(viene de la edición anterior)
Está presa la persona que más seguidores tiene en nuestro país. También quien, paradójicamente, preside la principal organización político electoral opositora al gobierno nacional, me refiero al Partido Justicialista. Sin embargo y quizás como nunca, hay desatada en su contra una suerte de retahila que trata, por todos los medios y de todas las formas posibles, de desagregarle simpatizantes y devotos. Peor aún, entregados a este objetivo no sólo se encuentran la ultraderecha, el Poder concentrado y parte de la embajada yanqui, sino varios que revistan en las filas nacionales y populares.
Hay miles de preguntas que se atropellan por ser formuladas en tanto crecen como un aluvión interior en los advertimos la maniobra que pretende terminar con su liderazgo, como si tal cosa fuera posible. Lo digo porque éstos suelen extenderse sobreviviendo incluso a la persona que cumple con esas características -se sobreponen a la finitud de quien genera tantas adhesiones y pasiones pocas veces vistas- mucho más allá de su propia experiencia vital. Es decir, no les dijeron que resulta casi imposible terminar con un liderazgo y mientras más se intenta, más se logra el efecto contrario.
En la Argentina de la disolución nacional, para la que trabaja con denuedo la ultraderecha brutal y parasitaria que causa estragos, las elecciones presidenciales de 2027 quedan tan lejos como el fin de mes para la amplísima mayoría de nuestro pueblo. Sin embargo hay varios que se están comiendo la cena antes del almuerzo, como reza el dicho popular, apurando armados que lo único que hacen es demostrar su propia fragilidad. Disponen, claro está, de los recursos de algunas provincias -incluida, claro, los de la voluminosa Buenos Aires-.

También se dan a la tarea de pretender jubilar a Cristina los que instrumentan recursos que llegan desde el Poder económico concentrado nacional e internacional -siempre listos para financiar cualquier experiencia que pueda terminar con la reserva política argentina- y, por supuesto, de los dólares frescos que siempre dispone el departamento de estado del gran país del norte. me refiero al que el “Lanata bueno” rebautizara como madre patria, en un juego discursivo que dejaba al reino de España en un segundo y melancólico lugar. Estos y otros están empeñados en darle salida.
Ha sido dicho pero nunca perdamos de vista que la Democracia fue herida de muerte cuando la mafia del Poder Judicial decidió encarcelar a quien queríamos votar millones de personas. Por lo tanto, millones estamos proscriptos junto a ella. Entonces ¿hasta dónde es posible llevar el internismo o la disputa de cargos, cuando además nuestro pueblo navega por debajo de la línea de la pobreza? Es cierto que el carguismo es el único norte de quienes abrazan la causa política para resolver problemas de índole personal, pero cada cosa debería ocupar su lugar.
Tampoco perdamos de vista que el “error” de Axel Kicillof, Gobernador de la provincia de Buenos Aires, quien decidió solito y sólo desdoblar las elecciones en su distrito. Lo hizo contraviniendo las recomendaciones de Cristina -que anclaban en similares del ex Presidente Juan Domingo Perón y además constituye una verdad de Perogrullo- lo que nos hizo perder a nivel nacional. El razonamiento es tan pedestre que abochorna: cuando el enemigo es muuuy poderoso lo que que se debe hacer es unir fuerzas, aunque tal cosa no agradara a los intendentes del conurbano.
Entonces ¿fue un error poner en dudas al liderazgo nacional y popular o fue un ardid que utilizaron algunos para que la ultraderecha, por carambola, ganara las elecciones de medio término? Es muy grave el tema como para soslayarlo. Pero ahora que el macrimileísmo avanza con la flexibilización laboral, ya es tarde para volver a sacar cuentas y formular previsiones. El resultado está a la vista y debemos apechugar. ¿Hasta dónde llega la larga mano de las corporaciones trasnacionales y una parte de la embajada, frente a tantos que terminan moviendo sus cartas como si fueran propias?
(continuará)
Marcelo Sapunar













