Si la historia la escriben los ke ganan…eso kiere decir que hay otra historia
“Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que entiendes, existen nueve posibilidades de no entenderse”
Lucía Isabel Briones Costa, escritora grutense, caracterizada por su crítica social e introducir un costado lúdico en sus textos. Así lo evidencian los títulos de sus libros: “Caleidoscopio” o “Antón Pirulero”. Esto nos muestra que ser escritor en esta época de mensajes rápidos, podría dar lugar a un nuevo género (que también plantea un juego interpretativo), donde toda la comunidad puede expresarse: “el collage de chats”. En esta ocasión, comienza por resumir el contenido de una entrevista por streem, que se le hizo al sociólogo Fortunato Mallimaci, quien explica cuál es el rol de la iglesia actualmente, sobre todo, luego de la partida del querido papa Francisco, el cura de los pobres.
Mallimaci sostiene que la Iglesia Católica es una institución que se piensa a sí misma en términos globales, pero que actualmente atraviesa una enorme crisis de autoridad, de estructura y de participación. En el escenario geopolítico contemporáneo, caracterizado por el avance de las extremas derechas y una profunda crueldad e individualismo, la iglesia se encuentra en una disyuntiva entre “repliegue” y “apertura”.
Ante un mundo hostil, la institución debate puertas adentro si replegarse en una identidad cerrada y dogmática por sentirse amenazada o continuar el legado de apertura hacia las mayorías y el diálogo con otras realidades (como el Islam o el Budismo). En este streaming, Mallimaci explica cómo los grandes grupos de poder económico, mediático y político a nivel mundial disputan y utilizan lo religioso como campo de batalla o como instrumento de apoyo a sus intereses. Para Mallimaci, el papado de Francisco funcionó -muchas veces en soledad- como el “último gran vocero de un humanismo” que puso freno conceptual a los abusos del capitalismo salvaje.

En esta entrevista, el análisis destaca que los documentos papales como “Laudato si’ y “Fratelli tutti” no son meras declaraciones teológicas abstractas, sino herramientas de lectura política global, porque las encíclicas están pensadas para el mundo entero partiendo desde “el fin del mundo”, lo que implica quitarle el histórico sesgo eurocéntrico al Vaticano.
Mallimaci subraya que el corazón de estos textos recupera la tradición más profunda de la doctrina social (la noción de que la propiedad privada está subordinada a la función social de los bienes) al situar a los migrantes, los descartados y los oprimidos como sujetos de derecho sagrados; las encíclicas se convierten en una crítica directa de los modelos globales de exclusión.
El sociólogo vincula los modelos de comprensión del cristianismo con la dinámica política, especialmente en América Latina y Argentina: observa, por un lado, que los grandes relatos políticos tradicionales (las vertientes socialistas, comunistas, liberales o la vieja democracia cristiana) han ido perdiendo peso o han abandonado la defensa irrestricta de ciertos valores humanistas en las últimas décadas.
Y, por otro lado, la oposición política muchas veces carece de un marco conceptual integrador y corre tras la agenda inmediata de los sectores dominantes o del impacto mediático. Al debilitarse la política territorial o la representación de base, las estructuras institucionales sufren un fuerte desgaste de legitimidad. Para el investigador, el gran desafío de los sectores populares y de la oposición actual radica en construir nuevas mayorías capaces de asimilar ese humanismo crítico y de traducir los discursos en prácticas reales y transformadoras frente al avance del libre mercado extremo.
Este enfoque nos invita a pensar las dinámicas locales, no de forma aislada, sino dentro de un entramado mucho más amplio.
En este collage de chats de un pueblo del sur, cerca del mar, como Las Grutas, Lucía muestra la fragmentación y, a la vez, la unión del pueblo oprimido de nuestra localidad. También nos deja entrever cómo se siente cercana a las víctimas de femicidios, tanto que comparte momentos muy íntimos de su vida familiar con mujeres y niñas (sus hijas y nieta) para mostrar “por qué nos matan”, y la respuesta parece ser: “por nada”, solo por ser…
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Nacidos y Criados (nyc) vs. Venidos y Kedados (vyk)
Cuando decidí dejar todo y venir a vivir a Las Grutas, me dijeron: “Está lleno de viento. Y el mar del azul más maravilloso que pudieras jamás imaginar”.
