(viene de la edición anterior)
El deporte por antonomasia de la política en la Argentina es pegarle a la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Lo encarna, desde ya, la hegemonía mediática con Héctor Magnetto a la cabeza y tiene varios devotos enfervorizados. Si bien cofundador del kirchnerismo, al ex Presidente Alberto Fernández le encargaron al menos dos tareas que llevó adelante presuroso y atinado: blanquear el brutal endeudamiento que nos legara su predecesor y fundir al kirchnerismo, como el miso se encargaba de contar abiertamente.
La primera encomienda nos dejó con el lobo adentro del gallinero y el volátil profesor de Derecho tomándoselas a España, quizás advertido que tarde o temprano el pueblo peronista (y no peronista, pero que lo votara) lo putearía de a dos o tres veces por cuadra por su traición ominosa al contrato electoral y, claro esta, a la lideresa, que hiciera quizás el mayor aporte para encumbrarlo. Para colmo, los discípulos rentados de la Escuela -como por ejemplo hoy el periodista Roberto Navarro- también a Ella culpan de la traición del tránsfuga.
La segunda encomienda del Poder real que “alverso” decidió cumplimentar, la llevó a cabo generando la Escuela de Judas, para la cual y a punta de cargos, consiguió un conjunto importante de fieles reclutados en las primeras, segundas y terceras líneas del pejotismo y de algunos partidos aliados de lo que alguna vez se denominó Frente para la Victoria. Se trató, claro, de personas sueltas de cascos en lo que hace a los principios, que no tuvieron problema en cambiar por otros, como repite un genial aforismo que escribió un humorista yanqui.

De la Escuela deviene otro ardid nefasto, que implica echarle la culpa a la lideresa por señalar los deméritos del ungido, matando al mensajero. Es decir, responsabilizarla por ventilar lo que era gravísimo desde la inacción ante la quiebra de Vicentín en adelante -para nombrar un mojón muy claro de la máquina de impedir- convirtiendo un gobierno que esperábamos a favor de las amplias mayorías populares, en cuatro años de gestión ordenada de la crisis a la que nos condujo el neoliberalismo inmediato anterior.
Si sólo hubiera cuidado que precios, salarios y tarifas jugaran en una ecuación sustentable, cosa que también le fue recomendada al traidor, nunca hubiera habido lugar para una experiencia nefasta como la que hoy soportamos por parte de la ultraderecha. Todo el pueblo habría logrado al menos sus objetivos básicos y no hubieran crecido el hambre y todas las angustias que suele traer aparejado. El director de la Escuela no generó una pizca de la épica que caracterizaron al peronismo y al kirchnerismo, llevándonos a la anomia.
Hay otro hecho rutilante que muestra con claridad meridiana que el ex Presidente Alberto Fernández jugaba a favor de otros intereses. Se notó mucho cuando llegaron a la Argentina los integrantes del seleccionado nacional de fútbol, lo que concitó el encuentro de más de 6.000.000 millones de hermanos y hermanas quienes, apiñados por las calles y plazas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, esperaban ver pasar el contingente. El primer mandatario se escondió bajo la cama en vez de ir a recibir a los jugadores a Ezeiza.
Las imágenes del ex Presidente Raúl Alfonsín recibiendo a la selección campeona de 1986, a la que hizo salir al balcón de Casa Rosada, me exime de describir otras postales. Que no recibiera a Messi y sus muchachos forma parte de la anomia a la que sometió la figura presidencial, que tanto costó al ex Presidente Néstor Kirchner y a su compañera recomponer, luego del que se vayan todos producto de la crisis de 2001/2002. Pero, por cualquier cosa, la culpa de todo será siempre de Cristina, puesto que para eso trabajan. Contala como quieras.
(continuará)
La yapa será siempre la misma, una de sus destacadas intervenciones públicas que hicieron historia. En este caso Cristina le da la bienvenida a la Fragata Libertad, el 9 de enero de 2013.














