
(viene de la edición anterior)
Juan Arriaga llegó al departamento, se arrellanó en la poltrona de Isabel Pereira y decidió -por enésima vez- que sería oportuno reflexionar sobre todo lo que le había sucedido desde la muerte de su amiga. Pero apenas emprendió esta noble tarea, cayó en un sueño tan denso que ni se dio cuenta en qué momento se quedaba dormido; veía al gato de su ex vecina que entraba por la ventana, con expresión furibunda y ojos llameantes, y se sentaba a sus pies. Observó al felino con curiosidad, tenía el pelaje dorado en un primer momento, después se iba volviendo castaño y paulatinamente se iba encaneciendo. Sus ojos se redondeaban y se volvían color celeste. Juan se dio cuenta de que era la cara de Paco, que le sonreía desde allí abajo, y cuando se inclinaba para verlo más de cerca, el ex gato le decía con su voz melodiosa e irónica, ¿tomamos absenta?
Se despertó cuando se cayó al suelo y quedó desmadejado a los pies de la mesita ratona. Mientras se preguntaba cómo habría hecho para caerse desde una poltrona, fue a la habitación, se desvistió y se dispuso a tomar una ducha. Cuando salió del baño ya sabía lo que iba a hacer y a quién le iba a plantear lo absurdo de su situación: Rubí Morales.
Rubí estaba sentada en la misma sala de la primera entrevista, pero esta vez se había sacado los tacos y se arrellanaba en un sofá, fumando con una boquilla de nácar y acariciando a un gato. Juan Arriaga pensó en Gloria Swanson en Sunset Boulevard, pero Rubí era joven y sus formas prósperas se apretaban en un vestido escotado. Cuando se acercó para saludarla, se dio cuenta que el gato que la mujer acariciaba no era otro que la desdichada mascota de Isabel Pereira.
-¿Este no es el gato…?-.
-¿El gato de Isabel? Claro, ¿no es un encanto? Imagino que no habrás creído esa historia de que lo revoleó por el balcón y salió volando, ¿no? Isabel era muchas cosas, podía deshacerse de una persona, pero nunca le hubiera hecho daño a un animal.
Juan Arriaga sintió que le subía un rubor incendiario desde el estómago, pero no por la verdad sobre el gato volador, sino porque Rubí lo había tuteado. Esa mujer extraordinaria le provocaba una suerte de azoramiento, como si se encontrara ante una divinidad misteriosa que bajara de su altar y se dignase a hablarle.
-Me parecía raro que Isabel…- alcanzó a balbucear, cuando Rubí se levantó del sofá y el gato saltó de su falda hasta una de las poltronas de terciopelo. La mujer apoyó la boquilla en un cenicero, se dirigió a un bargueño repleto de botellones de cristal y sin preguntarle sirvió dos generosos vasos de whisky. Les puso hielo y mezclándolos con movimientos circulares de sus manos de dedos largos y cuidados, le dio uno. Volvió a arrellanarse sobre el sofá y bebió un trago generoso.
Fijando en él dos ojos enmarcados por un maquillaje digno de una faraona egipcia, le dijo -Ya sé que estuviste con Paco. Ay este Paquín, con sus números de prestidigitación. ¿también caíste en sus alucinaciones? Es terrible Paquín, pero tan querido-.
-Entonces, todo lo que vi…-.
-¿Creíste que se había terminado el mundo? A veces lo deseamos, es cierto. Pero no se va a terminar mientras vos y Paco estén tirados en su bulín tomando absenta. Además Paco es un pacifista, un alma límpida, no tenés de qué preocuparte. Le gusta aturullar a los nuevos con sus trucos mágicos, nada más-.
Juan se sintió totalmente estúpido, y se le debe haber notado, porque Rubí sonrió con su boca perfectamente barnizada de rojo, y le dijo con un levísimo dejo de dulzura: -Imagino que debés estar muy desorientado con tantas cosas y personas nuevas. Sin embargo, todo es más sencillo de lo que parece-.
-Todos me dicen lo mismo, pero no me parece para nada sencillo Rubí, disculpe mi sinceridad-.
-Decime de vos por favor-.
-Bueno, gracias Rubí. Pero desde que empecé a conocer a las personas que menciona Isabel en su testamento, me pasan cosas rarísimas, me citan en lugares extraños, de noche, me ponen en situaciones que no alcanzo a entender si son reales o estoy soñando, no sé. Nadie me dice claramente quién es ni lo que hace, o a qué apuntan todas estas entrevistas y acciones misteriosas. Estoy cada vez más desorientado.
-Nada que ver con el colegio, la directora, la supervisora, las psicopedagogas y el sujeto y predicado, ¿no?-.
