
“El conductor de “La venganza será terrible” recibió la distinción en la Facultad de Ciencias Sociales
“Alejandro Dolina recibió el Doctorado Honoris Causa de la UBA
“El escritor, músico y conductor de radio fue destacado como “una personalidad fundamental de la cultura argentina”. Hubo un divertido y profundo intercambio con Gabriel Rolón.
““No puedo evitar sentirme un poco farsante, un poco impostor”, dijo Dolina en la ceremonia. ENRIQUE GARCIA MEDINA
Las luces y los murmullos se apagan. Un silencio reverencial antecede el aplauso efusivo que inunda el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y todos los presentes se ponen de pie: Alejandro Dolina –escritor, músico, conductor de radio y varias cosas más– hace su entrada triunfal que es, al mismo tiempo, modesta. Dolina tiene una altura considerable pero a veces puede pasar inadvertido porque se inclina hacia adelante y ensaya una pequeña reverencia ante ese público que supo construir a lo largo de los años. Con ese gesto agradece la presencia, tal como lo ha hecho durante décadas en las puertas de las radios o los teatros donde se ha presentado para hacer su mítico programa, La venganza será terrible (LVST). Así, con la genuina modestia de quien se siente un “impostor”, camina por un pasillo repleto de sonrisas, flashes y manos extendidas.
“El último viernes, Dolina recibió el Doctorado Honoris Causa (reconocimiento de más alta jerarquía que otorga la UBA), y el acto tuvo la dosis justa de protocolo –el que exige este tipo de eventos– e irreverencia para desterrar cualquier rastro de solemnidad. El encuentro fue, tal como adelantó la locutora de la casa de estudios, un “homenaje a una personalidad fundamental de nuestra cultura”. Desde el fondo de la sala llegaban cada tanto algunos gritos: “¡Genio!”, “¡grande!”, “¡maestro!”. Y una voz osada lanzó: “¡Curanos el alma, doctor!”.
“Vida y obra de un espíritu renacentista
“El vicedecano de FSOC, Diego de Charras, fue el primero en tomar la palabra y explicó que la propuesta de este reconocimiento siempre surge de la comunidad educativa, en este caso de las carreras de Comunicación y Ciencia Política. “Alejandro Dolina es una de las mayores expresiones de la cultura popular argentina. Esta es una facultad joven, vivió con mucha intensidad los finales de la década del ’80 y principios de los ’90; en esos años, la figura de Dolina circulaba como un Ángel Gris por los pasillos de nuestra casa, que fue paseando por varios puntos de la ciudad hasta llegar a esta sede en Constitución. Alejandro atraviesa la formación de nuestros estudiantes”, subrayó, y agradeció a varias personas, entre ellas a la histórica productora de LVST, Maica Iglesias, y a uno de los principales impulsores de esta idea: Juan Ignacio Provéndola, docente y periodista de Página/12.
“De la mesa participaron el rector de la UBA, Ricardo Gelpi; el director del Ciclo Básico Común, Felipe Vega Terra; y el director de Ciencia Política, Miguel de Luca. Larisa Kejval, directora de Ciencias de la Comunicación, fue quien leyó el elogio académico donde se repuso la multifacética obra del homenajeado, pero también algunas curiosidades biográficas como su doble nacimiento: el administrativo (el 25 de mayo en Baigorrita) y el empírico (el 20 de mayo en Morse, donde se hallaba la partera). He aquí el primer capricho, ”una bifurcación vinculada al relato”, porque con él nace también “una forma de contar”. Se habló de su “formación bífida” y su paso fugaz por la Facultad de Derecho, que respondía más al deseo de seguir a sus amigos que a una verdadera vocación. Dolina incursionó en literatura, poesía, historia, música y filosofía e hizo del amor, la mitología, la amistad y el humor “sus temas”.
“La laudatio recorrió su paso por el mundo publicitario y la radio, donde se sigue desempeñando con notable vigencia (de martes a sábados a la medianoche por AM 750). Tan conocidos como Dolina son los personajes que salieron de su imaginación: el Che Pibe de la publicidad para el Banco Popular Argentino, el Sordo Gancé con su segmento musical en LVST o el Ángel Gris de su obra literaria (hoy una plaza de Flores lleva su nombre, algo que revela “el triunfo de la prosa, la demostración de que la ficción puede cruzar la frontera de la página e intervenir sobre la realidad”).
