La Constitución de 1949, el Revisionismo Histórico Constitucional y el proyecto Nacional
1.Asistimos actualmente a un duro debate en el que confrontan las dos corrientes: quienes desde grandes conglomerados económico-financieros y periodísticos, con sus intelectuales orgánicos inculcan una visión falsa de la historia y de la realidad contemporánea impulsando un clima ideológico proclive al sostén de fuerzas políticas conservadoras; y, por otro lado, quienes impulsan el progreso social. Dos modelos en pugna. Confrontación que existe en distintas zonas del planeta, como en nuestro caso en el contexto regional. En esencia es la disputa sobre la distribución del ingreso, del producto social; o sea, quienes serán los destinatarios del resultado de políticas socio-económicas.
Ciertamente, como señalaba Arturo Jauretche existe una estrecha vinculación entre lo histórico y lo político contemporáneo; y entendemos nosotros que ello también ocurre con el análisis constitucional y el necesario concepto que debe existir sobre la Constitución. Pensar una política nacional, y ejecutarla, requiere conocimiento de la historia “verdadera” que es el objeto del revisionismo histórico, por encima de las discrepancias ideológicas que dentro del panorama general puedan tener los revisionistas. Como escuela historicista el revisionismo expuso su método de investigar y explicar el pasado.
Para la debida interpretación de una Constitución y su valoración, no es posible dejar de lado una veraz mirada a la historia que nos posibilite conocer cuáles fueron las circunstancias y objetivos que llevaron a su sanción. Precisamente, ese tránsito por los caminos de la historia hasta nuestra realidad contemporánea nos permitirá realizar asimismo un “revisionismo histórico constitucional”. Será el análisis histórico en el proceso constitucional, mediante un examen revisionista del pasado nacional lo que permitirá la observación precisa de la Constitución real y la presencia de factores internos y externos que la conforman, que son los que fueron delineando a esas constituciones escritas.

2.Transitar los caminos de la historia hasta la realidad contemporánea en el análisis constitucional fue originariamente método y mérito de Sampay. Lo expuso en la Convención Nacional Constituyente de 1949, donde efectuó una amplia exposición sobre aspectos específicos de la Historia y Doctrina Nacional, Teoría del Estado, como también a exigencias del acervo patrio, que complementó recorriendo con detalle el derecho comparado e historia de otros países.
Una Constitución tiene validez en tanto es adecuada al estado social efectivo de un pueblo. Y en este tema es indispensable afirmar la Justicia que debe contener la Constitución real, atento a las condiciones sociales de producción y cultura y la adecuación de la Constitución escrita a tales condiciones sociales; ello conforma los criterios para valorar a la Constitución real y a la Constitución escrita y, en consecuencia, que esos criterios, asimismo, vienen a servir de ideales para animar a la lucha del pueblo por una Constitución mejor.
3.Expresó José María Rosa, en el prólogo a la “Historia de la Confederación Argentina. Rosas y su época”, de Adolfo Saldías, que “la historia es la conciencia de los pueblos”, y el gran instrumento para quitar la conciencia nacional de los argentinos fue “la falsificación consciente y deliberada de la historia”. También Scalabrini Ortiz nos advirtió que “la conciencia argentina ha sido mantenida en el engaño y los hombres que pudieron hablar, callaron prudentemente. Pero basta presentar el problema en sus líneas primordiales para que la comprensión se ilumine”.
Se ha querido ocultar como se construye una nación, y cómo se dificulta su formación auténtica, para que ignoremos cómo se la conduce, cómo se diseña una política de fines nacionales, una política nacional. Y ello ha ocurrido tanto con la historia, como en lo que se refiere a la Constitución. Así como se ocultaron y falsearon períodos de la historia nacional en el siglo XIX, la Constitución Nacional de 1949 permaneció oculta por un largo período del siglo XX y aún en la actualidad es la gran desconocida. No integra el debate político, y tampoco tiene el lugar que le corresponde en la enseñanza universitaria. Y tampoco integra los antecedentes constitucionales de la Constitución vigente. De tal modo, está ausente en el conocimiento del Pueblo, a pesar de la vigencia que tienen sus principios básicos ylas normas de política económica constitucional que instituyó para superar el condicionamiento socioeconómico, lo que es la cuestión actual que todavía impide el goce pleno de los derechos económicos, sociales y culturales por las grandes mayorías populares. Por ello, lanzamos al ruedo la idea de realizar el esfuerzo de entender el pasado nacional, en el marco del debate de nuestra realidad contemporánea con el revisionismo histórico constitucional, como modelo metodológico. No tenemos temor a debatir e iremos hasta las profundidades del porqué de la Constitución.
