“No cuentes qué hay detrás de aquel espejo,
no tendrás poder, ni abogados, ni testigos.
Enciende los candiles que los brujos
piensan en volver a nublarnos el camino.”
Charly García
Lo de siempre, dijo Francisco, y la farmacéutica acompañó el Buen día con una sonrisa, Creo que las siguen fabricando solamente para usted, agregó ella mostrando todos los dientes y estiró su mano con la cajita de cinco hojas de afeitar marca Gillette iguales a las que él usó hace casi seis décadas la primera vez que se afeitó. Cuando Francisco José Agüero tenía 17 años, allá por 1958, el mismo año en que la empresa pionera de productos descartables lanzara al mercado la máquina de afeitar Gillette 195 Adjustable Fatboy, la tipografía de la hoja de afeitar era una fina letra con serif al estilo romano con una flecha que de izquierda a derecha atravesaba toda la palabra; hoy la hoja de afeitar trae el mismo nombre pero en una fuente de palo seco inclinada con mucho cuerpo y un sutil corte en el punto de la i. Al viejo le gusta más el diseño de antes pero nunca lo dice. Deme también una tira de ranitidina, soltó don Agüero antes que la empleada llegara a la caja para cobrarle. Visita esa misma farmacia una vez por mes desde hace varios años y luego la dietética que en la misma cuadra le vende una bolsa grande de maíz inflado o tutuca, como la pide él. Algún día de la primera semana de cada mes dedica una mañana completa para repetir la misma rutina; pide un taxi a las 8 de la mañana, compra hojas de afeitar en la misma farmacia, maíz inflado en la misma dietética y se sienta en la misma plaza a darle de comer a las palomas. El chico le pesó 400 gramos de tutuca con yapa y el viejo caminó con paso lento hacia la plaza que está a una cuadra y media. Hay una cuadra por lado que bordean de cemento los grandes sectores de césped bien cuidado, caminos hechos de polvo de ladrillo y otro circundante de baldosas de piedra, en el sector noroeste están los juegos; un arco pasamanos de hierro, tres sube y baja que suben y bajan en el mismo soporte, una estructura de caños con cuatro columpios y dos toboganes de metal y madera de alturas diferentes. Alrededor de la zona de recreación, seis bancos de madera esperan día a día a parejas, jubilados y pensadores. Eran las 9 de la mañana del lunes y aún no había jubilados ni niños ni parejas ni pensadores, excepto él. Después de su recorrido habitual por el sector de juegos, se sentó en el mismo banco de todos los meses y desparramó algunos maíces inflados por el suelo esperando que se acercaran las palomas. A don Agüero le gustan las palomas, le dan idea de libertad, refuerza con sus creencias las connotaciones que la biblia ha constituido sobre las palomas en forma de espíritu santo y venera la imagen de una de ellas buscando tierra firme después del diluvio, esa que según los escritos fuera lanzada al aire desde el arca de Noé en donde su dios mandó a matar a todo ser de la tierra decidiendo a dedo salvar parejas de cada especie para perpetuar la existencia y asegurarse un plazo fijo de vidas nuevas para próximas matanzas. Va a misa cada domingo y confiesa muy pocos pecados actuales con la boca temblorosa debajo de su bigote blanco que le cubre el labio superior desde las comisuras. Desde 1975 hasta 1983 fue Oficial Inspector en el Departamento de Informaciones de la Jefatura de Policía de Mendoza conocido por ese entonces como D-2 y era el encargado de tomar declaraciones, por decirlo de una manera elegante, a detenidos y detenidas durante la dictadura, y de seleccionar y transferir prontuarios a otros grupos de tareas. Apenas terminó lo que algunos llamaron Proceso de Reorganización Nacional, pidió el retiro con una indemnización y una caja de pensión que le sirvió para costear pasajes y años de estadía junto a su esposa en España. Volvió a la Argentina después de quedarse viudo y habita un departamento en un primer piso de un edificio en la ciudad de Mendoza. A don Agüero le gustan las palomas, le gusta saludar palmeándole el hombro a su vecino del piso de abajo aunque desea imperiosamente que se mude alguna vez y deje de hacer escándalos por las noches, le gusta la soledad de su hogar y evita las multitudes, le gusta sentarse en el mismo banco de esa plaza una vez por mes y no le gusta cuando la plaza se llena de personas, por eso se sienta a darle de comer a las palomas durante unos veinte minutos y luego pide otro taxi para volver a su hogar, en donde una empleada doméstica cocina, lava, limpia y plancha para él. Le gusta el cine clásico argentino, las carreras de caballo, los programas de la diva de la televisión, le gusta la música de Gardel y se ríe cada tanto mirando las comedias de Olmedo y Porcel en el canal Volver; usa un pañuelo al cuello y en verano unos anteojos Raiban que le ocultan gran parte de la cara sin poder esconderle a veces la intención de la mirada. Gracias, le dijo a la farmacéutica esa mañana, Cada día está usted más linda, y caminó media cuadra hasta la dietética, Así nunca vas a ser rico, le dijo al chico que le pesaba un poco más de 400 gramos de maíz inflado, y el chico sonrió, y luego el viejo caminó con paso lento hacia la plaza que está a una cuadra y media, sacó dos hojitas de afeitar de la caja de Gillette y colocó una en cada uno de los deslizadores de madera de ambos toboganes. La primera semana de cada mes dedica una mañana completa para repetir la misma rutina; pide un taxi a las 8 de la mañana, compra hojas de afeitar en la misma farmacia, maíz inflado en la misma dietética y se sienta en la misma plaza a darle de comer a las palomas. A don Agüero le gustan las palomas.

Columnista invitado
Darío Manfredi
Nació en Mendoza, Argentina, el 29 de diciembre de 1970. Es Diseñador Gráfico Publicitario y Gestor Cultural. Fundó y co-dirigió la revista de rock y difusión cultural, Zero, entre 1999 y 2024. Se ha mantenido activo en el campo de las artes en múltiples -y amateurs- facetas de artista plástico, actor, compositor, realizador de videos y productor de espectáculos. Ha publicado cuentos en suplemento Zapping del Diario UNO entre 1994 y 1997; textos, reseñas y entrevistas en Revista Zero desde 1999 hasta 2024, y relatos cortos en el libro “La ficción en el umbral”, antología de la Dirección General de Escuelas. Desde 1996 hasta 2005 fue integrante del grupo de teatro de humor Plaza Dandy. Participó como actor en cortometrajes. En 2010 grabó su único disco con canciones propias, titulado Plop. En 2016 publicó su primera novela, “Redención (en un pueblo llamado Aspe)”, editada de manera independiente y distribuida en librerías de Mendoza y de Aspe, Alicante, España. Agotada en ambos países. En 2017 publicó en Mendoza el libro de cuentos “Siesta (y otros relatos así de cortos)” con prólogo de Liliana Bodoc, también editado de forma independiente. Actualmente se desempeña como diseñador en la editorial Leo Libros, de libros mendocinos.











