Buenos días desde La Barra Beatles, hoy vamos con la última nota del año 2024. Para eso voy a relatar una historia que dividiré en dos partes. Es que el inicio fue en 1981 y el relato se cerró en 1986.
La primera parte sucedió en la ciudad de La Plata. Si no recuerdo mal era el otoño de 1981 y junto a los pibes del grupo en donde yo tocaba nos presentamos en un teatro platense que se hallaba en pleno centro y frente a una plaza. Se nos decía que era una actitud kamikaze presentarse en esa ciudad solos, sin el apoyo de una banda local. Recuerdo que lo organizaron chicos de un colegio o algo así. Una semana antes nos fuimos hasta allá para repartir volantes y dar el aviso. Eran tiempos en donde para una banda nueva de Buenos Aires salir de la ciudad era muy riesgoso, no se tenía una dimensión de lo que podía pasar, es decir, no había forma de saber si habría suficiente cantidad de público dispuesto a acompañar el evento.
Llegó la noche y nuestro grupo, Canturbe, presentaba su primer álbum en aquella ciudad. Había mucha gente en el teatro, rockeros de una ciudad con historia del palo, chicos y chicas que acompañaban a las bandas nuevas y curiosos que querían saber qué se estaba haciendo en los barrios de Buenos Aires. En un momento le conté al público que el próximo tema que se iba a escuchar le daba título al álbum, pero la censura no lo permitió. La canción se llamaba “El vuelo de los olvidados”, y hablaba de los muertos de la dictadura cívico militar. Conté algunas cosas y cerré diciendo que le dedicaba la canción a los muertos de La Plata. Se escuchó un cerrado aplauso y algunas voces gritaron cosas potentes, dolorosas, con mucho tiempo de prohibición rondando alrededor. Los que teníamos la suerte de llegar al disco estábamos obligados a contar lo que veíamos, a aclarar los tantos y a no esquivar el bulto. Más si nos autopercibíamos como músicos populares.
Una vez terminado el concierto salimos al hall a saludar a los coprotagonistas de aquella quijotada. En un momento se acercó una pareja, el tipo me preguntó si era familiar de una desaparecida de apellido Caracoche, le aclaré que no, que mi apellido era distinto. Se acercaron varios familiares de detenidos y en un momento un pibe muy flaco se paró frente de mí, me dijo que tenía nuestro disco, me dio un beso y me dijo: “gracias… en nombre de los muertos de La Plata…”. Y se fue entre la gente.
En el invierno de 1986 cumplía años un pibe que andaba por los boliches gays de la época. Me invitó, yo lo conocía del barrio, del colegio Herrera, en Villa Crespo. Cuando llegué a su casa de la calle Vera ya estaban todos los invitados e invitadas tomando vino, fumando y comiendo sánguches de miga de La Sala, la confitería del barrio.
En un momento el invitado más conocido se acercó y me saludó con mucha calidez. La música de David Bowie sonaba fuerte, entonces se acercó a mi oreja derecha y me dijo: “¿te acordás cuando presentaron el primer disco en La Plata y le dedicaste un tema a los muertos de ese pueblo?, bueno, el pibe que te dio un beso a la salida fui yo…”. Lo miré desde el alma y con inapelable agradecimiento lo abracé muy fuerte, junté fuerzas emocionadas, para confesarle: “vos sos un grande, Federico”.
Al rato empezaron a sonar temas de Virus y el Bolita, uno de los capos de la barra de Atlanta, me dijo: “mostrale esa versión tuya tanguera de un tema de Virus…”. Tomé la guitarra, arranqué marcando bien el rasgueo en 2 x 4, y canté “Pronta entrega”, enseguida Federico se me pegó y lo cantamos juntos. El vino hizo el resto. Resultó un momento divertidísimo, con un cierre suyo genial exclamando: “y, tenías que hacer una versión tanguera”.
Al rato llegó una tanda de pizzas de la Nápoles, la sucursal del cielo en nuestro barrio en plena avenida Corrientes. Una chica teñida de un colorado salvaje abrió la polémica tratando de interpretar la letra. La mayoría se inclinó por decir que estaba más que claro que se hablaba de un romance, de alguien que conmovía al autor y producía una excitación particular. Mantuve silencio, es que tenía otra opinión. Es más que curioso escuchar a la gente teorizar acerca de lo que interpreta de una letra, sobre el mensaje que cree recibir. El Tarta, otro de la barra de Atlanta, me preguntó qué interpretaba de esa letra. Hice fondo blanco absorbiendo las certezas de un vino sabroso y conté: “para mí habla del faso, el elemento que comunica a esas dos personas…”. Federico largó una carcajada, se recostó sobre el sofá, mientras unía y separaba los dedos índice y pulgar de su mano derecha, como aquel hermoso gesto del Chavo del 8. Federico es el autor de esa letra, un escorpiano de Berisso.