Nacidos y criados son los primeros pobladores, como los pulperos, quienes aún viven como en la prehistoria, sin agua, gas, ni cloaca, como esa abuela que vive apenas a unos metros de donde todos tenemos absolutamente todo lo que se les ocurra.
Ella es de los nyc, los nacidos y criados aquí, en la época en que San Antonio Oeste no tenía ni agua y todos esperaban al tren que la traía en sus vagones. Seguramente esta abuelita pertenecía a quienes desconocen los derechos de herencia sobre la propiedad. Porque cuando le pregunté:
– ¿Tiene escritura?
—Sí, nos las dio el dueño —me contestó…
Pero ¿qué dueño? Eso es totalmente absurdo, porque la constitución dice claramente que los dueños de la tierra son quienes, durante más de veinte años, han estado viviendo en un mismo sitio… Si la madre y la abuela vivieron allí, es su derecho, su reconocimiento a la constancia, al esfuerzo…
¿Quién habrá sido el que solo consiguió los papeles por el solo hecho de escriturar a su nombre cuánta tierra quiso? Ni idea. Porque no soy de aquí… Entonces, por supuesto que no me refiero a los pobladores originales, tan sufridos y ninguneados. Ni a los llegados obligados, integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, como policías, agentes de prefectura, etc., que hoy están aquí y mañana allá… como maleta de loco, sin arraigo.
Tampoco hablo de los otros “vyq”, venidos y quedados, los que, como yo, se dijeron ESTE ES MI LUGAR EN EL MUNDO. Un pueblo tranquilo para que los chicos crezcan en paz, anden en bici por las calles, sin la violencia y el estrés de las grandes urbes.
No, hablo de los otros. Los chimangos. Las aves negras de rapiña vuelan en círculos donde hay algún animal moribundo para luego atacarlo en picada, todos juntos, desde las alturas. Los que se dijeron: “A ver, ¿cómo hacemos todos los negocios posibles para dejar esto transformado en un páramo desierto?”. Para que el oro y la plata, vayan, directo, a sus bolsillos siempre hambrientos de codicia.
Porque el tema es que los políticos son unos verdaderos artistas, que vaya a saber cómo han logrado encandilar a todos para poner esa planta química de soda solvay, que hizo que las aguas dejaran de ser tan cálidas como antes… Es que la soda solvay es el precursor químico indispensable para la cocaína. Y entonces, “los negocios son los negocios”. ¿Y qué importa la posibilidad de turismo internacional para el avistaje de ballenas si las aguas fueran siempre cálidas y tranquilas…? ¿Qué importa que en Bahía Blanca, en el Puerto de Ingeniero White, las mismas fábricas de petroquímicos hayan hecho que se multipliquen tanto las ganancias de unos pocos como las enfermedades de muchos: la leucemia, el cáncer y la diálisis…
Por eso el negocio es dejar allá, en SAO, lejos, a los laburantes, que sobrevivan allí como puedan. Para que Las Grutas tenga esa onda country para ricos y famosos. Si es por poco tiempo, porque con el extractivismo del petróleo y la fabricación de la soda solvay este maravilloso paisaje se destruirá.
Si la planta química es una bomba de tiempo, ¿qué importa…? Ya volarán los chimangos sobrevolando el espacio para irse a otro lado a practicar la expoliación, es decir, no dejarán absolutamente nada en otro lado.
¿Para qué quieren la legislación de zona protegida para las aves que vienen volando de Canadá? Para mostrar en medio de folletos carísimos, del mejor papel, de vaya a saber qué negocio editorial. Porque los derechos de cuidar el ambiente son sólo lindas palabras en bellos folletos para cazar incautos.
