Había amanecido el día justamente aborrascado, justamente… Con el arriba nervioso y el abajo que se mueve… Que acabe la caridad y que empiece la justicia como cantaban los Olimareños en Cielo del 69.
Había dejado como tercer objeto a describir la marañasa de hilos de la vieja hamaca paraguaya que tanto había amado. Y vaya a saber por qué en el pueblo del desierto pampeano iba perfectamente y akí, no. No había árboles para colgarla… Y en el iglú no convenía poner un clavo porque los golpes podrían hacer caer esta estructura que ni sikiera es un iglú, por como había sido diseñada.
Durante días llevé a todos lados el portamacetas que estaba haciendo con esos pedazos de la hamaca paraguaya de nudos de macramé tan trabajosos y que la verdad me daba pena tirar a la basura. Podría quemarla a la madrugada, cuando me levanto para escribir. Y que el fuego se lleve esos sueños de lo que pudo haber sido y no fue.
Pero en la noche previa al eclipse, soñé cómo tenía que terminar la marañasa. Me levanté y fui uniendo los nudos con otros y así terminé con la marañasa y pude comenzar con el otro macetero de hilos nuevos y firmes.
Cuando la profe del taller literario del Centro de Jubilados de Las Grutas me avisó que había reunión del Concejo Deliberante y que había solicitado hablar en la Banca del Vecino, se sentía la onda densa de la tormenta de Santa Rosa.
En realidad, el día anterior, de los arcángeles y los abogados, había habido una de las llamadas tormentas secas, puro ventarrón.
Había sido un día atroz. Ya había decidido dejar público el cuaderno con lo que escribí mientras pasaba el calvario de la China, que iba a ser para cuando ella lo decidiera. Y le había dado una copia, me parece, porque es lo que suelo hacer.
Para cuando vos kieras contarlo, porque los derechos te corresponden…
Pero fue ese día de los arcángeles, San Miguel, el protector, San Gabriel, de los comunicadores y San Rafael, de los médicos, cuando que sentí que tenía que llevar a fotocopiar ese cuaderno manuscrito de cuando ya no escribía en la vieja compu.
Supongo que lo hice porque había recitado la oración a los arcángeles con mi vecina y amiga… Ahora sólo recuerdo el final: «En vos confío».
Fue uno de esos actos impulsivos que luego me sumergen en los miedos más aterradores… Lo sentí después, luego de dejar para fotocopiar tres copias, una para el Juzgado de Paz, otra para la biblioteca de San Antonio Oeste y la otra para la biblioteca grutense.
Cuando a la mañana de Santa Rosa buscamos la carpeta donde están mis recursos de amparo acomodados por fecha no la encontramos.
Quería acompañar la copia de mis escritos al Juzgado de Paz con una copia del recurso de amparo que saqué cuando ocurrió el calvario de mi amiga, traductora de inglés y copista en su net del cuento «Los libros desaparecidos de la Feria del Libro porteña» que presenté a la Feria del Libro de Darwin hace cinco años y que luego recopilé con otros en «Aguafuertes marinas».
Salía ya para tomar el colectivo y llegar a tiempo para la terapia de grupo cuando me descompuse. Otra vez esa diarrea atroz del ataque de pánico que yo creía que estaba totalmente superado. Regresé para cambiarme toda la ropa y perdí el colectivo que íbamos a tomar con mi amiga que quería ir a San Antonio Oeste a comprar unas lanas para terminar su tejido.
-No hay problem- le comenté. -Estarán las copias en el Juzgado de Paz donde los saqué-.
Pero allí tampoco estaban. Expliqué que eran dos recursos de amparo simultáneos de septiembre del 2011, fecha que sabía con absoluta certeza porque todo fue cerca de mi cumple de sesenta años.
Tenían en la computadora del Juzgado de Paz información de otro anterior donde yo insistía en mi derecho a la atención psi.
Me dieron el número del teléfono de Tribunales de Viedma. Allí tampoco estaban, como me informaron luego. Pero que si kería podía ir personalmente a buscar copia e informarme sobre dichas causas.
Al instante me imaginé subiendo y bajando escaleras entrando en un sitio y de allí a otro, cada vez más perdida y estresada. Entonces pregunté si podía solicitarlo por carta desde el Juzgado de Paz de San Antonio Oeste. Y me contestaron que sí, que era mi derecho.
Me parecía estar sumergida en el ambiente denso de la novela «El proceso» de Kafka que leí hace añares y que ahora sé con absoluta certeza que jamás querría releer.
