Donald Trump pateó el tablero del orden global con la intención de evitar que el Sur Global logre consolidarse como una alternativa independiente del neocolonialismo de Occidente. Sembrar el caos es la actual jugada de un imperio debilitado que se afana por limitar la generalización del multilateralismo expresada por los BRICS, bajo el liderazgo productivo de China y el ejemplo soberanista de la Federación Rusa. El magnate neoyorquino, devenido en presidente, está acorralado por tres restricciones que se niega a asumir de forma explícita. En primer término, por el fracaso de su aventura bélica en el Golfo Pérsico, donde la República Islámica logró resistir los bombardeos sin que su institucionalidad y su soberanía se quebraran, tal cual pretendían Estados Unidos e Israel. En segundo término, porque Trump no logró rasgar el vínculo energético entre Teherán y Beijing, situación que debilita al presidente estadounidense de cara a la cumbre con Xi Jinping programada para el 14 y 15 de mayo. Por último, el mandatario llegará a la capital del País del Centro luego de solicitar una postergación, motivada por las malas noticias brindadas por la Corte Suprema de su país, respecto a los aranceles, y la fantasía de imponer una capitulación a Teherán, en forma previa a la Cumbre.
En términos estratégicos, la operación militar contra Irán ha sido un fracaso que ahora pretende recuperarse a través de un bloqueo marítimo a las exportaciones de petróleo de Teherán, dirigidas hacia el sudeste asiático. Aunque esta medida coercitiva e ilegal –desde el punto de vista del Derecho Internacional– posea más efecto que los bombardeos, la lectura respecto a la incursión militar ha quedado asociada a un fracaso militar indiscutible. El canciller alemán, Friedrich Merz, se constituyó en el vocero de esa realidad invisibilizada por Trump. “Toda una nación está siendo humillada por el liderazgo iraní (…) son claramente más fuertes de lo esperado, y los estadounidenses carecen de una estrategia de negociación convincente”.
Ese posicionamiento explica la improvisación de Donald Trump, sus decisiones apresuradas, las contradicciones y su falta de coherencia con la que arribará a la Cumbre. Su prepotencia unilateralista se verá desafiada, en Beijing, en tres de los espacios en los que tuvo una ventaja relativa: la economía, la tecnología y la guerra. La locomotora fabril china es la potencia manufacturera global: expresa un tercio de toda la producción mundial, superando el valor agregado de los nueve países que le siguen, entre ellos, Estados Unidos, Japón y Alemania. Pero la brecha se hace más profunda si la comparación se asocia a la productividad que expresa la robótica. China cuenta con la mitad de los robots industriales del mundo, incorpora 250 mil por año y acaba de sorprender al mundo de la informática presentando la primera computadora cuántica atómica de doble núcleo. Este ordenador, presentado con el nombre de Hanyuan-2, curiosamente presentado en sociedad una semana antes de la llegada de Trump, puede resolver en 4 minutos aquellos problemas que la más potente supercomputadora actual necesita 10 mil años para resolver.
La computación cuántica permitirá acelerar el entrenamiento de modelos de aprendizaje de la Inteligencia Artificial, ahorrando tiempo y sobre todo energía. La razón por la cual los capitostes de Silicon Valley, como Peter Thiel, le exigen a Trump liquidar la democracia occidental, se relaciona con estos desafíos planteados por Xi Jinping: los analistas ligados al universo MAGA creen que la ventaja que viene tomando China se debe a que su gobierno no está condicionado por las elecciones periódicas pero olvidan que China tiene un Partido Comunista que vela por los intereses soberanos de su sociedad, y no por ventajas supremacistas de corporaciones que se presentan como tecnofascistas. La evidencia es haber mejorado la vida de 1400 millones de personas con su concepto de socialismo con características chinas, focalizado en el bien común, el multilateralismo, el respeto a las diferentes tradiciones civilizatorias y el énfasis en el equilibrio con la naturaleza.