La brazuca Mary fue hacia el equipo de música portando el disco “Huevos”, de Zas. Subió el volumen y estalló “Un poco de satisfacción”, un temazo ya transformado en un clásico por esos días. Nadie se quedó sentado. Un coro con tanto entusiasmo como afinación cantaba “si te hago el favor, es para verte reaccionar, cuando pierdas el temor, algo nuevo encontrarás…”, música brillante para tiempos dorados.
El Bolita se paró arriba del sofá y arengaba como trepado al paravalanchas de la cancha de Atlanta: “nena, dame, dame un poco más… un poco de satisfacción…”, y todos repetíamos como en un mantra marihuanero. La belleza estaba ahí, subía por nosotros, se metía entre las ropas, cantaba, bailaba, el humo le complicaba las cosas a las luces y todos estábamos un poco más cerca de la felicidad.
“Recordando tu expresión, vuelvo a desear…”, qué impecable comienzo para una letra. “Sofocado por el sueño y la presión, busco un cuerpo para amar…”, qué hermosa y flashera sensación.
Bienaventurados los sofocados por la calentura porque de ellos será el reino de los cielos.
Alguna vez me voy a despertar en un país donde no hayas tibios, ni racionales, ni esquemáticos, ni lógicos, ni dogmáticos.
“Me puedo estimular, con música y alcohol, pero me excito más, cuando es con vos, siento todo ideal…”.
Qué flor de banda Virus, loco, claro que un grupo capitaneado por alguien como Federico Moura está destinado al éxito. En este tema siempre me gustó, y mucho, la línea del bajo, que es quien se carga el tema. Enorme trabajo del preciso Enrique Mugetti. El tipo se monta sobre un montón de corcheas, por momentos dibuja y vuelve a la base, haciendo que el tema camine todo el tiempo.
Otro detalle para marcar es el solo de guitarra, lo realiza Julio Moura, el otro autor de la canción, un violero justo para el clima de la banda. Cortito y al pie. Con un sonido bien ochentoso y agradable, melodioso y rítmico a la vez, que despega, desarrolla y cierra en 8 compases, algo muy complejo. En ese terreno el campeón era George Harrison, e hizo escuela, pero no es nada sencillo bancarse la parada.
Federico fue también un militante, estuvo en la corriente político filosófica fundada por Mario Rodríguez Cobos, más conocido como Silo. Fue el origen de lo que se conoce como el Movimiento Humanista. Allí estaba su hermano Jorge, quien al poco tiempo decidió pasarse a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo. En 1977 Jorge fue secuestrado por el terrorismo de Estado, ese mismo que anda hoy rondando la Casa Rosada. Desde aquellos días Jorge Moura continúa desaparecido.
Por esta razón Virus se negó a tocar en aquel vergonzoso festival ¿de la Paz? en plena Guerra de Malvinas. Un festival organizado por una banda de atorrantes que ven los billetes y llegan al orgasmo de inmediato. Arrastraron a algunos músicos ingenuos, y otros no tanto, a ponerle fondo musical a una época repugnante.
Hay gente que dice que grupos de homosexuales hicieron tal cosa, o tal otra, pero nadie tituló que un grupo de heterosexuales se reunió para beneficiar a la Dictadura Militar. ¡Aguanten Los Putos, carajo!!!!!!
Columnista invitado
Jorge Garacotche
Nacido en Buenos Aires. Músico, cantante, compositor, fundador del grupo de rock urbano Canturbe, con varios discos publicados con esta banda y también con La caja, un grupo de pop rock de los ’90. Canturbe fue el primer grupo de rock en grabar un tango, “Soledad”, de Gardel y Le Pera. En sus discos grabaron como invitados músicos/as de la talla de: Charly García, Litto Nebbia, Rubén Rada, Walter Malosetti, Liliana Herrero, entre otros. Es presidente de AMIBA (Asociación de Músicas/os Independientes de Buenos Aires.


