Historias canadienses con raíces argentinas
Lo narrado son fantasías que sucedieron.
Se trata de pinceladas incompletas -pero no falsas- de algo que imaginé.
Cualquier parecido con la realidad podría ser el sueño de otros, reflejado en el mío.
Hace veinte años atrás, conocí a un productor de telenovelas a quien, en principio, confundí con un amigo de la escuela secundaria.
Productor de radio y televisión, llegó hasta el estudio de Correo Radio del Sol con la excusa de acercar un aviso, pedir que se publicara en el diario y ver si podía hacerse un espacio en la radio. En realidad, lo que quería saber era qué había detrás de toda esta historia de un medio de comunicación nuevo en la ciudad. Quiénes eran estas personas.
El ya lo había intentado en diversas oportunidades con éxito dispar.

Hicimos la nota en la radio y luego fuimos a tomar un café, que no fue el único ya que continuamos viéndonos por más de una década hasta que perdí su rastro. Me invitó porque le seguí insistiendo que él no era el que decía ser, porque estaba convencido que era mi amigo de la secundaria. Quizás lo que más le hacia seguir en eso de reafirmar que había una confusión, era que mi amigo vivía en un conventillo en el Barrio de La Boca y él venía de Barrancas de Belgrano, en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires. Para mi era un divertimento ver como se horrorizaba cada vez que insistía en mi historia.
Me sorprendió cuando me invitó a participar de las pruebas en busca de personas que actuaran para una telenovela. Fui porque me insistió con una llamada media hora antes de la cita. Intrigado por su insistencia en mi “physique du rôle” fui hasta una zona de la ciudad donde las casas más baratas cuestan 2 millones y medio mientras las más caras trepan hasta los 45. La reunión para las pruebas en la que se decidiría quien quedaba duraron toda la tarde. Estuvimos en esa casa tipo chalé californiano, en la cima de una loma que mira a uno de los bosques que circundan los pequeños cursos de agua que llegan hasta el Lago Ontario. Es interesante ver cómo han sido preservados, así como su ecosistema ante el arrollador avance de la construcción de la gran ciudad. Hablábamos de esto quienes coincidíamos en la convocatoria tratando de conocernos o reconocernos. Marcábamos las diferencias entre cada una de las ciudades de donde veníamos.
Las casas de ese barrio son fuera del mundo, pero también lo es la naturaleza que rodea a ese selecto barrio. Allí estábamos quienes veníamos de habitar el último mundo, tratando de conseguir una chamba que nos diera la posibilidad de un salario mejor, hacer lo que siempre quisimos o dejar atrás el tener que limpiar oficinas.
Las personas que quedamos seleccionadas nos juntamos regularmente todos los sábados desde la mañana y hasta la noche por mas de seis meses. No se muy bien porqué me quedé, lo que sí se hoy es que trabajar con ese grupo cimentó relaciones duraderas.
Me tocó el rol del padre de la muchacha, en un relato típico de telenovela latinoamericana. Estaba presente la bondad en grado de pureza en algunas personas; la encarnación de la maldad haría temblar de miedo al mismísimo demonio y las mentiras e historias pasadas estaban al orden del día; como así también la riqueza, la pobreza y la iglesia. Filmábamos en el chalé del barrio elegante y también en un consultorio medico.
El productor había logrado conseguir el apoyo de la guionista. La calidad de la filmación estaba asegurada con un experimentado cineasta, equipo de producción, vestuario y maquillaje. En una de las sesiones de filmación, invito a quienes harían la inversión que sustentaban económicamente el trabajo de todo el equipo. Nunca supe cuanto de ese dinero se repartió, ni el tamaño del sobre de cada uno.
Cada vez que pude hablar con quienes participamos escucho quejas y sonrisas, de forma unánime dicen que no recibieron lo pactado, pero coinciden en que, dejando de lado lo económico, hicimos una buena experiencia.
En una escena mi personaje tenia una fuerte discusión con su esposa, interpretada por una famosa actriz argentina, quien cada vez que hablamos me dice “husband”. En esa cena ficcional, el personaje se enteraba de un detalle vital que se le había ocultado. En la siguiente escena caía fulminado por un ataque cardíaco. De ahí en más antes de cada escena pasaba por las manos de la maquilladora, quien me dejaba el rostro cenizo y ojeras, que en esos años no tenía.
La costumbre cada sábado, era juntarnos al final a ver los “crudos” de las escenas filmadas. Mi hijo que aun no tenia 8 años decidió que era mejor que no siguiera trabajando los sábados, porque me hacia mal al corazón.
Mis antecedentes actorales han sido muy pobres. Alguna obra que representamos con mis hermanos bajo la dirección de mi hermana mayor, ante la forzada audiencia de mamá y papá allá lejos y hace tiempo. Un acercamiento al cine, cuando en Mendoza fui invitado a participar en la producción de una película que contaba la puesta en escena de una obra de teatro en la plaza de Lavalle. Trabajamos mucho tiempo en la producción y fue apasionante para quienes lo hacíamos. Al fin de cuentas es como todo en esta vida, aquí o allá: lo importante no es llegar, sino tener un buen viaje. La película nunca se estrenó.