Y entonces, los trabajadores seguirán aquí pagando carísimo sus alquileres y/o viviendo en pocilgas de casas de horribles planos allá, lejos, pagando colectivos para venir al trabajo. Porque los señores de los proyectos inmobiliarios, para seguir llenándose los bolsillos, en verano les cobran unos alquileres de oro a los turistas y, el resto del año, alquileres de plata a los laburantes. Negocios son los negocios…
Y pelearnos pobres contra pobres no sirve. Porque los de arriba son amigos desde siempre… hay que exigir que ya se construyan viviendas sociales y el derecho a una vivienda digna. Todos juntos, SAO y Las Grutas con el presupuesto participativo.
Pero en el fondo, creo que los chimangos siempre vuelan tan alto que todo será para su propio beneficio.
Y los de abajo no nos dimos cuenta de que este era su coto de caza privado… Y muchos, aún, lo ignoramos.
No nos damos cuenta de que, si nos uniéramos como se unen los de arriba , en vez de pelearnos como perros y gatos… Si nos juntáramos las sufridas víctimas tanto de Las Grutas como de SAO, todos juntos seríamos más…
La ley nacional de salud mental
Lo que muestra la tele es la carencia crónica de tratamientos de salud mental, agudizada por la pandemia. Y la necesidad de encararlos con profundo respeto a los derechos de los pacientes, como plantea la Ley Nacional de Salud Mental, votada por unanimidad en ambas cámaras y luego de largos reclamos, llevó a su reglamentación. Pero está muy mal implementada, porque jamás se destinó el presupuesto correspondiente para hacerla realidad. Hay carencias de profesionales formados en este campo en los hospitales del país y, más aún, en las fuerzas de seguridad, porque es terrible ver balazos en lugar de recibir un tratamiento digno.
Conozco a sobrevivientes de la iatrogenia psiquiátrica[1] y, como yo soy una de ellas, sé que es posible salir adelante de situaciones muy difíciles.
Parece que las mujeres que somos intelectuales y críticas molestamos. Y, como demuestra la vida de Sor Juana Inés de la Cruz en la excelente peli argentina “Yo, la peor de todas”, el objetivo fue destruirnos de todas las maneras posibles. En una época nos kemaron como brujas en el genocidio de la Inquisición, como lo hicieron con Santa Juana de Arco. Nos encerraron como locas y, de ser posible, nos mataron o simplemente nos borraron con el ninguneo.
La mejor interpretación de nuestra historia de mujeres, la encontré en la Agenda de las mujeres sabias, locas y transgresoras, 2004. Fue un regalo de la ex presa política y compañera peronista de la CTA pampeana, cuando me invitó al Encuentro de Género del Día de los Derechos Humanos de ese año, sabiendo que siempre me sentí de izkierda. Recordé ese texto cuando nos encontramos en Tecnópolis para presentar el libro on line www.nosotrasenlibertad.com
Hacía añares que no veía a las compañeras y por mi desmemoria, no recordaba casi a ninguna, pero fue un alegrón el reencuentro con ella, luchadora incansable por los derechos de género, con kién hemos compartido añares de lucha en la CTA pampeana.
Recuerdo cuando conocí hace añares el Taroth de Madre Paz. Allí, la Reina de Espadas se representa como la Reina de las Nieves, que aparece en el simbolismo de la peli Frozen para niños…Fue uno o dos años después de que pasó lo de la China. Entonces ya no recibía a todos los artesanos en el iglú. Se habían acabado esos hermosos tiempos de verlos llegar en la temporada, alegrando el largo invierno con el entusiasmo de kiénes, como venían con sus artesanías e instrumentos musicales, no encontraban sitio en los campings, que entonces estaban llenos de carpas.
Estaba una vez en mi puesto de artesanías, con mis pilchas en telar, macramé y varios tejidos, cuando una pareja de artesanos le comentó a mi vecina del puesto que no había lugar en ningún camping. Que todos estaban llenos:
—Pero si donde nosotros estamos, hay espacio —le dijo ella.
-—Fuimos y nos dijeron que no.
—¿Y qué van a hacer?
-—Y… Tendremos que ir a otro lugar, a otra feria, a otra ciudad.