“LVST fue definido como “el programa que supo azuzar el oído de los desvelados, de los noctámbulos, de las poetas malditas, de los errantes y los solitarios”. ¿Programa de radio, radioteatro, obra, café concert, programa de streaming? Muy pocos podrían responder esa pregunta y, quizá por esa capacidad de eludir las clasificaciones, se mantuvo al aire durante más de 40 años bajo distintos formatos e incluso llegó a competir contra sí mismo en términos de audiencia. “Desde La Venganza ninguna noche fue igual. No volvimos a sentirnos solos ni solas, y Dolina, en conjunción con su equipo, se transformó con el tiempo en un integrante de ese grupo selecto que hemos denominado, con bastante precisión, animales de radio”, destacó Kejval.
“También se ponderó su faceta literaria y un estilo que, además de tener “una prosa florida, astuta, alegre y poética”, apuesta a la “captura de un decir, un fraseo popular”. “Se puede ser popular y masivo sin subestimar al público”, remató Kejval, y continuó con la enumeración de sus creaciones musicales, entre ellas la opereta Lo que me costó el amor de Laura y el disco Tangos del Bar del Infierno. Dolina es un renacentista: escritor, ensayista, observador, actor, conductor de radio, cómico, guionista, filósofo, orador, pensador, músico y, además, “un eximio volante central”. La de Dolina es “una obra que ya forma parte del reservorio popular”: Kejval recordó las famosas berlinesas, su defensa de Maradona o el hecho de que “ya no podamos enjabonarnos tranquilos sin recordar que le estamos pagando el sueldo a Majul”.
“El apellido de Dolina se convirtió en adjetivo, algo a lo que muy pocos acceden. Durante el acto ese cariño se expresó en aplausos, emoción y vítores. En la platea estuvieron presentes muchos conocidos del universo dolineano: sus hijos, Ale y Martín, junto a Manuel Moreira (quienes conforman el Trío Sin Nombre), los miembros actuales de LVST, Patricio Barton y Gillespi, y colegas que siempre declaran su admiración como Rep, Adrián Lakerman, Marcos Aramburu o Tomás Quintín Palma. La foto final con la platea sintetiza de algún modo la potencia de esa comunidad que lo sigue hace décadas; hoy todos esos que lo escucharon en sus noches de insomnio se alegran de este logro. Kejval advirtió que el doctorado no pretende ser “epílogo, cierre ni palmadita en la espalda” sino “aventón, shock adrenalínico y estímulo” para continuar. “Estamos pagando una deuda con alguien que ha contribuido tanto al vasto universo de la comunicación”, remarcó.
“Una escenita académica con Rolón
“El homenajeado expresó su alegría pero, como de costumbre, aludió a lo trágico: “Las alegrías, después de cierta edad, vienen acompañadas de una deliciosa melancolía, de una noble tristeza, no porque uno sienta los achaques sino porque comprende mejor la naturaleza humana. Mis compañeros de la facultad eran muy alegres, pero no se olvidaban de esa condición trágica. No poder disfrutar enteramente de esta alegría me alegra muchísimo”. Y ponderó la “reflexión”, el “amor” y la “comunión” de esa alegría personal que de pronto se vuelve colectiva.
“También se refirió a las dinámicas educativas y sostuvo que por lo general “el compañero es preferible al profesor” porque “está más cerca, te ayuda a buscar el conocimiento y el sentido”. Pero además blanqueó su sensación personal con respecto al doctorado: “No puedo evitar sentirme un poco farsante, un poco impostor. Evidentemente no provengo del mundo académico, pero voy a rogar que nadie diga que yo provengo de la universidad de la calle porque no es un foro muy adecuado para formarse: las cosas que se aprenden en la esquina no son académicamente interesantes”. Esa aclaración despertó risas.
“A continuación, hubo un cambio de tono: Dolina le pidió a su amigo y compañero Gabriel Rolón –histórico partenaire en LVST, escritor y psicoanalista– que lo ayudara con el “agradecimiento más completo y más sincero”. Lo que siguió fue una charla tan profunda como hilarante, una escenita teatral improvisada, un ping-pong entre un estudiante de doctorado y su evaluador. Rolón se mostró emocionado desde el inicio por esas “palabras justas y maravillosas” dedicadas a su amigo. En ese intercambio aparecieron algunas citas a Unamuno, Spinoza, Kierkegaard, Pascal, Schopenhauer y Wittgenstein. “He tardado toda la vida”, confesó el evaluado sobre su tesis conjetural. El objeto de estudio, confesó, son “esas cosas que a nadie le interesan”: la poesía, el arte, el amor, la música, la ciencia. “Yo digo que no sirven para nada desde el punto de vista mercantil, pero la poesía sirve para seguir vivo”.
