Mirtha Legrand quiso que le pongan la vacuna rusa, porque es mejor que las otras que están en el país. Según lo que se sabe por los organismos de salud, es así. Por supuesto, ella es de quienes en su momento hablaban pestes de esa vacuna, según la sempiterna ignorancia que suele exhibir la televisión. Pero se hubiera puesto la Aztraseneca si fuera la única disponible, u otra cualquiera. Todas las que circulan en Argentina tienen buen nivel de eficacia, y de ellas, la Sputnik es la de más alto índice.
Mientras, el ruido con los vacunados amigos de Ginés fue enorme en los medios, pero no tanto en la población. Es obvio que Ginés malversó con ello la expectativa pública, según se supo a partir de las autoinculpadoras declaraciones del presidente del CELS. También es obvio que algunos allí poco tenían de cercanos al gobierno: casos como el de Duhalde, que ha promovido claras movidas desestabilizadoras. Pero la reacción presidencial fue acertada y rápida, atenuando el costo político inevitable.
Todos se rasgaron las vestiduras, incluso la diputada que ahora reclamaba por vacunas que ella había denunciado como “envenenadoras”: Carrió había abierto acción judicial contra el gobierno por ese absurdo motivo. Ahora, sus amigos se desvelaban por facilitar el acceso al veneno. Poco creíble. Igual o peor le tocó a Bullrich, que quiso posicionarse ante lo inaceptable de Ginés, pero había convocado y asistido a manifestaciones contra la vacuna en el Obelisco, junto a Brandoni y Eduardo Amadeo.

Es que es raro ese sector de la oposición que renunció a la política para seguir la agenda mediática, la cual está basada en el ejercicio de la maledicencia sin ton ni son. Es una especie de chisme permanente, burdo y primario, basado en el “hablar mal” del otro. En el corto plazo da réditos, pero pronto se advierte que ya no hay programa, ni proyecto, ni direccionalidad alguna. Se dice cualquier cosa con tal de agredir (pues eso no merece la dignidad de llamarse “crítica”), y a la semana hay que decir todo lo contrario. Y luego lo contrario de nuevo, y así siguiendo. No se puede estar contra la vacuna, y a la vez reivindicar un buen uso de la vacuna.
Algunos, desde el progresismo, creyeron que el presidente se había apresurado, y reivindicaron a Ginés y su trayectoria. Un gran sanitarista, al cual se le debe no haber cedido a las presiones de Pfizer para poner bienes del país como seguro en el contrato, así como hace unos años la compra de medicamentos por droga y no por marca. Entre otros logros. Pero en este caso, lo suyo fue indefendible. No fue un hecho de corrupción, en eso no se ganaba ni dinero para sí, ni ventajas políticas: pero fue confundir el Estado con un espacio de favores personales, en un área hoy muy sensible. Fernández no tuvo otra opción que despedirlo, no sin reconocer desde México -días después- sus cualidades profesionales.
La tv hizo el ruido que pudo: el presidente les respondió vigorosamente desde la conferencia matinal del presidente mexicano. Pero aún no comenzaba la segunda parte de la cuestión: cuando se supo que Rodríguez Larreta ha puesto en manos de obras sociales y de prepagas buena parte de la vacunación. Dejó afuera hasta al PAMI, al cual ha tenido ahora que invitar tardíamente. Y hay sospechas de que se vacunaba en un local partidario. Tanto ha sido ahora que se dio vuelta la dirección de las denuncias y ellas salpican a la oposición política, que Macri salió a defender a Larreta, y Santilli habló curiosamente de “no politizar la campaña de vacunación”, justo de no hacer aquello que sus colegas de partido y coalición hicieron a destajo unos días antes.
Ni hablar de la cuestión en Jujuy, donde además de la privatización hacia instituciones no estatales, las vacunaciones de privilegio parece que han sido abundantes. Hay acciones judiciales en curso tanto en la CABA como en Jujuy (así como las tiene Ginés), que han incluido visitas -por ejemplo al denunciado como local partidario en la CABA- para comprobar en directo y recopilar documentación.
La fiesta política de la denuncia se agotó. Es que la población está mayoritariamente en otra. En inscribirse para vacunarse: esa es la prioridad, para aquellos que pueden según su sector de edad, o de pertenencia a segmento estratégico. Y los que no pueden o no podemos, nos alegramos o entristecemos acorde a que puedan vacunarse los seres queridos. Esa es la expectativa, eso es lo que ha empezado a concretarse en Mendoza para los mayores de 70 años, que se vienen vacunando desde comienzos de marzo.
Y eso es lo que importa: la situación de vida o muerte en que la pandemia nos ha puesto, hace que la población piense en lo lógico: salvar su salud, salvar la de aquellos a quienes queremos. Lo demás, es lo de menos. Han decepcionado nuestra expectativa quienes se vacunaron por la ventanilla especial, cuando no les tocaba: caso diferente al del personal de salud o el de la gestión política en general, que es evidente que deben inmunizarse. Es que nadie quiere el privilegio. Pero tampoco importan los que quieren sacar provecho político del asunto: la población hace lo esperable. Se cuida a sí misma. Y nada hay por encima de ese cuidado y de ese foco de la atención.

Columnista invitado
Roberto Follari
Doctor y Licenciado en Psicología por la Universidad Nacional de San Luis. Profesor titular jubilado de Epistemología de las Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Cuyo, Facultad Ciencias Políticas y Sociales). Ha sido asesor de UNICEF y de la CONEAU (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria). Ganador del Premio Nacional sobre Derechos Humanos y Universidad otorgado por el Servicio Universitario Mundial. Ha recibido la distinción Juana Azurduy del Senado de la Nación (año 2017) y el Doctorado Honoris Causa del CELEI (Chile, año 2020). Ha sido director de la Maestría en Docencia Universitaria de la Universidad de la Patagonia y de la Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Cuyo; y es miembro del Comité Académico de diversos posgrados. Ha sido miembro de las comisiones evaluadoras de CONICET. Ha sido profesor invitado de posgrado en la mayoría de las universidades argentinas, además de otras de Ecuador, Chile, Uruguay, Venezuela, México y España. Autor de 15 libros publicados en diversos países, y de unos 150 artículos en revistas especializadas en Filosofía, Educación y Ciencias Sociales. Ha sido traducido al alemán, el inglés, el italiano, el idioma gallego y el portugués. Uno de sus principales libros se denomina “Teorías Débiles”, y ha sido editado por Homo Sapiens (Rosario, Argentina). En la misma editorial ha publicado posteriormente “La selva académica (los silenciados laberintos de los intelectuales en la universidad)” y “La alternativa neopopulista (el reto latinoamericano al republicanismo liberal)”.










