
“La preocupación en la calle en estado de alerta por los derechos laborales en pugna
“Una multitud contra la reforma laboral de Milei
“Las centrales obreras, agrupaciones políticas y la ciudadanía se manifestó en las afueras del Congreso nacional. El operativo policial reforzado desplegó represión.
“Una multitud de manifestantes colmó las calles desde la avenida 9 de julio hasta las inmediaciones del Congreso Nacional en contra de la reforma laboral libertaria que se discutía en el Senado de la Nación. Un descomunal operativo policial permitió que un pequeño grupo de violentos actúe frente al vallado más cercano al Parlamento, mientras las miles de personas que marcharon no solo ignoraban lo sucedido, sino que intentaban llegar a la plaza frente a todos los impedimentos policiales desplegados. Las señales de televisión captaron esos disturbios que invisibilizaron una marea enorme de trabajadores, agrupaciones y familias que protagonizaron la contundente movilización sindical en rechazo a los planes del gobierno para el futuro del trabajo en la Argentina.
“Mientras los senadores debatían la reforma laboral propuesta por el gobierno nacional, las centrales obreras y sindicales colmaban los alrededores. Sobre avenida Rivadavia frente al Congreso de la nación se podían contar uno, dos, tres, diez, doce camiones de Gendarmería estacionados en las inmediaciones. Las fuerzas de seguridad y sus despliegues, desde el inicio de la gestión libertaria, acercan una idea de qué puede esperarse que suceda en una jornada de manifestaciones. “El índice choripán falló”, dijo horas más tarde Carlos, un jubilado que asiste todos los miércoles a las protestas: “Aprendí que cuando hay puestos de choripanes y comida en las calles, es decir, cuando hay mucha pero mucha gente, la policía no reprime, pero hoy me equivoqué”. Una multitud se acercó a las inmediaciones de la Plaza del Congreso en estado de alerta absoluto.
“Un hecho histórico en el debate parlamentario reunió a miles en las afueras, convencidos de que el proyecto de reforma laboral libertaria despoja derechos adquiridos al calor de décadas de lucha en la Argentina, y el riesgo de precarización y vulneración para los trabajadores resulta inminente. La CGT respondió al pedido de una movilización que fue empujada desde las bases sindicales. “Actúen con responsabilidad, este proyecto de ley no resuelve los problemas del trabajo, sólo los agrava”, expresó el triunvirato en un comunicado.
“Los cánticos de la multitud ofuscada fueron principalmente contra el presidente Javier Milei, contra los legisladores y con la demanda de un paro general a las centrales obreras. Sobre Rivadavia, pero del otro lado del enorme vallado policial, agrupaciones de izquierda fueron llegando a la plaza. La policía parecía lista para disparar, en filas, apuntando. Del otro lado, sobre Hipólito Yrigoyen, pasadas las 14, las organizaciones sindicales y políticas cercanas al peronismo desplegaron la llegada a la plaza también. Muchos, miles, no lo lograron. El operativo policial fue el otro protagonista de una tarde violenta.
“Las zonas aledañas se colmaron de columnas al grito de: “paro, paro, paro nacional”. Más temprano, en declaraciones radiales, el Secretario General de la CGT, Jorge Sola, apuntaba: “Es un gobierno que no abre espacios de diálogo con ningún sector. Tienen que tener responsabilidad quienes fueron electos. Es mucho mejor que se exprese el pueblo en la calle y no que se llegue a la huelga”.
“Los carteles y conversaciones durante la jornada de protestas giraron en torno a la larga lista de derechos laborales en zona de riesgo. Había tensión en el aire. El vallado policial para el acceso hizo que las agrupaciones se amontonen en las angostas calles de acceso a la plaza. “Soy docente y estoy muy preocupada por mi país. Hoy, además, está todo muy raro. Se siente la tensión, se escuchan tiros, cada vez que quisimos entrar había policías intentando que salgan o impidiendo que lleguemos a la plaza. Parece una película con cercos policiales”, relató Nadia, docente, a Página/12. Además, reflexionó sobre el país que una reforma laboral de este tenor propone: “A los chicos hay que decirles en el aula que un mundo o un futuro mejor los espera si estudian y se forman, pero hoy el contexto hace que sea muy difícil de imaginar el mundo del trabajo que se viene. La sensación es de desazón”, agregó.
