Era el 11 de marzo de 2017… como de costumbre estaba escribiendo… resulta que la flaca me había llamado preguntándome por la pibita que no había regresado… nunca la vi. ¿Cómo es? Así pregunto por acá… está de negro, con una campera negra… me había kedado re preocupada por su tono de voz al celu.
Tal vez por eso seguí mirando, más bien escuchando la tele… una gurisita que había venido a Las Grutas y no había regresado… un peligro para cualquier madre…
-¿Dónde está mi hijita?-.

Por supuesto, no le dije nada de lo que podría haberle pasado… es la Tomatina de Lamarque, el evento central dentro de la Fiesta Nacional del Tomate y la Producción (que se hace en la localidad de Lamarque en el Valle Medio de Río Negro), tal vez fue para allá… no kería suponer nada, pero hay momentos en que la vida nos pone en esas situaciones en que todos los temores, más bien horrores muy conocidos asoman otra vez… y si…
Habíamos kedado en que nos encontraríamos para corregir, ya ni recuerdo qué… Tal vez fuese parte del mamotretón de más de dos mil carillas que nunca terminamos de ver…
–Volvió- me dijo.
Obviamente no le había contado sobre la posibilidad de que se hubiera juntado con otros pibes para ir al recital del Indio Solari. Era en Olavarría, una ciudad de la provincia de Buenos Aires que no conozco, pero suponía lo que podría haber sido para esa ciudad que llegara esa multitud…
Como revivir las historias de los malones de los indios, como en esa pintura que está, inmensa, en el museo de bellas artes de la CABA… un malón de indios salvajes que se llevan una rubia joven y bella como si fuese un botín de guerra… todas las historias que se transmiten de madres a hijas en lo que fue un pueblo de la línea de fronteras hace que se ignore la otra historia, la salvajada de la planificación de la llamada “conkista del desierto”, los intereses de los ingleses que le vendieron las armas más modernas a la Argentina, para poder ubicar la ganadería vacuna en la provincia de Buenos Aires y la ovina en la Patagonia, como habíamos estudiado con Chiaramonti, el excelente profe de “historia económica argentina” en la universidad de los años ‘70…
Que había subido el precio internacional de la lana en esa década… y, como preparación para la guerra contra el Paraguay, “la guerra de la triple infamia”, usaron la estrategia militar de avanzar con cuatro líneas de ejército, como lo demostraron los historiados pampeanos, y los cercaron en su última resistencia en las sierras de Lihué Calel. Un lugar que no conozco y al que ya no iré… A ese paisaje áspero, lleno de todos los bicharracos, las serpientes del desierto que deben ser como las del desierto de Arizona de los navajos de Norteamérica… y como la que apareció esa vez en el ranchón como narré en “Caleidoscopio” y que a los escolares sólo les había kedado el tema de la epidemia de piojos.
¿Cuáles serían esas armas? Las más modernas de la época, para quienes usaban las boleadoras, y que iban debajo de la panza de los caballos para que pareciera que eran caballos libres, sin nadie, como me contaban en el pueblo… ¿Remington? ¿Mauser? ¿Colt? Que sé yo de armas, ni la más mínima idea… Lo mío siempre fueron los libros, típico ratón de biblioteca…
Me hubiera gustado ir a un recital de Los Redondos, pero jamás ni siquiera lo pensé. No puedo ir adonde hay multitudes. Supongo que es por la marcha a Ezeiza cuando Perón llegó en el ’73.
Esa sensación era la que sentía de esa marea humana que llegó a Olavarría ese 11 de marzo de 2027… debe ser como en todas las ciudades del “interior”, como dicen los porteños.
Nunca fui. No me hubiera bancado ser la mosca en la sopa… pero estoy segurísima que ese día el indio comenzó a partir… como dicen las abuelas de los pueblos originarios.
No es la onda trágica de que se murió y ya fue. Todo se acabó. Finish. No hay nada que hacer; así es la vida. Te moriste y todo se acabó.
Es otra onda… se va el cuerpo para ser después unas flores que los pajarillos buscarán y llevarán a otro lado para que las abejitas puedan fabricar la miel más dulce… y su espíritu nos hablará en los sueños con esos códigos que solo nosotros conocemos…
Por eso partió. Para regresar. Para volver y ser millones…
El último concierto en vivo de los fundamentalistas del aire acondicionado con el Indio Solari fue el 11 de marzo de 2017 en la colmena de Olavarría, con más de 200.000 personas. El recital quedó marcado como uno de los más convocantes de la historia.
Cuando cantó “todo preso es político”… seguro ahí fue cuando decidieron los chabones que había que hacer mierda a esos pibes que fueron ilusionados con la misa ricotera… de todo el país… todo fríamente planificado y estudiado.
Como en la peli “La batalla de Argel”, con inmensas pantallas señalando con los celus ahora, ¡ya… avancen! Y fue el desbande, el desastre total de esa noche… mientras yo seguía preocupada por esa gurisita que no había regresado…
Después de las horas de tortura psi en la comisaría que describí y publiqué cuando pude estar algo más tranki, no mucho. Al menos pude regresar… Seguí los debates. El intendente, con aire de buen pibe, el viejo rockero que les decía que no se hagan los giles, es todo cuestión de guita. ¿O acaso piensan que en el recital de los Rolling Stones no correrían “las mismas sustancias”?. Cómo se dice ahora, cuando hay palabras tabúes.
El tema es que la seguridad del pueblo cuesta guita. Y ustedes son unos amarretes hijos de puta. Obviamente no eran esos los términos utilizados, sino con ese tono de ustedes, y nosotros sabemos muy bien que se requiere una organización eficiente y guita para saber dónde tienen que estar los médicos y dónde llevar a kienes puedan tener algo de más. Y no sean hache de pe, recontra turros que lo que hicieron fue una masacre de los nuestros. No se hagan los pelotudos. ¿cuántos millones de personas hubo en Río cuando nosotros nos hicimos cargo? Con ese aire de saber perfectamente si fueron un millón setecientos veinticuatro o…
Fue un nunca más. Para el Indio fue un nunca más. Nunca más sentir esa pasión compartida por el pueblo ricotero… nunca más. Y por eso, yo sé que ese día se fue. Para volver y ser millones… millones de nunca más, nunca más…
Y por eso su partida ha sido así, con millones en paz… todos cuidando de todos.
–¿Qué hacés, loco? Y estoy akí, como vos, un abrazo fuerte…- como siempre.