“La dupla sobre el escenario resucitó el espíritu original de La Venganza, un programa que sigue vigente y adoptó nuevas formas. Por momentos se recrearon esas dinámicas de perfecto entendimiento entre los dos. “¿Sabe para qué construimos la historia?”, preguntó Dolina. “¿Para qué?”, retrucó Rolón. Y el pie encontró su remate dolineano: “Para que venga usted y la cante”. Esa breve intervención reubicó al psicólogo en el histórico lugar de partenaire y cocreador. Desde ese rol disparó varios tópicos: el elogio del enigma, el gusto de Dolina por la incertidumbre, su terror ante la inmensidad, la relación entre el amor y el conocimiento, la fascinación por la mitología, la belleza, los misterios del lenguaje, el deseo, la tensión entre el libre albedrío y el determinismo. “La pregunta abre; la respuesta clausura. Yo quiero seguir preguntándome”, aseguró el autor de Cartas marcadas, y también se permitió discrepar con una frase del pasado muy citada: “No hay mejor amor que el que nunca ha sido”. “Yo creo en el deseo de desear. El cumplimiento del deseo es también su clausura”, matizó.
“El momento dedicado a la mitología fue uno de los highlights. Dolina la definió como “ciencia reemplazada por la poesía” porque “hay metáfora para todo” y ciertos mitos funcionan como verdaderas “obras artísticas”. Después de desplegar varios conceptos alrededor de esas ficciones, procedió a narrar el mito de Odín: durante esos minutos se generó en el auditorio un clima de fogón, un silencio atento para seguir el relato y las peripecias del héroe, para captar las inflexiones en la voz del narrador. Un regreso a la infancia y a la fascinación por escuchar una buena historia. En Dolina conviven todas esas facetas: es el hombre que se puede reír de un chiste picaresco sobre psicoanalistas y sexólogos y, al minuto siguiente, narrar con soltura los detalles de un mito nórdico o citar de memoria una frase de Pascal. O de hacer humor con el periplo de Orfeo, el héroe que “usó el arte para el fin más noble: salvar a su novia del Hades”, quien con su canto logró “suspender por un ratito los tormentos del infierno”.
“Finalmente, con voz quebrada y ojos llorosos, Rolón dijo (en su nombre pero también en nombre de todos los presentes): “Gracias por su generosidad de toda la vida. Gracias por abrir puertas que no se hubieran abierto nunca. Gracias por ser un verdadero ejemplo de lo que un artista y un pensador tiene que ser. Gracias por esta vida juntos, Alejandro. Yo pensé que la UBA no me podía dar un regalo que me emocionara más que mi título de psicólogo, que tanto me costó”.

“Para el cierre Dolina leyó un texto de agradecimiento (“una idea que ya he utilizado, como todas”, bromeó) y, luego de ser auxiliado con destreza por su compañero para sortear un ingrato ataque de tos, con esa voz teatral que tantas veces rompió la monotonía del éter, recitó este “soneto de estupor”: “El premio no se sabe en qué consiste / ni qué entidad oscura lo decreta, / las normas que lo rigen son secretas, / caprichos de un jurado que no existe. / No se informa jamás quién lo ha ganado / y habrá quien sin saber ya lo tiene. / ¿Qué elección, qué propósito se tiene?, / ¿qué mérito será recompensado? / No es medalla, ni estatua, ni diploma, / ni halago de la fama pretenciosa. / Si es que nadie lo da, nadie lo toma, / y es ganar y perder la misma cosa. / Absurdo y misterioso es el camino; / así otorga sus premios el destino”.
“Una reflexión en privado
“Minutos antes del inicio del acto, Dolina llegó a la sala de prensa de FSOC para charlar un rato con algunos medios. Página/12 estuvo presente en esa previa y pudo capturar reflexiones que, por breves, no perdieron espesor. “La Venganza ha durado demasiado, por lo tanto, no ha sido un programa sino muchos. Cuando empezó era más divertido y menos profundo; no sé con qué me quedo. Yo soy una persona que ha durado también: no he sido una persona; he sido muchas”, aseguró. También aludió a la universidad de la calle y dijo: “Las cosas que yo he visto ahí son tan tremendas y tan poco académicas que hacer un esfuerzo por graduarse en ese foro es un error”.
“El rol de la universidad pública es para Dolina “proveer a la gente de un derecho central que es el de instruirse y disfrutar la felicidad que da el conocimiento”. Consultado sobre el vínculo entre el saber y el amor, opinó: “Cuanto más se cultiva el ser humano más comprende que, si no hay un reconocimiento del otro, no hay convivencia posible. Las personas que piensan en su conveniencia y defienden esa individualidad de un modo violento están en contra de la cultura, que es transmisión, legado, contacto, relaciones interpersonales y comunidad. La educación es uno de los pocos momentos de comunión humana”.


“Pagina12.com.ar
“Laura Gómez
“5 de setiembre de 2026”.
Foto Enrique Garcia Medina