Todos los recursos de amparo fueron denegados, menos los dos simultáneos, el que saqué por el mural de Páez Vilaró de la ex Delegación Municipal grutense y el mío por la agudización de mi stress post traumático solicitando, otra vez al Equipo Interdisciplinario de Salud Mental donde declaraba que me resultaba absolutamente imposible ampliar mi declaración de los por qué. Por haber acompañado a la víctima de la salvaje violación grupal en nuestro pueblo. Entonces ignoraba que unos policías se habían quejado por no haber sido invitados a «la festichola». Y aunque lo supiera tampoco lo hubiera declarado, supongo. Me atuve solamente a los dichos de La China.
Después supe que uno de los responsables era el dueño del negocio «El león» de la otra cuadra. Cuando La China escribía su recurso de amparo en el mar pasaron dos hombres. Uno de ellos se acercó y nos saludamos. Era Ale, a quien La China llamaba Mariano, quien me había hecho la instalación de gas y agua caliente con su hermano, el esposo de Anahí, la poetisa grutense, que antes vivía en la otra cuadra donde hoy está la academia de inglés y ahora tiene un negocio en la esquina al lado del cuartel de bomberos.
Pasaron dos hombres por la playa. Uno era el ayudante del gasista diplomado y el otro me pareció, luego, que era el paseador de perros que después fue pareja de una amiga y compañera de las Juanas Azurduy con quién fuimos juntas a un acto de la CTA de Viedma y encaramos el cine-debate de las pelis de Pino Solanas en la Universidad del Comahue donde fuimos cinco personas las asistentes, mas o menos, hasta que el director nos dijo que allí no podríamos seguir, vaya a saber por qué. Tal vez porque ella llevaba sus hijos y perros a todos lados.
La China después se puso a gritar: -¡¡¡Estos hijos de puta pasan así, como si nada!!!-.
-Yo lo conozco, es Ale-.
Tuvo entonces una pizzería, a media cuadra del correo grutense Hacía unas pizzas rikísimas que le compré alguna vez mientras esperaba que conectaran el gas en ese invierno tan gélido del 2005. Y resulta que tardaron meses porque había muy pocos empleados matriculados en la empresa privatizada.
Para sacarme las dudas de si era o no Ale, fui una o dos veces a su negocio para certificar si era o no.
-Usted me confunde con otra persona, señora-.
-La verdad es que cada vez que tengo algún problema con la instalación del gas o del agua lo recuerdo a usted perfectamente-.
-Pero kién firmó los planos es…- de onda. -Yo, argentino-.
Al plomero que en sólo cuatro días cambió todo el desastre, le pregunté si era matriculado.
-No. Hice los tres años de la escuela técnica, pero cuando llegaron los del gas privatizado, nombraron a los suyos.
El anterior había hecho uno de los cursos de gasista de unos meses del Plan Sépalo en Sierra Grande, me había contado cuando intentaba saber por qué tardaban tantos meses.
En ese tiempo le había preguntado a Pablito si tenía ese papelito. Pero desde la privatización de Menem cada provincia tiene requisitos diferentes. Entonces para trabajar akí hay que garpar no sé cuánto para inscribirse. Y los matriculados tercerizan con otros laburantes a quiénes les garpan dos sopes. Entonces hay cada conexión clandestina que me para los pelos de recordar lo que me contaron.
Cuando encontramos la carpeta de temas legales copié los numeritos de los recursos de amparo que no están en el Juzgado para solicitar copia de qué pasó con ellos.
Recursos de amparo extraviados del Juzgado de Paz de San Antonio Oeste:
-Expte.NºS8-11-0566 en el Juzgado de Instrucción Nº4 a cargo del Dr. Guillermo Bustamante, secretaría Nº 8 del Dr. Guillermo Bustamante, Secretaría Nº 8 a cargo del Dr. Santiago Brugo, 12 de octubre de 2011 declarando abstracto el amparo por haber sido admitida en la obra social IPROSS.
Por el mural de Paez Vilaró de la ex Delegación Municipal de Las Grutas:
*BRIONES, LUCÍA ISABEL S/ AMPARO, Expte. Nº S8/11/1087 ante Juzgado de Instrucción Penal Nº 4 de Viedma a cargo del Dr. Guillermo Bustamante, Secretaría Nº 8 a cargo del Dr. Santiago Brugo, que resolvió en Viedma, el 6 de octubre de 2011: «declarar abstracta la acción de amparo ya que el municipio en conjunto con el pre-adjudicatario retirarán íntegramente la pared que contiene el mural y lo trasladarán al nuevo edificio donde se emplace la Delegación Municipal conforme a las consideraciones expuestas precedentemente».
