La resaca
Son arrancadas del mar
y las medusas se entregan a la arena, sin pestañear.
Los perros vagabundos
las olfatean sin malas intenciones.
Algunas se adaptan
y crecen en los jardines de los chalets.
Cuando los niños las tocan con una ramita, sonríen.
El mar produce un corrimiento de la realidad
en las almas delicadas de los poetas:
un breve brote psicótico
que también modela la voz de los teros extraviados.
Apuntas, zapatos, paraguas
alimentan las manos discretas de las resacas.
El mar se va con la luna a hacer sus cosas
pero los amores tendrán una segunda oportunidad.

Buenos modales
Colecciono estas y otras plantas florales
a sabiendas de lo que me expongo.
Detrás de cada flor, jazmín celesta,
santa rita o clavel moro,
las viejas casas de madera arremangan sus historias.
La mesa estaba servida
con la fuente rebosante de dialécticas sabrosas:
-Sos el único de esa especie
que aún retoza en los bosques y en las ciudades,
casi una leyenda, solo- reñía mi hermano.
-Sos el devoto de un rebaño
que se anuncia como una imagen invertida
de la soledad- lo hostigaba yo.
-No hablen de filosofía en la mesa
y terminen de tomar la sopa- nos educaba mamá.

Lumières et ombres…
En el principio un tren llegaba a la estación,
los obreros salían de la fábrica,
y un chico pisaba la manguera con picardía.
Las sombras y las luces sobre el lienzo blanco
iniciaron una modesta discusión sobre la distancia
entre la realidad y los sueños.
El resto fue una carrera de obstáculos
con pantallas cada vez más grandes,
colores cada vez más brillantes
y montajes cada vez más rápidos.
Con muchas historias contadas
siempre por el mismo idiota.
A veces me pregunto cuándo perdimos el tren,
por qué en las fábricas ya no hay obreros
y cómo ocurrió que la manguera se volvió garrote.

Columnista invitado
Luis Alfredo Villalba
Nací en Mendoza cuando empezó la segunda guerra mundial y seis años antes de que la palabra perón dejara de ser una variedad frutal. Puedo resistir todo excepto la tentación, decía Wilde. Por eso escarbé en la literatura, el espectáculo y el cine, con el descaro de la juventud y la frescura de la vejez. Sueño con el socialismo libertario porque futuros eran los de antes.













