Las declaraciones se producen en medio de la escalada militar y energética que gira en torno al control del estrecho, por donde transita aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Foto: EFE.
En la actualidad se desarrollan dos grandes conflictos bélicos. En Europa Oriental y en Asia Occidental. Ambos están interconectados a través de la participación de actores que poseen algún tipo de asociación común. La OTAN participa en ambos conflictos. Los BRICS también. Es una Tercera Guerra Mundial, por ahora dispersa, que enfrenta al Occidente neocolonial, con anhelos de unilateralidad geopolítica, contra la emergencia de una multipolaridad respetuosa de las soberanías nacionales y sus trayectorias históricas específicas. La denominada Trampa de Tucídides, acuñada por Graham Allison, sugiere que un imperio –desafiado por un contrincante emergente, en este caso la República Popular China– se ve obligado a lanzarse a aventuras guerreristas para evitar ser sustituido como hegemón global.
Esa trampa es la que motivó el secuestro de Nicolás Maduro y de su compañera, la asambleísta Cilia Flores, con el objeto de monitorear y condicionar la comercialización de crudo de Caracas. Esta razón es la que explica, también, el ataque conjunto de Washington y Tel Aviv contra Teherán. Venezuela e Irán vendían hasta hace dos meses el 20 por ciento de todo el crudo que compraba la República Popular China. Con ambas intervenciones, Donald Trump pretende ahogar energéticamente a China e impedir de esa forma su ascenso al primer lugar de la economía global. Tucídides no es quien anunció la única trampa. El segundo trance se vincula con el «Dilema de la Asimetría», que quedó en evidencia en las primeras dos décadas del presente siglo en Afganistán, cuando Washington no logró imponerse frente a los talibanes. Irán no puede derrotar militarmente a Estados Unidos e Israel.
La sobrevivencia del carácter islámico de su sistema político es asumida por los dirigentes de la teocracia como una victoria indudable. Las tratativas de paz que se desarrollan en Islamabad, en las que participa el vicepresidente estadounidense James D. Vance, son saboteadas por los bombardeos de Israel en el Líbano, donde Bibi Netanyahu busca anular a Hezbolá, con las mismas armas que erradicó a Hamás en Gaza. Del lado persa, por su parte, existen actores ligados a la Guardia Revolucionaria Islámica que incentivan la invasión terrestre estadounidense para humillar a los marines. Según el comunicado del 8 de abril del portal oficial del Tudeh –órgano del partido de izquierda más importante de Irán, proscripto por los ayatolas–: «la incitación a la guerra no se limita al gobierno de Netanyahu. Fuerzas radicales internas y varios comandantes y funcionarios de seguridad de la Guardia Revolucionaria Islámica también abogan por la continuación de la guerra para aprovechar la situación, intensificar la represión y ejecutar a presos políticos».
El «Dilema de la Asimetría» pone en evidencia que la abrumadora superioridad militar no alcanza para enfrentar una crisis multidimensional en la que las variables geopolíticas, económicas y logísticas terminan siendo más importantes que las capacidades bélicas. La paradoja central radica en que Washington puede ganar gran parte de las batallas y, sin embargo, perder la guerra. Victoria militar y fracaso estratégico aparecen como dos caras de la misma moneda. Trump busca una salida honrosa, después de ser empujado por su pretendido éxito en Caracas y por el aliento desenfrenado del premier israelí.
La complicación en la que se encuentra el magnate, devenido en presidente, tiene un cuádruple carácter: el militar, el geopolítico, el económico y el vinculado a la política doméstica. El primero, el estratégico, se relaciona con la incapacidad de torcerle el brazo a Teherán, respecto a la apertura del estrecho de Ormuz y a la capacidad de los iranies para dañar a las empresas hidrocarburíferas de los siete países de la península arábiga, aliadas de Washington. Ambas facultades generan un cuello de botella que termina gravando el precio de la energía a nivel global. El «Dilema de la Asimetría», frente a ese poder de fuego de Teherán, debilita la capacidad de negociación de Vance frente al ayatolá y la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés), y enrarece la política doméstica de los republicanos, condicionados por el aislacionismo característico del ecosistema MAGA. Dicho aspecto se complejiza debido a la decisión autónoma de Netanyahu de darle continuidad a su guerra contra Irán en territorio libanés por no ser incorporado a la mesa de negociación en Islamabad. Teherán no acepta negociar con Israel porque no reconoce su existencia como país soberano.