-Por supuesto que no…-.
-Perdoname, no quise ofenderte- y diciendo estas palabras Rubí se levantó y se sirvió otro vaso de whisky. Al moverse, su densa cabellera castaña la acompañaba con algunos segundos de retardo, de manera que dibujaba un movimiento sensual sobre sus hombros potentes y blancos. -Sé lo que es enseñar, fui maestra-.
-¿Maestra?- Juan Arriaga abrió los ojos y Rubí le sacó el vaso vacío de la mano. Lo llenó y cuando se lo volvía a tender le dijo:
-No parece, ¿cierto? Bueno, no siempre fui así. Podría contarte una historia romántica sobre un hombre mayor, multimillonario, que se enamoró de mí cuando yo enseñaba en una escuelita urbano marginal, y nos casamos. Desgraciadamente, al tiempo él murió y yo heredé su inmensa fortuna y aquí estoy, pensando en las injusticias de la vida mientras tomo whisky y fumo. Pero no es tan dulce ni tan novelesca mi historia. Tal vez sea mejor así, el romanticismo me da arcadas. No, mi estimado Juan Arriaga, la realidad no es una telenovela, es mucho más interesante y menos estúpida-.
Rubí caminaba por la sala, decorada ricamente pero con estro. Se detenía a mirar sus propios cuadros, con el vaso en la mano y la cabellera ondulante sobre los hombros grandes, redondos, aterciopelados. -Es cierto que era maestra, pero también era prostituta, y en ocasiones dealer. Me relacioné con el mundo del tráfico, me hice amante del capo en la región. Lo llamaban Vinchuca, era un personaje. Con él gané mucho dinero, mucho, y pude viajar y conocer, y leer. Leer es la perdición de la criminalidad, se abren dimensiones desconocidas, te dan ganas de seguir viajando, pero en tu cabeza; empieza a molestarte la vulgaridad y ya no tenés ganas de pasarte las noches en los antros, con gente ordinaria y sucia. La cuestión fue que un día al Vinchuca lo hicieron boleta, los de Chile querían el mercado del oeste argentino. Así son las cosas. Yo aproveché el revuelo para borrarme, ya había acumulado mucho dinero, y el Vinchuca me había enseñado cómo invertirlo.
Se volvió y con el vaso en la mano miró a los ojos a Juan Arriaga, que estaba hipnotizado no sólo por lo que estaba escuchando, sino por la figura casi lasciva de Rubí, que ondulaba ante sus ojos como una sirena embrujada.
-¿Decepcionado? resultó que la señora rica era una ex prostituta y narco. Y bueno, así son las cosas Juan-.
Juan Arriaga se obligó a despertarse de su ensoñación y sin poder levantarse de la poltrona y con el vaso en la mano respondió medio tartamudeando: -No, no, faltaba más, ninguna decepción. Yo no soy prejuicioso Rubí-.
Rubí sonrió y esta vez su sonrisa parecía más feliz, más sincera, o menos irónica al menos. -Bueno, tal vez quieras hacer alguna inversión con todo ese dinero que te dejó Isabel. No lo vas a tener en el banco para darles de comer a los usureros, ¿no?
(continuará)
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Columnista invitado
Daniel Fermani
Profesor de Enseñanza Media y Superior en Letras y Licenciado en Lengua y Literatura Españolas, diplomado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza. Ha llevado adelante una profunda investigación en el campo del arte, trabajando el concepto del tiempo, la experimentación con la escritura en teatro, novela y poesía. Ha indagado en las raíces de la Posmodernidad en busca de nuevas técnicas actorales y dancísticas y sus consecuencias en la dramaturgia y en el trabajo teatral. Publicó cuatro novelas, dos de ellas en España y Argentina; cuatro libros de poesía; y tres volúmenes de obras teatrales. Desde 1999 dirige la compañía de Teatro Experimental Los Toritos, fundada en Italia y que prosigue sus actividades tanto en su sede de Roma como en Mendoza, y con la cual lleva a delante su trabajo sobre técnicas de teatro experimental. Ha ganado dos veces el Gran Premio Literario Vendimia de Dramaturgia; el Premio Escenario por su trabajo en las Letras; la distinción del Instituto Sanmartiniano por su trabajo a favor de la cultura, y una de sus obras de teatro fue declarada de interés parlamentario nacional al cumplirse los 30 años del golpe de Estado de 1976. Fue destacado por el Honorable Senado de la Nación por su aporte a las letras y la cultura argentinas. Ha sido Jurado nacional para el Instituto Nacional del Teatro (INT).













