En pocos días se cumplirá un mes de la guerra iniciada por Washington y Tel Aviv para destruir o debilitar a la República Islámica de Irán y a los grupos proxis agrupados en lo que se conoce como el Eje de la Resistencia. Los bombardeos cruzados pronostican cinco escenarios posibles de índole bélico y varias externalidades y consecuencias geopolíticas a nivel global. Los escenarios más probables son: (a) Un alto el fuego con salida negociada que no implicaría ni rendición ni derrota, para las autoridades persas, pero que incluiría el desmantelamiento de sus alianzas en el Líbano, Yemen, Siria e Irak. (b) Capitulación negociada con injerencia directa sobre las autoridades de Teherán. (c) Guerra de desgaste prolongada, acompañada de incursiones terrestres limitadas, con objetivo prioritario en la Isla de Kharg, donde se ubica la terminal de exportación de crudo más importante de la República Islámica, aquella que concentra los despachos hacia el sudeste asiático. (d) Colapso del sistema político de la República Islámica e injerencismo político directo de Estados Unidos y de las monarquías del Golfo en su configuración institucional futura.
Las perspectivas para Estados Unidos se vinculan con las consecuencias energéticas, las disputas políticas al interior del colectivo MAGA, las discrepancias estratégicas con Bibi Netanyahu, la falta de apoyo de la sociedad civil estadounidense a la guerra, la crisis de la OTAN, la desconfianza creciente en la capacidad de Trump para liderar Occidente y la muy probable derrota de los Republicanos en las elecciones de medio término, de noviembre próximo. La incursión militar de Washington y Tel Aviv incrementó el precio internacional de la energía y eso se vio reflejado en el aumento del galón de gasolina en Estados Unidos, que subió en promedio un 30 por ciento desde el 28 de febrero, situación que acrecentó el malestar contra el magnate devenido en presidente. Para impedir que el precio siga subiendo, se levantaron las sanciones que pesaban contra la Federación Rusa, circunstancia que volvió a enfurecer a Ucrania y a la Unión Europea.
Según el Departamento de Comercio estadounidense, el crecimiento del último trimestre de 2025 fue de 0,7 por ciento, la mitad del 1,4 pronosticado. La deuda de Washington alcanzará los 40 billones de dólares antes de que concluya el 2026, una suma que requiere el desembolso de un billón de dólares anuales, solo de intereses. Esos guarismos son considerados un riesgo permanente de volatilidad económica y financiera, no solo para el norte de América sino para todo el mundo. Donald Trump insiste en bajar las tasas de interés para bajar el peso de la deuda. Sin embargo, busca endeudarse aún más para solventar una guerra que genera presiones inflacionarias.
La guerra en Cercano Oriente se ha constituido en la más impopular de la historia de las últimas siete décadas. Washington ha participado en 36 guerras colectivas, ha llevado a cabo 469 intervenciones militares, pero solo ha declarado formalmente la guerra, con aval del Congreso, en cinco oportunidades, tal cual lo exige su Constitución. En términos temporales, ha transitado 229 de sus 249 años de existencia, atravesado por la guerra, es decir, el 92 por ciento de su historia. Una reciente encuesta nacional de Reuters-Ipsos señala que el 43 por ciento de sus ciudadanos desaprueban el ataque a Irán mientras que el 29 lo validan.
Trump está empantanado entre las presiones aislacionistas de su núcleo duro, que responde al programa MAGA, y su repetida tendencia a intimidarse cuando algunos de sus oponentes deciden enfrentarlo. El epílogo de las sanciones contra la República Popular China, de mediados de 2025, concluyó con la etiqueta de TACO, Trump Always Chickens Out (Trump siempre se acobarda), una caracterización que lo dejó expuesto como un sujeto jactancioso que, en última instancia, siempre termina amedrentándose. Ese sambenito lo amenaza nuevamente al haber quedado enredado en los objetivos maximalistas de Bibi Netanyahu que pretende seguir bombardeando hasta que se produzca una desestructuración del sistema político persa.
Para presionar a Trump, Israel atacó en la última semana el yacimiento South Pars, la mayor reserva de gas natural del mundo, que Irán comparte con Qatar. Dicho depósito contiene suficiente gas como para abastecer las necesidades mundiales durante 13 años. La respuesta de Teherán consistió en un ataque a las principales instalaciones energéticas de sus vecinos del Golfo. Las amenazas de Trump de “volar por los aires South Pars” si la República Islámica no cesaba con sus ataques contra sus vecinos del Golfo. Los bombarderos de Tel Aviv lograron el doble cometido de incrementar la escalada y de enredar aún más a Trump, que terminó sorprendiéndose con la renuncia de Joe Kent, el jefe de la agencia antiterrorista y segundo de la Dirección de Inteligencia. En su carta pública de dimisión, el supremacista y aislacionista Kent consideró que “no existía ninguna amenaza inminente para el país de parte de Irán” y que los ataques de su país habían sido el resultado de las presiones de los grupos de influencia de Netanyahu, que habían engañado al presidente para apartarlo del principio rector de MAGA. Según el editor de la plataforma republicana UnHerd, Sohrab Ahmari, el involucramiento en la guerra con Irán podría “marcar el fin del trumpismo como proyecto”, dada la enorme incongruencia con los deseos de su base electoral.
El fastidio de Trump, que se expresa en términos de galimatías y contradicción permanente, no solo se vincula a la discordancia con los objetivos de Israel. También se relaciona con el doble propósito de ahogar energéticamente a China y apoderarse de las reservas energéticas de diferentes países. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, ese país cuenta con 46,4 mil millones de barriles de petróleo de reservas probadas, el octavo lugar a nivel global. Consume 20,5 millones de barriles diarios y produce 14 millones, es decir, que importa el 30 por ciento de los que consume. Canadá es su mayor proveedor con el 60 por ciento de sus importaciones. México ocupa el segundo lugar con el 7 por ciento, Arabia Saudita el 5, Irak el 4, otros países de la OPEP el 8, y el resto no OPEP un 16 por ciento. Las reservas más grandes del mundo están en Venezuela (300 mil millones de barriles), en Arabia Saudita (más de 260 mil millones), e Irán con 200 mil millones de barriles. Controlar dichas reservas le permitirá a Trump ahogar a China y garantizar su ansiado control imperial.
Toda guerra tiene una dimensión económica importante. A veces central. Debe ser por ese fundamento que el Pentágono está llevando a cabo un reclutamiento en Wall Street para crear una “Unidad de Defensa Económica”. Otra evidencia de que la guerra es híbrida, y total, contra el resto de la humanidad.

Pagina12.com.ar
22 de marzo de 2026

Columnista invitado
Jorge Elbaum
Sociólogo, Profesor de Sociología, Dr. en Ciencias Económicas. Periodista. Profesor Emérito de la Universidad Nacional de La Matanza. Exembajador extraordinario y plenipotenciario, Ministerio de Relaciones Exteriores. Ex director de la Escuela de Defensa Nacional, EDENA, (Ministerio de Defensa). Ex Director Nacional del PROGRESAR. Fue presidente del Llamamiento Argentino Judío e integra, en la actualidad, su Comisión Directiva. Sus últimos libros son: “Del atlantismo al polo euroasiático. El conflicto en Ucrania como anuncio de una nueva configuración global” (2024); “La OTAN contra el mundo. El conflicto en Ucrania como expresión del cambio de época” (2023); “Imperialismo pandémico. América Latina en la nueva configuración geopolítica” (2022); y “Efecto Nisman. Los usos políticos de una muerte” (2019).