En Acta de Notificación en la comisaría 29 de Las Grutas, designo abogado defensor de oficio el 31 de octubre de 2011.
Por La China:
…ante la intimación de que si no me presentaba ante la segunda citación de la cedula Nº 365/2011 del 27 de septiembre del 2011 me llevarían por la fuerza pública cuando estaba en máximo estrés.
«BRIONES, LUCÍA ISABEL S/AMPARO, Expte Nº S8/11/0566, Juzgado de Instrucción Nº 4, Secretaría Nº 8 a cargo del Sr Santiago Brugo, donde yo declaro ante el Juzgado de Paz de San Antonio Oeste que no me encontraba en condiciones de responder cuestionario alguno por haber acompañado a… Como declaré en el Juzgado de Paz de San Antonio Oeste el 27 de septiembre de 2011 de conformidad con lo dispuesto en los autos caratulados: BRIONES, LUCÍA ISABEL, DNI Nº 6.716.006, Expte Nº S8-11-0566 que tramita ante el Juzgado de instrucción Nº 4 de la ciudad de Viedma, secretaría Nº 8 a cargo del Dr. Santiago N. Brugo (…) y se le formulan las preguntas que obran insertas en el Oficio S/ nº de fecha 15 de septiembre de 2011…».
Respondiendo «que no responderá cuestionario alguno, que conste que en el presente no me encuentro…».
Cuando lo estaba copiando me di cuenta que las declaraciones estaban todas sin las firmas de los funcionarios ni la mía tampoco. Y yo estaba segura de haberlo hecho. Pero como de akí me robaron documentación importante y tuve que hacer la denuncia penal correspondiente el año pasado cuando me kise inscribir otra vez en la Universidad del Comahue para cursar Ciencias Políticas y me pidieron la constancia de secundario aprobado al tratar de explicar que era egresada de la misma universidad, pero que me habían robado dicha documentación, para solicitar una copia del título de profesora de Historia egresada de la Universidad del Comahue, Neuquén, en 1997, tuve que hacer previamente la denuncia penal en Fiscalía y viajar a Neuquén para solicitar la copia debidamente legalizada.
(continuará)
Columnista invitada
Lucía Isabel Briones Costa
“Mi pecado fue terrible: quise llenar de estrellas el corazón de los hombres” decía el poeta… Desde los lejanos años de estudiante del profesorado en Historia en la Universidad Nacional del Sur, dediqué mi vida a la educación. En los tiempos previos a la dictadura de 1976 enseñaba en una vieja aula de la Facultad de Agronomía el bachillerato de adultos, tarea compartida con los compañeros, casi todos presos políticos después en Bahía Blanca. Cuando era rector Remus Tetu se hizo una razzia contra docentes, no docentes y estudiantes, especialmente contra los alumnos de Humanidades, Sociología y Economía. Estaba terminando mi carrera, cursando las últimas materias cuando fui detenida y puesta a disposición del PEN, el Poder Ejecutivo de la Nación, durante tres años y tres meses, hasta diciembre de 1978. Estuve en las cárceles de Villa Floresta, Olmos, Devoto y los tres últimos meses en la U20, la cárcel dentro del Hospital Borda, donde un prolijo tratamiento con drogas psiquiátricas hizo borrar totalmente mi memoria. Así me dejaron en libertad, diciéndole a mi padre: “Su hija es irrecuperable, será un vegetal hasta el día de su muerte. Que Dios les de la Santa Resignación”. Gracias a haber encontrado la ayuda adecuada pude recuperar, poco a poco, la razón perdida. Y me fui a La Pampa, donde fui docente de escuelas primarias y secundarias en la pequeña localidad de 25 de Mayo y en el Terciario de Formación Docente de Catriel, Río Negro. Recién en 1997, pude terminar mi profesorado en la Universidad del Comahue, para cuando mis compañeras de promoción de la Universidad del Sur ya estaban por jubilarse. Luego comencé la maestría en Historia Latinoamericana de los siglos XIX y XX, la cual se interrumpió cuando la Universidad no podía pagar a los docentes, varios doctores en Historia. En ese tiempo de docente rural comencé a escribir narrativa, tarea que continué al jubilarme en el bello mar de Las Grutas, en Río Negro. Seguí escribiendo con la alegría de dar un legado en su educación a mis hijas: la mayor psicóloga y la menor, maestra y profesora de Historia, ambas egresadas también de la Universidad del Comahue.