4.En el análisis histórico nos encontramos con los aspectos sociales, económicos y culturales, y con esa visión amplia alcanzamos nuestra realidad contemporánea. No se puede desconocer la recíproca interdependencia de todos estos aspectos para comprender las distintas etapas o períodos del devenir del pueblo argentino, pues para lograrlo es necesario siempre un punto de vista integral cuya base es histórica.
Señalaba Sampay que es fácil inferir que la historia nacional es un instrumento de poder de primer orden, ya que, si es veraz en el registro de los hechos y los valores con una concepción política verdadera, sirve a una legítima política nacional; mientras que si es Historia falsificada tanto en la referencia de los acontecimientos como en su valoración con una errada concepción política antinacional, es un instrumento político de opresión y de sometimiento colonial. Por eso, una Historia nacional falseada adrede con el designio de debilitar e inferiorizar, para al fin alienar el ser nacional, a la larga es un medio de dominación. Ello nos proporciona razones principales e imprescindibles para avanzar en la senda vallada hacia la Constitución del siglo XXI.
5.Los pueblos cuando se retratan en una Constitución muestran el pasado en su rostro, y construyen el futuro con la inspiración que reciben del pasado. Y si se ignora nuestro pasado, y el porque nos encontramos en esta situación no se podrá hallar la respuesta a tan grave interrogante. Hoy los pueblos del mundo afrontan el desafío de reafirmar su personalidad y autonomía. Para ello, también debemos acentuar el debate y la participación, y sin sectarismos avanzar en todas las formas de intercambio de ideas, en el plano de la política y la cultura. También se debe profundizar el conocimiento de nuestro proceso histórico que es el que nos ha llevado al momento actual. Como lo señaló en su momento Arturo Jauretche, “lo que se nos ha presentado como Historia es una Política de la Historia”, al servicio de un proyecto de nación inconcluso. Esa política de la historia es sólo un instrumento de los planes más vastos destinados precisamente a impedir que la historia, la historia verdadera, contribuya a la formación de una conciencia histórica nacional que es la base necesaria de toda política de Nación. Ese ocultamiento y falsificación también lo sufrió la Constitución Nacional de 1949, en las cátedras universitarias, en el debate político, por cierto, en los tribunales, y toda esa política de ocultar, esconder, encubrir y proscribir, fue fundamentalmente con el objetivo de impedir que sus principios básicos tengan presencia clara en el conocimiento del Pueblo, y que, de tal modo, fuera una bandera de lucha por un país mejor y más justo.
6.La Constitución de 1949 es clave en el desarrollo constitucional argentino, al incorporar nuevos derechos que superaron el dogma liberal del siglo XIX e instituir nuevas normasde política económica constitucional, que son las que marcan el objetivo de superar el condicionamiento socioeconómico y hacer efectivo el goce de los derechos humanos básicos por las grandes mayorías nacionales. Por ende, la tarea será no marginar la polémica y vamos a “hacer circular la vida por el debate”, como señaló José María Rosa.
Para mantener ocultos sus postulados había que marginar lo que significó en la historia constitucional argentina. Imposibilitar la creación y el desarrollo de un pensamiento constitucional nacional que refleje el proceso historio patrio, porque “una política del desarrollo supone un recíproco desarrollo del pensamiento nacional”. Del pensamiento y la ética nacional, “porque es necesario una moral nacional, que es lo que se llama patriotismo. Ocultar la situación de subdesarrollo e inequidad en la utilización y distribución de la riqueza creada que caracterizan a la economía de un país colonial o semicolonial, conduce necesariamente a que dichos fenómenos se deban encarar e identificar conjuntamente.Así observamos el problema social y el problema nacional, pues, de la necesidad de un pensamiento político nacional y social ha surgido la necesidad del revisionismo histórico. Y de la necesidad de quitar el dañoso velo que permanece sobre la Constitución Nacional de 1949 y sus principios básicos, surge la indispensable actitud de impulsar un revisionismo histórico constitucional. Por cierto, ello proporcionará criterios para cotejarla con el texto constitucional vigente, y será aporte principal para el debate constitucional que el pueblo argentino se merece. Tarea que para ser fructífera requiere difundir y ampliar esta corriente de investigación histórica.
Como expresaba Jauretche, “descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados, pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios y de fines. Toda política que no parta del conocimiento de ellos no puede ser una política nacional, y la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o en contra”. Por tanto, la historia ha sido falsificada para que los argentinos tuviesen una idea irreal del país y de sí mismos. Se logró crear la idea del país como de una cosa abstracta, o de algo ubicado en la estratósfera, ajeno por completo al juego de los intereses sociales y económicos internos, y desde luego a los externos.
