(viene de la edición anterior)
Si hace, porque hace, si no hace porque no hace. Quieren que hable pero cuando lo hace tratan que se calle. La figura redonda y única del liderazgo dl que nos toca ser contemporáneos, se recorta tan rutilante como prometedora. En ella se fijan millones de argentinos, a tal punto que hasta el propio Marcelo Longobardi -que a lo largo de décadas fungió como una de las voces de la oligarquía- se asombra de lo que dicen los estudios serios acerca de la ex Presidenta.
Con una adhesión que supera el 38 % es quien lidera cualquier compulsa en lo atinente a imagen positiva, por sobre Milei, Macri y compañía. Pero hace algunos días, en una reunión política, una abogada que previamente se había definido como “cristinista”, dijo de manera tajanta y sin dobleces, que no había forma que su petición de justicia ante Naciones U/nidas resultara positiva. Hay muchas personas operando así.
Primero se manifiestan adherentes casi fanáticas a la lideresa para, acto seguido, comenzar a cuestionrla. Algunas veces en forma sutil y, cuando advierten campo propicio para su operación de desgaste, arremeten mostrando por entero las uñas. Se trata de seres humanos sin principios, cuyo panóptico podemos ddefinir que va desde la envidia -brutal- lisa y llana, hasta la petición de un cargo, que ya tendrían apalabrado con algún “dirigente” intermedio.
Utilizo las comillas en torno a la palabra dirigente porque muchas veces se trata de aquellos y aquellas que detentaron un cargo, asumiendo una responsabilidad a lo largo de aquellos maravillosos 12 años y medio de lo que identificamos como la Década Ganada. Pasa que hoy buscan refugio bajo un alerito que muchas veces terminan encontrando entre los abultados recursos que dispone la larga mano de los secuaces de Peter Lamelas.
Mientras el embajador yanqui, presuroso, dijo que se haría cargo de este destino para asegurarse que nuestra compañera estuviera presa, recibe a varios de los que se hacen llamar compañeros, aunque siempre están listos para patear para el equipo de la entrega nacional. Ponele el nombre que quieras si esto qu digo suena fuerte, pero a la luz de los hechos, incluso, ya me estaría quedando corto.
La traición de Kicillof cada vez nos cuesta más cara. Primero, cuando votó el acuerdo ruinoso con el FMI que postuló el ex Presidente Alberto fernández, consolidando todo lo actuado por el ex Presidente Mauricio Macri en la materia, Luego, negándose a ser candidato a presidente en 2023, tarea que asumió gustoso Sergio Massa. Pero nunca olvidemos que cuando decidió desdoblar los comicios, propició que perdiéramos las elecciones de medio término.
La culpa de todo la tiene Cristina, es la muletilla permanente de que dispone la ultraderecha y que, muchos de los que integran el fuego amigo despliegan con con lña sobreactuación de los conversos. Pero el gobernador bonaerense es el que se da el lujo de dividir los bloque de Unión por la Patria en varios partidos de la provincia de Buenos Aires. Alguien tendría que preguntarle de qué forma contribuye, tal cosa, a la unidad que tanto cacarez.
(continuará)

Marcelo Sapunar
Nota
Cristina en la Asamblea General de las Naciones Unidas, año 2015