Entonces les dije que en mi iglú había espacio para su carpa. Como necesitaba pagar mis atrasadísimos impuestos municipales, les cobraría una suma mínima, pero podíamos compartir el baño y la cocina.
Y así fueron llegando los artistas y artesanos. El límite de personas era “33”, por el número del pabellón de Devoto, donde fuimos a parar las presas políticas de Olmos y porque 33 es la edad de Cristo, el número clave para comprender la propia biografía según la antroposofía. Porque es la edad donde decidimos qué haremos con nuestra vida. Un vivir al dope, como en esas canciones de la recontra otariez del programa de la madrugada: “¿A kién le importa lo que yo haga, a kién le importa lo que yo diga…Yo soy así y nunca cambiaré?” O decidir dedicar nuestra vida a un fin noble, a una pasión que le dé sentido … Lo explica clarísimo Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis en “El hombre en busca de sentido”.
Para poder tener lugar para la ducha de agua caliente antes de ir a la feria artesanal, habíamos hecho una lista en la heladera. Kién estaba primero, pasaba al último lugar al día siguiente. Compartíamos el desayuno y el almuerzo. Nos organizábamos en grupos de dos o tres para preparar la comida para todos. Esa era la consigna. Todos compartiríamos una buena comida, indispensable para kiénes pasamos en la feria artesanal, como nosotros, eso de “tanto vendemos, tanto comemos”.
Entonces el tema fue resolver el problema de los carnívoros, los naturistas y veganos, y los simplemente hambrientos. Lo solucionamos en una especie de asamblea matutina, a la hora del desayuno, que era totalmente libre. Estaban los que calentaban el termo para ir a su carpa. Otros, como Fosforito, el Sebastián, explicaban el calendario maya. Sacábamos una carta del tarot de Osho. Y en esa onda, compartíamos los desayunos con kiénes kerían hacerlo. Onda, el desayuno era un espacio de amplísima libertad. Pero la obligación era garantizar el almuerzo a todos.
Cada grupo de menú, de dos o tres integrantes, decidía qué comida preparar con lo que tenía. La consigna era: LO QUE SE COME, SE REPONE. Aceite, yerba, azúcar, arroz, fideos, polenta. Y si faltaba algo, lo compraba el minigrupo. Porque había kiénes podían y compartían sus manjares con la mejor onda. Y no daba para dividir el valor y que cada uno pusiera esa suma, porque había kiénes no podían hacerlo por la carencia de venta. O porque se habían patinado todo con sus amigos, contaban otros chusmetas.
Lo hicimos varios veranos. Fue un tiempo mágico. Después… (Qué importa del después) No abrí más el iglú en verano para todos. Solo para kiénes conocía muy bien, desde que pasó lo de la Chinita Andrea Galdamez. Lo que le hicieron a ella fue atroz…Una salvaje violación grupal para el Día del Estudiante de 2011.

La China había ido a un asado de los artesanos. Luego se supo, por kienes no habían sido invitados a la ‘festichola’, que habían sido policías locales. Ella se despertó cuando el mar le mojaba los pies en la playa, a la altura de los médanos. Lo único de lo que se dio cuenta fue que, si no regresaba, el mar se la llevaría. Sin saber cómo, pudo llegar a la casa donde le alkilaban una habitación.
Llegué por casualidad, porque ella le había vendido unos aros artesanales a una anciana que venía a un taller que organizaba entonces en el iglú, de tejer cuadraditos para hacer una manta para el Hogar de la Abuela Juana, un asilo de ancianos de la zona, que siempre necesita ayuda solidaria y que aún no conozco. Venían unas pocas mujeres, y la invité a la Chinita. Fuimos juntas a las clases de yoga de Anamá, con Marcela y la panadera de la otra cuadra.
La Chinita había venido a preguntarme en Semana Santa si podía poner su carpa en el iglú.
—Sólo lo hago en el verano —le dije.
Por mi sistema nervioso, siempre flojón, por los sustitos acostumbrados de mi ex, en las fechas en que me encontraba con mis hijas. Algún apriete de guita o algo grave a personas keridas, para nuestros cumpleaños y las fiestas del Día de la Madre o Fin de Año.