El tercer elemento de la incomodidad trumpista, que se verá plasmado en Beijíng, cuando se inicie la Cumbre, es el que remite a la dimensión estratégica, es decir a la guerra. Estados Unidos cuenta con 750 bases militares repartidas en los cinco continentes y sus últimas experiencias bélicas no han sido muy fructíferas. Después de los fracasos en Corea, Playa Girón y Vietnam se empantanó en Irak y Afganistán sin lograr sus objetivos. El actual fracaso en Irán, a quien no pudo poder de rodillas, no solo desmoraliza al Pentágono, sino que exterioriza, frente al resto del mundo, una doble impotencia. Por un lado, la asunción de una debilidad estructural para enfrentar guerras asimétricas; y por el otro, una total falta de capacidad para garantizar la seguridad global. En este capítulo, también se inscribe la renuncia de Trump a brindarle apoyo a Ucrania. Gran parte de sus analistas militares le han advertido que esa es una batalla perdida pese a ser Rusia, junto a China, los dos más grandes antagonistas, según la nueva doctrina Donroe, difundida en 2025. La totalidad de los países que integran la OTAN —pese a la actual guerra convencional— son incapaces de derrotar a un país que tiene aproximadamente el 50 por ciento de todas las ojivas nucleares existentes. Y cualquier analista riguroso conjetura que antes de una potencial incursión profunda en territorio ruso, Moscú no dudaría en apretar el botón rojo para defender su soberanía.
Las expectativas respecto a las elecciones de medio término son el tercer factor que contribuye al debilitamiento de Trump. Su imagen doméstica es una de las más deshilachadas de la historia, para un mandatario que apenas supera 13 meses de gobierno. Aumentó en un 60 por ciento el costo de la energía doméstica, su política arancelaria es cuestionada de forma permanente por el poder judicial y las cacerías de ciudadanos NO WASP habilitaron un malestar profundo que derivó en las movilizaciones No King. Ese conjunto de decepciones lleva al mandatario estadounidense a colonizar la agenda pública con mandobles narrativos. Intenta exhibir ampliamente una fortaleza que no tiene. Mientras intenta ocultar su fracaso militar continúa con las amenazas de bombardeos brutales y represalias “violentas” para el caso de que Teherán no se digne a firmar un acuerdo basado en la liberación del estrecho de Ormuz, la suspensión del enriquecimiento de uranio y el abandono de su apoyo a la triple “H”, los Hutíes, Hezbolá y Hamas. Se alcance o no un acuerdo básico entre Teherán y Washington, antes de la Cumbre, China habrá ganado varias batallas simbólicas. Se ubicará como un mediador ajustado a las normas del Derecho Internacional. Se exhibirá como un actor constructivo en la resolución de las crisis, a través de su aliado Paquistán, y continuará con su paciencia confuciana observando cómo la soberbia imperial hace agua detrás de la grandilocuencia arrogante.

Pagina12.com.ar
10 de mayo de 2026

Columnista invitado
Jorge Elbaum
Sociólogo, Profesor de Sociología, Dr. en Ciencias Económicas. Periodista. Profesor Emérito de la Universidad Nacional de La Matanza. Exembajador extraordinario y plenipotenciario, Ministerio de Relaciones Exteriores. Ex director de la Escuela de Defensa Nacional, EDENA, (Ministerio de Defensa). Ex Director Nacional del PROGRESAR. Fue presidente del Llamamiento Argentino Judío e integra, en la actualidad, su Comisión Directiva. Sus últimos libros son: “Del atlantismo al polo euroasiático. El conflicto en Ucrania como anuncio de una nueva configuración global” (2024); “La OTAN contra el mundo. El conflicto en Ucrania como expresión del cambio de época” (2023); “Imperialismo pandémico. América Latina en la nueva configuración geopolítica” (2022); y “Efecto Nisman. Los usos políticos de una muerte” (2019).













