(viene de la edición anterior)
Hay muchos fracasados que no pueden volver a la actividad privada puesto que fueron dependientes públicos por espacio de décadas, ya sea como funcionarios de distintos niveles y reparticiones, legisladores u ocupando la gris zona de operadores lisos y llanos. Muchos de ellos son quienes predican para el mejor postor, guiados por un carguismo que tanto daño le hace a la acción de la política. Está en nosotros, en nuestra condición de ciudadanos de a pie, distinguirlos con claridad en sus pretensiones sólo de orden personal. En el barrio se los conoce como los “colgados de la teta del Estado”.
Tanto las grandes políticas como el camino de la historia vibran mucho más allá de las miserabilidades pedestres de quienes no dudan ni un segundo en cambiarse de camiseta y, mal que nos pese, ponerse a vender hasta a su propia madre por unos años más de la fresca sombra estadual. Ese andamiaje es el que hoy vocifera en contra de la querida Cristina, quien no debe dar muestras de lo que pueda hacer ya que cuando tuvo altísimas responsabilidades públicas lo dejó más que claro. Las dos veces que le tocó ser Presidenta de la Nación son una muestra contundente y a la vista.
Lo que ocurre es que quienes fingen demencia son convocados por la hegemonía mediática -desde ya- pero también por medios “supuestamente amigos”, que de la noche a la mañana la señalan como la mala de la película. En ese sentido, el posicionamiento de Roberto Navarro hoy, lo sitúa más bien en calidad de propagandista, como bien lo sindicara el periodista Horacio Verbitsky. Respecto de la deriva de C5N, hace rato que deja mucho que desear, a punto tal que se le notan las patas a la sota. A como dé lugar hay que jubilar a la lideresa del movimiento nacional.

Tanto estos como otros medios -varios de la virtualidad de la red- se aferran a los jugosos pautados que comienzan a llegarles desde la Provincia de Buenos Aires, bajo el juramento que impulsara el ex Presidente Alberto Fernández. Recordemos qué éste obligaba a unos cuantos miles a hacer votos de crítica perpetua a la compañera, a cambio de resolver algunas cuestiones ligadas a emolumentos mensuales. Es todo tan torpe e incierto que a poco andar se nota lo endeble de las críticas de quienes hasta ayer la vivaban, pero asombrosamente recién ahora se dan cuenta que sería la peor de todas.
Muchos, antes de nombrarla, deberían lavarse la boca. No sólo porque ellos también fueron parte de los días más felices, aquellos que nos legara la Década Ganada, sino porque estamos en presencia de una persona que debe ser respetada. Su condición de mujer también debemos recordársela a los kamikazes del cargo atornillado, como el hecho rutilante de ser una de las figuras públicas más importantes del planeta, en términos de líderes y lideresas que han hecho miles de cosas a favor de sus pueblos. ¿En serio que hay que recordarlo una y mil veces? ¿Hay que recordar que cumple condena sin pruebas y está proscripta?
El creador del sitio El Cohete a la Luna también supo rebautizar a uno de los sectores del panperonismo como Movimiento “Eguita”, en clara alusión al accionar de una parte de su camarilla de conducción, que nunca le hizo asco a cerrar acuerdos con el macriradicalismo antes y hoy con el macrimileísmo, mostrando una falta de principios realmente inquietante. Sin embargo, las bases de ese sector defienden a capa y espada a quien siguiera generando políticas públicas a favor de las mayorías, a posteriori de la muerte de su compañero de vida y principal aliado político.
La derecha sabe muy bien que cada vez que le pegan la hace crecer, algo que tarde o temprano quizás vuelva a ponerla en carrera para hacerse cargo de los destinos nacionales. No es casual que endurecieran las condiciones de su encarcelamiento domiciliario a posteriori que diera a conocer una fotografía con 9 economistas provenientes de todas las tribus pejotistas. Con la inteligencia y sagacidad de las que da cátedra, ella afirmó “es la economía, estúpido”. El Poder real le teme porque sabe de lo frondoso de su predicamento.
(continuará)
Marcelo Sapunar