—Pero sí puedo darte un trabajo: pasar uno de mis escritos.
Ella trabajó pasando en su net “LOS LIBROS DESAPARECIDOS DE LA FERIA DEL LIBRO PORTEÑA”, que llevé en un fascículo a la Primera Feria del Libro de Darwin, el 24 y 25 de junio de 2011, cuando me habían invitado a presentar “CALEIDOSCOPIO”. Ahora es una de las crónicas de “AGUAFUERTES MARINAS”, edición artesanal AUKA CHE MAPU, 2012. Me contó que era traductora de inglés y se notaba que sabía usar su compu e incluso me corrigió con sapiencia algunos temas de ese escrito.
Después se fue al Bolsón. La habían invitado a pintar un mural allí, me contó Marcela, cuando le pregunté si podía mencionarla en mi escrito semanal para la página de mi editor: www.marcelosapunar.2021.com. literatura. Lucía Isabel Briones Costa.
Regresó, pocos días antes de la fiesta del estudiante, cuando me preparaba para mis sesenta años. Volvió a preguntarme si podía poner su carpa akí.
—Hace mucho frío para carpas—le expliqué—. Pero podemos seguir trabajando juntas, yo te pago por carilla y podemos compartir mates y comida.
Entonces vino al taller de tejido de cuadraditos y a yoga. No suelo preguntar, sino solamente escuchar lo que me cuentan. Viejos hábitos de la cárcel. Y, además, todos saben que escribo. Pero vino mal, porque al llegar, le faltaba su documento, que estaba segura de tenerlo, porque se lo habían pedido en el viaje.
—Tenés que ir a la policía a declararlo —le dije. Aquí te pueden llevar en cana si estás indocumentada. Y los documentos originales se cotizan caro en el mercado negro.
La acompañé. No le kisieron recibir la denuncia de extravío o robo de su documento. Por la hora. Uno de los canas señaló un cartel con el horario.
—Venga mañana.
—Pero no puede estar sin documentos—me exalté.
—Nosotros cumplimos órdenes. Y respetar el horario es una de las consignas.
Entonces, al día siguiente la acompañó Marcela, amiga desde que llegué al iglú y con kién integramos las Juanas Azurduy junto con Lucía Salvaterra, de San Antonio Oeste, para estudiar las leyes de protección a las mujeres y niños víctimas de violencia.
Nos reuníamos en un club de fútbol de SAO una vez por semana, hasta que, por razones políticas, se dividió la CTA en las Cristinas —peronistas— y las Juanas, nosotras. Después seguí con Lucía, que impulsaba la CTA, y nos reuníamos en el local de la UNTER, donde durante años me impidieron ser parte del gremio por no tener aportes a la cuota social.
Fue inútil intentar explicar a Susana Jerez y a los secretarios posteriores que tenía mis aportes al gremio docente de la Pampa e integraba la CTA. Tampoco entendían que entonces trabajaba en el taller de encuadernación de mis libros artesanales con Ayelén: AUKA CHE MAPU, como para que yo no me rayara, haciendo kilombos al dope…
Un día vino la Chinita a contarme que la anciana del grupo del tejido artesanal de cuadraditos le había comprado un par de aritos. Y que no tenía guita, que me lo daría a mí.
—¿Y cómo te encuentro? No sé dónde estás.
—En lo de Cruz, frente a la Mutual de la Policía.
—¿Y eso dónde queda?
—A una cuadra del salón San Cayetano de Cáritas.
—Cerkita del iglú, genial.
Así pude encontrarme con la señora, que, sabiendo de la carencia, me acercó ella misma la plata de los aritos.
Cuando estábamos sentadas en la playa, redactando el recurso de amparo, ella reconoció a dos de sus abusadores. Uno era el vecino de “EL LEÓN” y el otro, su acompañante, el paseador de perros, que después sería la pareja violenta de otra compañera.
Yo kedé tururú cuando la acompañé a la Chinita a hacer la denuncia al hospital de San Antonio Oeste y después a la policía, porque allí no quisieron recibirla si no hacía previamente la denuncia. Fuimos juntas.
