2026 debería proclamarse “Año del 50° Aniversario del Golpe Oligárquico”. Por supuesto, eso sería posible con un gobierno popular y no con este engendro que después de 50 años, reivindica el terrorismo de Estado contra el avance de las luchas populares.
Porque más allá de la Marcha del 24, que deberá ser imponente para demostrarle al poder político y económico de la Argentina que este pueblo sigue teniendo memoria, tenemos que hacer un marzo y un año entero de eventos para fortalecer la memoria, la verdad y la justicia con la soberanía y todos los derechos de hoy que nos están arrebatando.
En una nota anterior nos referimos a que el golpe no fue cívico militar sino más precisamente empresario militar. La palabra oligárquico lo establece en su justo punto clasista sin diferenciar lo cívico de lo militar sino uniéndolos en un mismo objetivo: frenar la ofensiva de lucha de los trabajadores en los ’60 y ’70 y recuperar el control político para el proyecto económico anti nacional y pro imperialista. La dupla Martínez de Hoz – Videla representaba esa alianza con la conducción de la gran burguesía empresarial, terrateniente y bancaria, con su brazo armado ejecutor, del más feroz terrorismo propiciado desde el Estado nacional tras haber volteado al legítimo gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón, aquel 24 de marzo de 1976.

El poder de los grandes grupos económicos conservadores y concentradores de su riqueza, usan a las fuerzas de seguridad como una guardia pretoriana propia en defensa de sus intereses, y cuando es desbordada, como pasó en varias etapas históricas de lucha -por ejemplo, el Cordobazo- apelan a las Fuerzas Armadas como reaseguro de volver a instaurar el “orden establecido” por ellos, que es convivir en un sistema de dominación capitalista dependiente, cuyo formato político puede variar según la relación de fuerzas del momento histórico. de acuerdo al plan maestro imperial coordinado a nivel continental a través de las embajadas yanquis de cada país en que han dividido la gran Nación Latinoamérica o Abya Yala. No son las casas de gobierno sino las embajadas las que fijan las políticas de los gobiernos cipayos de turno en toda Nuestra América, sean dictaduras o más recientemente usando tácticas de dominación cultural colonial con presidentes ultra imperialistas electos.
Los métodos cambian, se actualizan y maquillan, pero el objetivo estratégico de dominación es siempre el mismo, en todo caso, el enemigo no sólo tiene los recursos, sino que posee lo más importante, tiene un plan de operaciones “contra revolucionario” para evitar el avance revolucionario de los pueblos, como si ocurrió en Cuba o como está sucediendo en la Venezuela Bolivariana de Chávez y Maduro. Ya Mariano Moreno lo había intentado con su Plan de Operaciones pero fuimos derrotados políticamente hace 200 años y desde entonces no se ha podido funcionar con un plan revolucionario que define una clara estrategia de recuperar el poder sustraído por la élite oligarca, variando las tácticas de acuerdo al momento histórico.
Básicamente porque para trazar un plan, se debe conformar un Estado Mayor Popular con plena participación y decisión democrática desde los barrios y los territorios, con las organizaciones urbanas y las asambleas de los pueblos, el arte y la cultura popular, la defensa de nuestros bienes naturales y la cosmovisión de los hermanos ancestrales que habitaron tus tierras mucho antes que nosotros. La idea pasa por construir poder colectivo, generar poder popular y recuperar el único y verdadero poder genuino que es del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo, donde no haya espacio para el enemigo, porque no hay opción ni alternativa posible en la convivencia, “durmiendo con el enemigo” sino confrontándolo.
Quizás la consigna de “tomar el poder” de otros tiempos no haya sido la adecuada, quizás vayamos debatiendo y revisando que lo efectivo sea “construir poder popular” concientizando desde lo cultural para que los cimientos sean tan fuertes que ningún plan oligárquico pueda derrumbarnos y tener que volver a empezar como tantas veces nos ha ocurrido. Fijar el rumbo, coordinar los cientos de órganos que ya existen, crear el Estado Mayor Popular y funcionar con democracia participativa desde abajo, buscando sintetizar las lecciones de la historia y no repetirnos en nuevas frustraciones.
¡¡Para recuperar el Poder popular hay que construirlo y con el poder vamos a recuperar soberanía y dignidad para Nunca Más perderlas y gritar 50 veces, Nunca Más!!

Columnista invitado
Francisco Ramos
Oriundo de Buenos Aires Capital Federal, militante político, social y x los DDHH. Comenzó a los 20 años activando en Vanguardia Comunista desde 1982 y como delegado sindical del gremio telefónico por 10 años. “Fue perseguido, secuestrado y torturado durante el menemismo, pasando por varias agrupaciones hasta identificarse con el pensamiento de la Izquierda Nacional, por un socialismo criollo y sanmartiniano. Cofundador de la Universidad Nacional de Revisionismo Histórico junto a su Director, Fernando Maurente, desde 2014. Responsable editor de la 4ta. época del periódico Lucha Obrera, y premio José Marti a la trayectoria militante en el año 2018, otorgado por el Centro Cultural Azucena Villaflor. Miembro desde 2015 de la histórica Asamblea Popular Plaza Dorrego de San Telmo (fundada en la rebelión popular del 2001), y en los últimos años también participa en la Comisión del ex Centro Clandestino Club Atlético, que funcionó en el mismo barrio. Es militante de la causa palestina, y formó parte de la 6ta. y 7ma. Marcha por la Soberanía a Lago Escondido, representando a la Izquierda Nacional y el Frente por la Soberanía Nacional FSN