Tampoco la telenovela pudo ser vista en la pantalla, en principio fue suspendida y al fin cancelada. Una tarde de verano, un año después el productor me contó que quienes habían prometido apoyo económico, se habían echado para atrás, se habían enfriado. Acá en Canadá cualquiera se enfría, le respondí sobrador. Sonrió con mi mal chiste y sorbió el café que tomábamos sentados a una de las elegantes mesitas del primer shopping mall de Toronto. Se perdía así una oportunidad de concretar un paso histórico en la ciudad. La telenovela es un género menor, pero de fuerte arraigo en nuestra comunidad. Nos atraviesa de norte a sur. El libreto preparado para la ocasión permitía incorporar, además de los consabidos condimentos, todas las situaciones por las que atravesamos quienes tomamos el riesgo de emigrar. Encontrar puntos de contacto con la realidad, en un encuentro regular en la televisión local hubiera sido un gran impacto.
Es una deuda pendiente. Esa fue la conclusión cuando volví a encontrar al que en principio creí era el amigo de la escuela secundaria. Pudo ser o no. Lo que está claro desde mi perspectiva es que el productor estaba muy lejos del joven militante con quien soñábamos una patria justa, libre y soberana. Coincidíamos en Toronto, ambos trabajando en medios de comunicación. El estuvo fuertemente ligado a la televisión, incluso me contó historias de cómo llevo la telenovela argentina a Rusia e Israel. En este último encuentro me felicitaba por lo que estábamos haciendo en la radio. ¿Me estás cargando? le dije con mirada desafiante. “No, no. Te digo de verdad. La radio que vos estas haciendo es la radio posible hoy. Dentro de 20 años vas a ver que lo que te estoy diciendo es verdad”. No llegamos a los veinte, podría responder hoy esa pregunta, pero esa es otra historia que contaré mas adelante.
Lo vi serpentear entre los automóviles del estacionamiento, el sol se reflejaba con facilidad entre los pocos pelos de su cabeza. Entre quienes lo conocieron se ha dicho que era un vendedor de humo, para mi fue el producto de un sistema que empuja a perseguir utopías y cada una de las personas dispuesta a jugar ese juego, utiliza las herramientas que posee. Muchas veces dejándose tentar por los atajos.
Toronto 20 de agosto 2021.

Columnista invitado
Rodrigo Briones
Nació en Córdoba, Argentina en 1955 y empezó a rondar el periodismo a los quince años. Estudió Psicopedagogía y Psicología Social en los ’80. Hace 35 años dejó esa carrera para dedicarse de lleno a la producción de radio. Como locutor, productor y guionista recorrió diversas radios de la Argentina y Canadá. Sus producciones ganaron docenas de premios nacionales. Fue panelista en congresos y simposios de radio. A mediados de los ’90 realizó un postgrado de la Radio y Televisión de España. Ya en el 2000 enseñó radio y producción en escuelas de periodismo de América Central. Se radicó en Canadá hace veinte años. Allí fue uno de los fundadores de CHHA 1610 AM Radio Voces Latinas en el 2003, siendo su director por más de seis años. Desde hace diez años trabaja acompañando a las personas mayores a mejorar su calidad de vida. Como facilitador de talleres, locutor y animador sociocultural desarrolló un programa comunitario junto a Family Service de Toronto, para proteger del abuso y el aislamiento a personas mayores de diferentes comunidades culturales y lingüísticas. En la actualidad y en su escaso tiempo libre se dedica a escribir, oficio por el cual ha sido reconocido con la publicación de varios cuentos y decenas de columnas. Es padre de dos hijos, tiene ya varios nietos y vive con su pareja por los últimos 28 años, en compañía de tres gatos hermanos.










