(viene de la edición anterior)
Quizás sea necesario hacer memoria y balance de los 12 años y medio de gobiernos kirchneristas, puesto que reportan perfectamente a aquello de “los días más felices fueron y serán peronistas”. Digo por la extraña aparición de un aguerrido ejército de detractores de la lideresa del movimiento nacional quienes, esta vez desde dentro de los anchos márgenes de este conjunto humano, la atacan como nuevo deporte nacional. Lo que antes oficiaba de tarea al modo finamente complotado, orientado al resto de la vida social y política, hoy apunta desde adentro… ¡hacia adentro!
No es casual que todo aquello que conocimos como “albertismo” se halle encolumnado detrás del nuevo espacio interno que reporta a Axel Kicillof, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Quiero dejar en claro que a cualquier militante le cabe la posibilidad de armar su propia tribu, con la que dar la pelea interna en aras de lograr lugares cada vez más expectantes en aras de darle volumen a su proyecto político. Lo que llama la atención es que para lograr tal fin se demonice -de forma hiriente y desangelada- a la principal figura de la oposición, hoy encarcelada por el Poder real.
No voy a entrar en conjeturas respecto del tratamiento que dispensan los medios hegemónicos al bonaerense, al que nunca asocian con nada negativo -más allá de los ataques discursivos que sufre por parte del macrimileísmo, generalmente focalizados en las previas de los tiempos electorales-. Pero llama mucho la atención, puesto que parecería que ciertos sectores del establishment ya han hecho su apuesta a esta suerte de “peronismo blanco”. En ese sentido, hace días nada más que Kicillof homenajeó a Rucci, ícono de la ultraderecha peronista y promotor de la CNU.

Este tema hemos de abordarlo en la edición de mañana de nuestro diario, y oficia de clarificador respecto de los sectores que se galvanizan en torno a lo que se cuece desde la ciudad de La Plata. Sin ir más lejos, que la camarilla de conducción de la CGT -me refiero tanto el triunvirato saliente como el entrante- forme parte de ese espacio, es también una señal que lejos de alegrarnos nos preocupa, a ojos vista del nivel de acuerdismo que los jerarcas han trabado con la ultraderecha. Muy otras serían las cosas si la central sindical se dedicara a defender -en serio- a los trabajadores.
Desde ya, están ante una verdadera prueba de fuego, porque el andamiaje de la legislación laboral de nuestro país, uno de los más completos y profundos del planeta, se halla en dudas tanto por lo que hace Casa Rosada desde el año pasado, como por lo que anunció en el contexto de lo que llaman “la reforma laboral”, que no es otra cosa que consolidar la flexibilización, para mal de los laburantes. El enemigo es muy poderoso y dispone de mil caminos para reducirnos a la condición de esclavos -aunque estemos en el siglo XXI-. Lo que viene será aún más grave, tengámoslo en cuenta.
Quizás sea por ello que muchos, muchísimos que hicieron su agosto de la mano tanto del ex Presidente Néstor Kirchner como de la ex Presidenta Cristina Fernández, hoy sean ariete de intereses trasnacionales articulados desde el Departamento de Estado yanqui. ¿De qué otra forma analizar que apunten contra la compañera que cumple condena en San José 1111, como ya le ocurriera en al menos dos oportunidades, cuando fuera blanco de femimagnicidios? De la noche a la mañana la han puesto en el ojo de la tormenta y hoy es la más mala de la película. Están muy apurados en borrarla del mapa.
Creo que cada vez está más claro, para quien quiera verlo con honestidad intelectual, que un liderazgo no puede fabricarse. Quizás sí un espacio político nuevo, crear una carrera en base a gestión, pero hay variables únicas que coadyuvan en ese sentido. También es dable decir que, mal que les pese a muchos, todo liderazgo quizás termine con la propia finitud del líder o la lideresa de que se trate. Claro que, las más de las veces, la memoria popular guarde por décadas -en los pliegues de su devenir-, el animado recuerdo por quienes verdaderamente se jugaron el pellejo por su pueblo, dando testimonio vital.
(continuará)
Marcelo Sapunar