“Avanzó la tarde, avanzó la policía y los disparos se escuchaban desde todas las esquinas. Desde el acceso por Virrey Ceballos, la advertencia de manifestantes que caminaban en dirección contraria al Congreso hacía eco: “Ya se armó quilombo, y en un rato se pondrá peor”. De fondo, se escuchaban los disparos y abucheos. La policía parecía estar decidida a impedir los accesos de las columnas, y en caso de no poder impedirlos, la desconcentración forzosa fue el plan B. En la esquina, militantes del Movimiento al Futuro aguardaban al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, que llegó hasta la casa de las Madres de Plaza de Mayo. “La reforma la armaron con una serie de amenaza a distintos sectores. Han ido por un proceso de extorsión”, reflexionó Kicillof en entrevista radial. En las afueras, entre muchos manifestantes estaba Melina, socióloga: “Estoy acá porque nos quieren hacer creer que esta reforma va a ser beneficiosa para los trabajadores y no va a ser así, nos quieren hacer creer que estamos desarmados pero no. Que se hagan cargo que el pueblo los puso en ese lugar y que den respuesta al pueblo, no a los intereses concentrados”.
““Mirá como corren los de adelante, se vienen a los tiros para acá”, comentaron dos jóvenes pertenecientes de La Fraternidad en las inmediaciones de la plaza. Mientras tanto la UOM, SMATA, UOCRA, por mencionar solo algunas organizaciones, flamearon las banderas, agitaron los bombos, e hicieron sentir la urgencia de los reclamos. “Es un día triste. El Congreso está entregando a los trabajadores. Nosotros somos portuarios y pertenecemos a transporte, y creemos que la única forma de poder resistir y dar vuelta esta historia es en la calle. Hay muchos jóvenes que para ellos es nuevo esto. Hay que explicarles un poco para que entiendan”, explicó a Página/12 Roberto Coria, líder del Sindicato de Guincheros y Maquinistas de Grúas Móviles.
“En ese mismo momento, cerca de las cuatro de la tarde, una estampida de motos de la Policía Federal decidió avanzar sobre toda la gente apostada en avenida Rivadavia para que no quede un alma en la calle. La violencia del despliegue generó furia. La gente comenzó a correr hacia atrás, amontonándose en la plaza, con enojo. Una señora que vendía helados y refrescos quiso correr hacia atrás y se le calló la heladerita con toda la mercadería. Llorando, recibió ayuda de otro manifestante, luego empezaron a correr. Los coordinadores de los cordones sindicales que suelen marcar el ritmo del paso en las movilizaciones comenzaron a pedirle a la gente que no desespere, que no corra. El intento intempestivo por desconcentrar a la multitud generó en las pocas y angostas calles que no contaban con vallado policial un clima de hervor y temor difícil de sobrellevar para muchas personas.
““Corré, que están disparando”, le dijo una chica a otra mientras se daban la mano para intentar atravesar la multitud. El estado de desesperación creció cuando la policía avanzó sobre la plaza. Imposibilitados a manifestarse pacíficamente, la gente empezó a cantar: “Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode”. Algunos, además, le recordaron a los efectivos de la policía que la represión la estaban ejerciendo sobre trabajadores, como lo son ellos. La tensión fue en aumento y la violencia también. A más de cuatro cuadras del Congreso y en plena desconcentración, la gente empezó a correr nuevamente. Otra estampida policial alcanzó a los manifestantes en Hipólito Yrigoyen y Salta. La gente corrió para alejarse de la policía sin entender porqué. Los disparos fueron a metros de los manifestantes. El saldo del accionar policial es de 352 heridos y 31 detenidos.
“Cerca de 9 de julio, con el operativo represivo y de amedrentamiento cumplido, decenas de motos y camiones policiales pasaron a toda velocidad por las calles todavía cortadas. Desde las veredas se escucharon los gritos y cánticos de las familias y trabajadores que se alejaban de la plaza. La escena distópica de un día que escenificó la tristeza social de miles de personas culminó una jornada donde, frente a todo intento de impedirlo, una multitud se expresó en la calle, donde el reclamo a la dirigencia política resonó, y habrá que ver si alguien tomó nota de ello.
“Pagina12.com.ar
“Ayelén Berdiñas
“12 de febrero de 2026”.
Foto: prensa UOM










