“El vacío es soledad, la soledad es limpieza,
la limpieza es santidad y dios está tan vacío como yo.”
Billy Corgan (The Smashing Pumpkins)
Ella era la perfecta señorita desde que nació, la perfecta señorita, como en el cuento de Patricia Highsmith; de niña sonreía a los vecinos y dormía en los horarios que su padre disponía, se dejaba llevar a misa todos los domingos y fue bautizada, comulgada y confirmada, cuidaba de su higiene y no miraba los programas que sí podían ver los mayores, aprendió a leer y a escribir antes de comenzar primer grado en el colegio Compañía de María. Ella supo desde pequeña cómo se dobla una camisa y cómo un pantalón, cómo se plancha la raya del traje y cómo el delantal que su padre usaba para trabajar, cómo atender a su hermano menor y cómo preparar la papilla que él comía, cómo cocinar los huevos fritos sin que se rompieran y cómo limpiar la casa de punta a punta. Ella supo acompañar a su madre ayudándole en los quehaceres de la casa cuando su hermano y su padre iban a ver fútbol o salían a pescar. Ella era la perfecta adolescente, jamás fue del grupo de las populares en el colegio y aprobó todas las materias con notas sobresalientes, cursó los cinco años del secundario sin fumar en el baño con sus compañeras ni recibir un solo llamado de atención, recibió el título de Técnico en Farmacia y Laboratorio, así en masculino estaba escrito en su diploma, ella se recibió de Técnico con el mejor promedio de la escuela. Ella nunca contradijo a su padre ni a su madre, ni siquiera las veces en que su padre se enojaba y ella estaba segura que no tenía razón ni derecho de maltratar a su madre frente a ella y a su hermano. Ella se inscribió en la Universidad Maza para estudiar Farmacia y en las mañanas hacía las veces de secretaria administrativa en el consultorio de su padre, ella sabía muy bien qué hacía su padre con Natalia, la paciente que lo visitaba cada semana, pero no sabía si era mejor quedarse callada o hablar del tema con su madre, ella optó por la primera opción. Ella era la joven perfecta, por eso ella en las mañanas hacía las veces de secretaria administrativa en el consultorio de su padre, para poder justificar la cuota en la universidad. Ella aprobó todas las materias del primer año con notas excelentes; Química General, Matemática, Biología, Química Orgánica, Física I, Anatomía, Informática y Portugués. Ella hizo lo mismo con el segundo año y con el tercero también. Ella lloró el día en que a su padre le diagnosticaron cáncer pero no pudo llorar el día de su muerte. Ella abrazó a su madre ese día, ambas paradas al lado del cajón, y sintió que en ese momento su madre empezaba a manifestar los primeros síntomas de libertad emocional. Ella conoció a Gerardo en la universidad y compartió con él tardes de estudio y grupos de trabajos prácticos, ella se enamoró de los buenos modales que Gerardo tenía durante los primeros años de facultad. Ella dejó de ver a sus amigas cuando Gerardo le aconsejó y le advirtió sobre algunas conductas que no encajaban en el concepto de moralidad que él tenía. Ella era la novia perfecta; cumplía con los regalos y la cena especial en el número del calendario que ambos habían decidido como cumplemes, recibía a Gerardo dos veces en las noches de días de semana y salía con él todos los sábados, al cine, a pasear, a cenar o simplemente a pasar la noche en su departamento, mantenía su figura según las recomendaciones de él y cuidaba también su vestuario y el largo de las faldas, sabía cómo sonreír a los amigos de su novio, sin demasiado entusiasmo pero con cordialidad, como él le había enseñado. También, por recomendación de Gerardo, ella supo cuándo abandonar la carrera para poder ocuparse de las cosas que una mujer debe ocuparse, pues él le había propuesto matrimonio y era una oportunidad que ninguna mujer debía dejar pasar. Ella fue la esposa perfecta hasta la noche en que empezó a llorar para siempre. Esa misma noche su madre le recomendó por teléfono que no repitiera su historia. Ella lloró durante ocho meses completos hasta que se animó a pedir el divorcio. Ella volvió a la casa de su madre hasta que consiguió trabajo en la farmacia que está a media cuadra de la dietética en donde trabaja su hermano menor. Su hermano intercedió por ella con el dueño de la farmacia para que ella tuviera un trabajo digno. Atiende a todos los clientes y a todas las clientas con una sonrisa, Soy Técnica en Farmacia y Laboratorio y cursé hasta cuarto año de Farmacia en la universidad, le dijo el primer día al dueño de la farmacia, y lo dijo en femenino, Técnica en Farmacia y Laboratorio. Ella es la perfecta empleada, sonríe a todos los clientes y a todas las clientas sin medir el entusiasmo de la sonrisa, inclusive le sonríe al viejo baboso que le compra hojas de afeitar una vez al mes. Ella no va a misa los domingos, pero le gusta visitar la iglesia que está frente a la plaza que está a dos cuadras de su trabajo. Visita la iglesia una vez por semana, en las siestas de los jueves, después de la una del mediodía cuando cierra la persiana de la farmacia. Visita la iglesia y se arrodilla en el confesionario, habla a través de la celosía, con sus rodillas en el reclinatorio y con la voz firme, ella lleva su mano derecha hasta su entrepierna por debajo de la falda que usa sin límites ni cánones de medidas de largo, ella pasea los dedos de su mano por los labios de su vulva sin dejar de hablarle al cura e inventarse todo tipo de historias, ella juega con su clítoris e introduce un dedo, dos dedos, mientras también juega con su respiración, ella habla hasta que siente la agitación del cura, entonces ella se para, se acomoda la ropa y camina sonriendo hasta su casa. Ella pide comida hecha y se sienta a comer hasta que se siente totalmente satisfecha. Luego duerme la siesta hasta la hora que se la da la gana, porque los jueves en la tarde no trabaja. Los jueves son sus días perfectos.

Columnista invitado
Darío Manfredi
Nació en Mendoza, Argentina, el 29 de diciembre de 1970. Es Diseñador Gráfico Publicitario y Gestor Cultural. Fundó y co-dirigió la revista de rock y difusión cultural, Zero, entre 1999 y 2024. Se ha mantenido activo en el campo de las artes en múltiples -y amateurs- facetas de artista plástico, actor, compositor, realizador de videos y productor de espectáculos. Ha publicado cuentos en suplemento Zapping del Diario UNO entre 1994 y 1997; textos, reseñas y entrevistas en Revista Zero desde 1999 hasta 2024, y relatos cortos en el libro “La ficción en el umbral”, antología de la Dirección General de Escuelas. Desde 1996 hasta 2005 fue integrante del grupo de teatro de humor Plaza Dandy. Participó como actor en cortometrajes. En 2010 grabó su único disco con canciones propias, titulado Plop. En 2016 publicó su primera novela, “Redención (en un pueblo llamado Aspe)”, editada de manera independiente y distribuida en librerías de Mendoza y de Aspe, Alicante, España. Agotada en ambos países. En 2017 publicó en Mendoza el libro de cuentos “Siesta (y otros relatos así de cortos)” con prólogo de Liliana Bodoc, también editado de forma independiente. Actualmente se desempeña como diseñador en la editorial Leo Libros, de libros mendocinos.