7.La Argentina tuvo tres modelos de Constitución, la agroexportadora de mediados del siglo XIX en la faz concurrencial del capitalismo; la etapa Justicialista en la Constitución con el texto de 1949; y la vigente producto del Pacto de Olivos, que surge en la última década del siglo XX en tiempos donde el neoliberalismo se expandió por el mundo y en el cual se escuchaban los dictados del Consenso de Washington; debemos abrir el debate para lograr un cuarto modelo que sea reflejo de las necesidades y aspiraciones del pueblo argentino y en la senda hacia el logro de la Patria Grande en estas tierras de la América del Sur. Elaborar un “revisionismo histórico constitucional”, nos ayudará a lograr ese alto objetivo.
Por eso es que Sampay enseñaba con énfasis que “para saber qué Constitución tiene el país y cuál debe tener”, debemos antes clarificar la idea de Constitución, examinar su esencia y observar su proceso histórico, para verificar causas, transformaciones, alteraciones, revalidaciones y resultados que dejó el texto constitucional que nos rigió desde la sanción inicial hasta la actualidad. Estaremos de tal modo, en condiciones para poder diseñar los nuevos principios constitucionales que requiere nuestra realidad contemporánea, pues la vida, tanto en un individuo como en un pueblo o comunidad nacional es un todo dinámico. La instancia histórica de la cultura va superando y perfeccionando las formas múltiples en que ha cristalizado momentáneamente su movimiento creador.
8.Se hace imposible comprender el presente del país sin entender el pasado y los fenómenos sociales, políticos y económicos que están a la vista; y que de tal modo obligan a buscar otra explicación histórica distinta a la que proporciona la historia oficial. La subsistencia de la historia falsificada fue y es un simple hecho de poder, en la medida que los sectores sociales dominantes -internos y externos-, sostienen férreamente los instrumentos de difusión de pensamiento, de comunicación y de articulación política.
A medida que se logra el conocimiento de la reciprocidad de los términos social y nacional, se hace imposible pensar una política social sin una política nacional. También en el orden ético no hay política nacional sin historia revisada. Y lo mismo sostenemos que ocurre con el tema constitucional, con la Constitución. Su conocimiento, a través del modelo metodológico de un “revisionismo histórico constitucional” es imprescindible para profundizar el análisis de la Constitución, y los objetivos y medios necesarios que la misma debe contener, para lograr institucionalizar al más alto rango normativo el Proyecto Nacional en el País de los Argentinos, acorde a nuestro tiempo, y así tendremos una Nación en sustancia, donde la Justicia Social alcance su máxima expresión y posibilite hacer efectivos y darle permanencia a los derechos humanos básicos, tanto materiales como espirituales, que son necesarios para alcanzar la plena dignidad humana.
9.En esta instancia que se encuentra transitando la Argentina se hace necesario abrir el debate, es necesario definir y proponer las bases esenciales para el nuevo Proyecto Nacional del País de los Argentinos para que oportunamente sea institucionalizado al más alto rango normativo por una futura Asamblea Constituyente con la más amplia participación popular. La invariabilidad de las categorías filosóficas, sociales y constitucionales, es una idea hace mucho sobrepasada. Es necesario levantar las vallas que se colocan al debate constitucional, tanto en cuando a la forma como al contenido para abrirlo y concretarlo en un nuevo texto constitucional. Con la creatividad del pueblo se podrán encontrar los nuevos caminos para lograrlo.
No encarar el debate constitucional implica no afrontar el proceso histórico y no estar en condiciones de adoptar las decisiones contemporáneas que nos lleven a un futuro superior. Pero no será mediante un diálogo falaz y formalista, que no contiene un análisis profundo, y que con eufemismos sólo oculta el rechazo y temor de los sectores dominantes a la democracia plena y a la soberanía nacional. Algunos el debate y el consenso lo proponen para mantener las bases establecidas en una Constitución proclive a posibilitar el neoliberalismo, y de esa forma posibilitar que perduren en sostén de las normas de política económica constitucional que vienen del texto histórico de mediados del siglo XIX. Por ello, es necesario superar tan engañoso proceder, pues de lo contrario se dificultará que logremos diseñar e institucionalizar los fines y medios adecuados para que desde nuestra realidad contemporánea podamos impulsar el país que desean y merecen los argentinos en este siglo XXI. No poner en plano popular el debate; ocultar el porqué de la Constitución, no escuchar las nuevas opiniones y criterios, es como cerrar los ojos a las causas, las finalidades e intereses que la conformaron; o sea, negar y ocultar la historia según la cual llegó a ser Constitución. Es preciso incorporar a nuestra Constitución una nueva arquitectura jurídica institucional que sea reflejo del nuevo constitucionalismo, en cuyos umbrales se encuentra el pensamiento constitucional argentino que diseñó e institucionalizó la Argentina en la Constitución Nacional de 1949.