Yo estoy absolutamente segura que fue su derecho a una muerte digna. Sin palabras, todo en orden… los papeles, los médicos, su carta de despedida… para reencontrarse con estos millones de ricoteros en paz… no de duelo, sino con la alegría de saber que todas las canciones se corean con todas las banderas, los pibes con sus hijos y sus abuelos.
Los que kedamos, los que aún estamos, akí y ahora, vivos aún. Millones en paz. Con nosotras, las que lo hicimos posible… las madres, las abuelas cuidando de los hijos y nietos de todos…
El pasado 15 de mayo, el cantante recibió el doctorado honoris causa de la UBA. Al agradecer el reconocimiento, fueron sus últimas palabras en público.


Columnista invitada
Lucía Isabel Briones Costa
“Mi pecado fue terrible: quise llenar de estrellas el corazón de los hombres” decía el poeta… Desde los lejanos años de estudiante del profesorado en Historia en la Universidad Nacional del Sur, dediqué mi vida a la educación. En los tiempos previos a la dictadura de 1976 enseñaba en una vieja aula de la Facultad de Agronomía el bachillerato de adultos, tarea compartida con los compañeros, casi todos presos políticos después en Bahía Blanca. Cuando era rector Remus Tetu se hizo una razzia contra docentes, no docentes y estudiantes, especialmente contra los alumnos de Humanidades, Sociología y Economía. Estaba terminando mi carrera, cursando las últimas materias cuando fui detenida y puesta a disposición del PEN, el Poder Ejecutivo de la Nación, durante tres años y tres meses, hasta diciembre de 1978. Estuve en las cárceles de Villa Floresta, Olmos, Devoto y los tres últimos meses en la U20, la cárcel dentro del Hospital Borda, donde un prolijo tratamiento con drogas psiquiátricas hizo borrar totalmente mi memoria. Así me dejaron en libertad, diciéndole a mi padre: “Su hija es irrecuperable, será un vegetal hasta el día de su muerte. Que Dios les de la Santa Resignación”. Gracias a haber encontrado la ayuda adecuada pude recuperar, poco a poco, la razón perdida. Y me fui a La Pampa, donde fui docente de escuelas primarias y secundarias en la pequeña localidad de 25 de Mayo y en el Terciario de Formación Docente de Catriel, Río Negro. Recién en 1997, pude terminar mi profesorado en la Universidad del Comahue, para cuando mis compañeras de promoción de la Universidad del Sur ya estaban por jubilarse. Luego comencé la maestría en Historia Latinoamericana de los siglos XIX y XX, la cual se interrumpió cuando la Universidad no podía pagar a los docentes, varios doctores en Historia. En ese tiempo de docente rural comencé a escribir narrativa, tarea que continué al jubilarme en el bello mar de Las Grutas, en Río Negro. Seguí escribiendo con la alegría de dar un legado en su educación a mis hijas: la mayor psicóloga y la menor, maestra y profesora de Historia, ambas egresadas también de la Universidad del Comahue.












