viejas peleas de conventillo o de countrys de la farándula cortesana cercana al poder. También es una versión agiornada de la mojigatería hipócrita que siempre ejerció el patriarcado con su permanente represión sexual, cuando pretendían administrar – por medio del Estado, las Iglesias, las escuelas, etc. – la vida afectiva y sexual de las personas que rompían con el mito de la virginidad, las prescripciones del matrimonio, la monogamia y la heterosexualidad.
Lamento no agradar a amigos, amigas, compañeras y compañeros que, en una actitud quizás honesta pero irreflexiva, se suman a la gritería condenatoria a un reconocido dirigente sindical como es el profesor Sebastián Henríquez, pero manifiesto mi solidaridad con la víctima de este lamentable acoso mediático.
Párrafo aparte merecería la sospecha que queda en el aire de una maniobra, intencional o no, de socavar una organización de los trabajadores.
Fernando Rule Castro
Mendoza, 6 de enero de 2021