10.El Pueblo no puede estar marginado. Es inadecuado e injusto, y debe contar con una participación protagónica en la definición de la metodología, procedimientos y contenidos. De tal forma, es necesario que dicho debate sea anterior a su tratamiento formal en el ámbito parlamentario. Sostenemos que es imperioso adoptar respuestas y propuestas concretas sobre la problemática socio-política nacional, y sobre las pautas del Proyecto Nacional. Es realizar la alta política que precisa la Nación.
Todos los conceptos expuestos en los parágrafos precedentes podrían ser ampliados con otras consideraciones, sin embargo, a fin de no darle demasiada extensión a este texto, creo que debe concluir con los que hemos expuesto. Por lo demás, durante el necesario debate que se deberá realizar seguramente tendremos que recurrir a dichos conceptos, que por tanto aguardan esa oportunidad. Así es que hemosde finalizar esta propuesta para avanzar hacia una nueva Ley Suprema, con un pensamiento que poéticamente expresó Sampay, y que patentizan la esencia y designio de una Constitución:
“Le gusta al hombre
Hablar de Tradición y de Gloria.
Luchemos por la Justicia.
Que lo demás es Historia”.

Columnista invitado
Jorge Francisco Cholvis
En sus estudios y enfoques temáticos, Jorge Francisco Cholvis transita la senda de la historia, la economía y la política económica. Con especial atención en el proceso histórico político nacional y su expresión en el plano constitucional. El Proyecto Nacional y la Constitución como futuro del mismo. De tal forma, va recorriendo y desarrollando lo que denomina “Revisionismo Histórico Constitucional”. Después de obtener el título de abogado, es convocado por Arturo E. Sampay, eminente constitucionalista y padre intelectual de la Constitución Nacional de 1949, a ser su adjunto en la cátedra de Derecho Constitucional II Parte, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A., desde el 28 de junio de 1973 al 24 de marzo de 1976. En dicho período cursó los dos años del Doctorado en Derecho Constitucional con el Dr. Arturo E. Sampay. Hasta este año fue Profesor de las materias “Derecho Constitucional y Ciencia Política”, en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa), en las carreras de “Justicia y Derechos Humanos”, y en la de “Ciencia Política”; en la materia “Producción del Ordenamiento Jurídico Latinoamericano”, en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), en el “Ciclo de Complementación Curricular para Profesores de Historia y Ciencia Política”; y continua en la docencia en la cátedra de “Finanzas Públicas y Auditoría Pública”, en la Universidad Nacional del Oeste (UNO); intervino como docente en la Diplomatura “Pensamiento Nacional y Modelo Argentino de Desarrollo”, en la Universidad de San Isidro-Dr. Plácido Marín; y como Formador en “Clases de Formación Doctrinarias” de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET). Es Miembro del Instituto de Historia del Derecho del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal. Miembro del Observatorio de la Deuda Odiosa e Ilegítima de la República Argentina. Presidió el “Instituto Arturo Enrique Sampay” mientras desarrolló actividades. Expositor y publicista, autor de numerosos artículos y libros sobre temas de su especialidad. Entre 2011 y 2012 fue Coordinador de las “Obras Selectas” de Arturo E. Sampay (Editorial Docencia, 18 volúmenes), varios de sus tomos precedidos por las “Palabras Liminares” de Cholvis y la de otros calificados autores que han colaborado en la edición de la misma. Entre las últimas obras de Jorge Francisco Cholvis cabe mencionar: “La Constitución y otros temas (Dilemas del constitucionalismo argentino)”, (El Cid Editor, 4 Tomos, 2013); “Revisionismo Histórico Constitucional. Proyecto Nacional y Constitución” (Ediciones Fabro, 2016); “Los Derechos, la Constitución y el Revisionismo Histórico Constitucional” (2017, Ediciones de la UNLa), “Martín Fierro en el siglo XXI. Y la lucha por un orden social más justo”, (Ediciones Fabro, 2018), “Constitución, endeudamiento y políticas soberanas” (2019, Ediciones Fabro); y “Argentina. Historia y Constitución”, en 2 Tomos (El Cid Editor, 2020). Con varios compañeros impulsó el Libro: “El Campo Popular saluda a la CONSTITUCIÓN NACIONAL de 1949. Actualidad y Vigencia”, Ediciones Nuestra Agenda, editado en diciembre 2022.