Con la declaración, regresamos al hospital, donde un chabón que dijo ser médico policial le hizo un tacto dolorosísimo en el lugar donde había sido violada. Y le puso en el certificado que no había absolutamente nada. Por si fuera poco, le negaron la medicación para el HIV, que era lo que ella exigía. Que tenían sólo para sus pacientes. Y como “el hecho” había ocurrido en Las Grutas, le correspondía dársela al hospital grutense. Regresamos y fuimos al hospital grutense. Solo tenían medicación para los pacientes locales.
Finalmente fui a ver a kién conocía de Mujeres grutenses, la esposa del bibliotecario que asesoraba legalmente entonces. Ella fue al hospital. Y supongo que compró la medicación para la víctima, que la necesitaba con urgencia porque su hermana le había comprado el pasaje de regreso a Bs As para el lunes.
Era un día de elecciones cuando estábamos juntas redactando el recurso de amparo.
—Lo mejor es que lo hagas manuscrito —le aconsejé— porque los estudios de los peritos calígrafos pueden certificar la autenticidad.
En eso estábamos cuando pasaron ellos… Al chabón de “EL LEÓN” lo saludé porque lo conocía bien: me había hecho la instalación de gas y agua caliente con su hermano durante casi un cuatrimestre, al llegar al iglú. Yo lo saludé. Y la Chinita se puso a gritar: – ¡¡¡Hijos de puta!!! Se hacen los otarios…Mariano…
—Es Alejandro—le dije.
Ella le decía Mariano.
Fuimos a enviar por fax las fotocopias de las declaraciones médicas al Juzgado de Viedma. La del hospital de SAO, donde negaban todo, y la del hospital grutense, que tenía unas indicaciones inentendibles, que después supe que explicaban que había sido con un objeto contundente, ocasionando escoriaciones.
Una vez, estaba escribiendo “EL-ARTE- TODO-LO-KURA” mientras veía por la tele cómo avanzaban las topadoras en el Hospital Borda, contra los profesionales de salud mental, periodistas y pacientes que eran reprimidos frente a las cámaras del mundo.
Justo había acompañado a la Princesa de Espadas a dicho hospital, a un hermoso y cálido taller de terapia ocupacional, donde los pacientes, luego de internaciones y de asistencia al hospital de día, aprendían la encuadernación artesanal de YBYTU. Compartí una jornada y viví la excelente enseñanza, en un ambiente amable de respeto y un almuerzo nutritivo con los pacientes que me mostraron la producción que vendían de unas bellísimas agendas y unos poemas.
Luego los acompañé a una Feria del Libro Independiente que se hacía atrás de la Iglesia de Pompeya, en un espacio cuidado donde había una tarima para música, y cada grupo tenía lugar para tres temas, en un espacio donde estaban desde músicos rockeros, de folcklore, de cumbia y raperos con música clásica.
En ese sitio, donde estaban los stands de libros y revistas, vendían comida vegana muy cuidada y allí estaba el stand de YBYTU. Nos acompañaba una profesional con años de estudio en la UFLO, que estaba cursando el posgrado por completo ad honorem. Ella había guiado a la Princesa de Espadas del TAROT MADRE PAZ, quien pudo terminar su secundario rindiendo Matemáticas y Filosofía con un saber mil veces superior al que yo había visto en esa materia en la Universidad del Comahue, en la carrera de Lengua y Comunicación. Esa profesional la había ayudado con la mejor onda.
Esa vez cuando estaba escribiendo, miraba por la tele las topadoras, imaginando a los pacientes y esos profesionales tan sensibles, haciendo frente al atropello a los derechos de los pacientes y profesionales de Salud Mental, de prestigio internacional, pisoteados por un posible negoción inmobiliario. Se decía que por la Ley de Desmanicomialización, iban a tirar abajo los hospitales de Salud Mental: el Hospital Borda, de hombres, el Moyano, de mujeres y Tobar García de menores. Y que se construirían unas torres allí.