La encrucijada geopolítica, por su parte, se vincula con la crisis que se genera en la OTAN, iniciada con el abandono de Trump de la defensa de Ucrania, combinada con sus aspiraciones para apropiarse de Groenlandia y agudizada con la decisión de atacar a Irán, decidida junto a Netanyahu, sin realizar consultas previas con sus socios de la Unión Europea. La ampulosidad amenazante del presidente naranja ha instalado a la República Popular China como paradigma de la pacificación y como factor de estabilidad global. El rol de Xi Jinping ha sido central dado el histórico vínculo entre China y Pakistán. En forma concurrente, la crisis energética ha fortalecido a la Federación Rusa viabilizando el aumento de sus exportaciones de gas y crudo. Con esta guerra en Asia occidental, Washington ha conseguido lo que ha saboteado durante las tres últimas décadas: la ampliación del acuerdo estratégico entre Moscú y Beijing. El plan quinquenal 2026-2030, publicado un mes atrás, propone avanzar en los trabajos preparatorios del gasoducto Power of Siberia 2 que intensifican la cooperación energética entre ambos países, situación que Henry Kissinger advirtió como muy peligrosa.
Las consecuencias económicas se derivan del incremento del precio internacional de la energía, de los fertilizantes y de los insumos básicos para la producción de semiconductores. El aumento del petróleo, del gas y de los insumos utilizados para la producción agroalimentaria genera procesos inflacionarios que muchas economías tienden a combatir de forma unidimensional con la suba de las tasas de interés. Esta disposición suele redundar en el aumento de los intereses de las deudas y la consecuente caída de la actividad económica. Pese a la previsible irritación de Trump, es muy probable que la Reserva Federal se oriente a sostener o aumentar la actual tasa, que fluctúa en la actualidad entre los 3,50 y los 3,75 puntos de referencia.
Aunque se llegue a un acuerdo parcial en las tratativas en Islamabad, Trump seguirá en un atolladero. La recuperación del mercado energético y de las cadenas de valor alimentarias no volverá a los precios de enero de 2026. Aquello que los estadounidenses denominan «asequibilidad» continuará su derrotero de empobrecimiento generalizado, acorde a la debilidad industrial exhibida en comparación con China. Esta dimensión será probablemente la más importante en relación a las próximas elecciones de noviembre, donde no solo se juega la sostenibilidad legislativa, sino la posibilidad de que se lo someta a un impeachment. Trump está colgado de Netanyahu. Y Javier Milei está enganchado de la billetera del mandatario estadounidense. La soga puede cortarse.

Pagina12.com.ar
11 de abril de 2026

Columnista invitado
Jorge Elbaum
Sociólogo, Profesor de Sociología, Dr. en Ciencias Económicas. Periodista. Profesor Emérito de la Universidad Nacional de La Matanza. Exembajador extraordinario y plenipotenciario, Ministerio de Relaciones Exteriores. Ex director de la Escuela de Defensa Nacional, EDENA, (Ministerio de Defensa). Ex Director Nacional del PROGRESAR. Fue presidente del Llamamiento Argentino Judío e integra, en la actualidad, su Comisión Directiva. Sus últimos libros son: “Del atlantismo al polo euroasiático. El conflicto en Ucrania como anuncio de una nueva configuración global” (2024); “La OTAN contra el mundo. El conflicto en Ucrania como expresión del cambio de época” (2023); “Imperialismo pandémico. América Latina en la nueva configuración geopolítica” (2022); y “Efecto Nisman. Los usos políticos de una muerte” (2019).