Aunque estuve detenida desde el 25 o 26 de septiembre hasta el 30 de diciembre de 1978 en la Unidad 20 del Servicio Penitenciario Federal, dentro del Hospital Borda, sólo conocí esa casita, que supuse que tal vez había sido la vivienda de los médicos.
Lo que sí conocí fue el Hospital Moyano, porque la condición sine qua non para mi libertad había sido que mis padres se comprometieran a llevarme allí para continuar el tratamiento.
El “tratamiento” recibido en la U20 consistió en administrarme una medicación psiquiátrica que me borró por completo toda la memoria. En tres meses de drogas, me dejaron la mente en blanco, tábula rasa. No recordaba nada de nada. Había dado clases de historia a las compañeras hasta ese momento y había estado estudiando el libro de historia medieval que le había pedido a papá que me llevara. Era el segundo tomo de “LA EDAD DE LA FE” de Will Durant. Cuando a mis padres les dijeron que había sido trasladada y pidieron mis pertenencias, le entregaron ese libro, comido por las ratas.
Había elegido ese texto porque la situación en la cárcel de Devoto me resultaba absolutamente insoportable. Y nada mejor que estudiar algo para estar mejor. La historia medieval, de mil años de antigüedad, había sido una de las materias de la Universidad del Sur que me había quedado pendiente de profundizar. Y como estaba prohibidísimo casi todo, suponía que ese libro del historiador católico podría pasar la censura. Y ese tomo era de “La historia de la civilización medieval (cristiana, islámica y judaica) desde Constantino a Dante (325-1300)”; era un tema muy interesante.
Hacía añares que era totalmente atea, específicamente desde que supe que me habían mentido cuando era alumna del Colegio del Huerto de Tucumán, y un sacerdote había contado cómo era el hambre en la China: que solo comían gusanos porque no tenían nada para comer. Solicitaba una donación para esos niñitos hambrientos y, al día siguiente, cada alumna llevaba la donación a la bolsita del limosnero, que era de una tela muy bella, de terciopelo, creo, de un color tal vez verde oscuro o color obispo.
Cuando estudié en la carrera de Historia de la Universidad Nacional del Sur , en la China de Mao Tse-tung, hacía añares que no entraban los sacerdotes, me preguntaba, indignada, dónde fueron a parar mis monedas. Y allí surgió mi ateísmo.
Pero estudiar LA EDAD DE LA FE en la cárcel de Devoto era una comprobación de peleas infames por el corpus de la fe. Parecían barras bravas impidiendo la llegada a los concilios de kiénes consideraban que Dios era uno y los otros, que creían que era trino. Y con zancadillas no alcanzaban a llegar a esa reunión de los obispos, que decidirían cómo era el tema. Además de las masacres de las cruzadas contra los musulmanes, hubo la cruzada contra los albigenses, en Francia, donde persiguieron a muerte a los cristianos cátaros, que practicaban el ascetismo y eran vegetarianos y pacifistas, compartiendo lo que tenían en común, como había hecho Jesús.
Pero cuando salí de la U20, no recordaba absolutamente nada. Miraba el libro y ni siquiera podía leer. Era como si mirara las letras y entraran por un lado y salieran por otro, sin dejar nada en el coco.
Pero en la U20, me había aparecido milagrosamente la fe. Me habían encerrado en una habitación donde solamente dejaban un colchón y una frazada a la noche, que luego del cambio de guardia retiraban para darme el desayuno: un tachito de mate cocido aguado con algo de leche en polvo y un pan.
Había estado con los calambres en la última sanción en los calabozos de los chanchos de Devoto por vaya a saber qué razón. Y ese largo mes en esa celda de castigo, que solo tenía una cama de metal y, aunque pedía ir al baño, la celadora parecía sorda. Y terminaba por hacer pis en el suelo. Entonces aparecía la bicha para decir:
-¡Qué olor!, ¡Qué mugrientas son ustedes!
-Le he pedido para ir al baño.
Y sin mirarme, seguía diciendo:
– ¡Qué vergüenza! ¡A ustedes no les enseñaron educación!
Había terminado el sancionón, que fue después del Mundial ’78. Tal vez como vendetta por la visita de los DDHH, en la que una compañera por pabellón llevaba los reclamos de todas. Esa había sido la visita de los organismos internacionales de derechos humanos, la mítica época en la que nos dieron una presa de pollo asado para comer, en vez del infame guiso tumbero.
AUKA CHE MAPU – (la gente rebelde de la tierra)
Postscriptum de la realidad: Décadas después, mientras estas líneas circulaban en el mar digital de los textos compartidos, la bandeja de entrada de mi correo electrónico trajo la prueba irrefutable de que la memoria no es un asunto del pasado, sino una causa abierta:
⦁ De: Sasha Docampo ⦁ sdocampo@mpf.gov.ar

⦁ Para: Lucía Isabel Briones Costa
⦁ Asunto: Contacto – Unidad Asistencia Causas Violaciones DDHH dictadura (Unidad 20 – Hospital Borda)
“Estimada Lucia, Mi nombre es Sasha Docampo y trabajo como abogada en la Unidad Asistencia para Causas por Violaciones a los DDHH durante Terrorismo de Estado, del Ministerio Público Fiscal de la Nación… Me comunico ya que, desde la Unidad estamos trabajando en una causa vinculada a hechos ocurridos durante la dictadura en la Unidad nro. 20 en el Hospital Borda. La causa tramita con el nro. 1455/2024 ante el Juzgado Nacional Criminal y Correccional Federal N° 3… El motivo de este mail es ponernos en contacto y a disposición porque entendemos que puede estar interesada en la causa, dado que hemos visto algunas menciones a ello en sus escritos en medios digitales…”

Columnista invitada
Lucía Isabel Briones Costa
“Mi pecado fue terrible: quise llenar de estrellas el corazón de los hombres” decía el poeta… Desde los lejanos años de estudiante del profesorado en Historia en la Universidad Nacional del Sur, dediqué mi vida a la educación. En los tiempos previos a la dictadura de 1976 enseñaba en una vieja aula de la Facultad de Agronomía el bachillerato de adultos, tarea compartida con los compañeros, casi todos presos políticos después en Bahía Blanca. Cuando era rector Remus Tetu se hizo una razzia contra docentes, no docentes y estudiantes, especialmente contra los alumnos de Humanidades, Sociología y Economía. Estaba terminando mi carrera, cursando las últimas materias cuando fui detenida y puesta a disposición del PEN, el Poder Ejecutivo de la Nación, durante tres años y tres meses, hasta diciembre de 1978. Estuve en las cárceles de Villa Floresta, Olmos, Devoto y los tres últimos meses en la U20, la cárcel dentro del Hospital Borda, donde un prolijo tratamiento con drogas psiquiátricas hizo borrar totalmente mi memoria. Así me dejaron en libertad, diciéndole a mi padre: “Su hija es irrecuperable, será un vegetal hasta el día de su muerte. Que Dios les de la Santa Resignación”. Gracias a haber encontrado la ayuda adecuada pude recuperar, poco a poco, la razón perdida. Y me fui a La Pampa, donde fui docente de escuelas primarias y secundarias en la pequeña localidad de 25 de Mayo y en el Terciario de Formación Docente de Catriel, Río Negro. Recién en 1997, pude terminar mi profesorado en la Universidad del Comahue, para cuando mis compañeras de promoción de la Universidad del Sur ya estaban por jubilarse. Luego comencé la maestría en Historia Latinoamericana de los siglos XIX y XX, la cual se interrumpió cuando la Universidad no podía pagar a los docentes, varios doctores en Historia. En ese tiempo de docente rural comencé a escribir narrativa, tarea que continué al jubilarme en el bello mar de Las Grutas, en Río Negro. Seguí escribiendo con la alegría de dar un legado en su educación a mis hijas: la mayor psicóloga y la menor, maestra y profesora de Historia, ambas egresadas también de la Universidad del Comahue.
Notas
[1] La iatrogenia en psiquiatría es un daño o efecto nocivo no deseado en la salud mental que se produce a causa de un tratamiento, un medicamento o un diagnóstico médico
Corrección de estilo, Kassandra Argañaraz












