
“Una masiva movilización por el Ni Una Menos copó el Congreso
““Vinimos a pasarnos todos los pueblos”
“A once años del primer Ni Una Menos, los feminismos desbordaron la Plaza del Congreso. Fuertes críticas al gobierno de Milei por desarmar y desfinanciar las políticas de género.
““Vinimos a pasarnos todos los pueblos”, dice el cartel inmenso. Lo sostienen entre varias y todavía hay aire entre ellas en la Plaza del Congreso. Dentro de una hora no entrará ni un alfiler, algo similar a lo que sucedió 11 años atrás cuando nació en este país la consigna “Ni Una Menos”. Esta vez, inesperada, masiva, con dolor y con la insistencia de imponer un “basta” que despliega todo tipo de significados: contra los femicidios y con un desprecio explícito al gobierno antifeminista de Javier Milei. Una llamada desde la rabia después de tres femicidios -el de Agostina en Córdoba, el de Dulce María en Misiones y el de Noelia en Temperley- que vuelve a poner en la conversación pública un límite a la violencia de género que la extrema derecha no logra torcer.
“Pasadas las seis de la tarde, el documento fue leído por la cantante Cazzu, que este año encabezó la lucha por una ley que permita suspender la responsabilidad parental cuando uno de los progenitores incumple sus obligaciones, y por la actriz Thelma Fardin, que viene batallando con el poder judicial por los abusos sexuales en la infancia. Se subieron al escenario rodeado de calles desbordadas de gente de todos los géneros y de todas las edades, una plaza que saldó la discusión sobre si los varones tienen que estar o no. Transgeneracional y transversal, como esa obstinación que tienen los feminismos en este país de no cerrar la lucha a una agenda monocorde.
“El documento leído por Cazzu y por Thelma Fardin se alzó como una denuncia contundente contra el “antifeminismo de Estado” y las políticas de ajuste y crueldad promovidas por el gobierno de Javier Milei. Los parlantes no daban abasto para que se pudiera oír en la plaza, sin embargo se produjo un efecto de voz a voz y resonó como si fuera un eco de las oradoras: “Nuestras vidas no son desechables”, esa parte del texto se ovacionó como queriendo afirmar algo que parece obvio pero que no es. Se habló también de que este gobierno es machista, racista y saqueador y se mencionó el proyecto de ley de la senadora Carolina Losada, argumentando que busca blindar la pedofilia y silenciar los abusos: “No hay falsas denuncias, faltan denuncias”.
“Además de los y las cientos de miles que se convocaron hay otro número contundente: desde aquel 3 de junio de 2015 se registraron al menos 3.205 víctimas de femicidios. Esta última palabra pudo, después de ese año, ponerse en el lugar de “crimen pasional” y también fue la figura jurídica que instauró un protocolo para que las muertes de las mujeres se investiguen de una determinada manera. Contra eso va el gobierno libertario pero también contra el despliegue de sentidos que se expandieron en esta década caracterizada por la ampliación de derechos -el acceso al aborto seguro, legal y gratuito, el cupo laboral trans, entre muchos otros- y contra el enorme proceso de politización que hizo que un piropo ya no sea gracioso, que la mayoría sepa de qué se está hablando cuando se habla del trabajo de cuidados y que Educación Sexual no suene a explicar cómo se pone un preservativo.
“La lucha es una sola
“Anochece y sin embargo todo crepita y es porque hacía muchos años que un 3 de junio no convocaba a tantas personas. Tuvo la particularidad de que fue miércoles, un día que lleva la marca de la represión a los y las jubiladas: “Hoy pudimos hacer una picardía”, dice Dolores, que va al Congreso todos los miércoles desde hace dos años y medio. Ahora sostiene la bandera y rodea la plaza riéndose porque el día vino acompañado de una treta a la policía que la reprime todas las semanas: “Llegamos antes de que pusieran las vallas, no tenían ni puestos los cascos para pegarnos, se empezaron a llamar unos a otros”, cuenta y larga una carcajada. El plan fue ir temprano y dar las vueltas de todos los miércoles para burlar el protocolo que les tiene de punto. Dolores tiene 72 años y trabajó en la Universidad de Buenos Aires como personal no docente, se le corta un poco la voz cuando relata: “Los feminismos tienen que estar con los jubilados y los jubilados con los feminismos, la lucha es una sola”.
“Las vallas que eludieron y que a la tarde sí rodeaban el Congreso fueron capturadas por un grupo de artistas del Conurbano que pintaron los nombres y los rostros de Agostina, Dulce y Noelia como si fueran un mural. Además, trastocaron una frase que muchos contemplaban con sorpresa: “Cada 31 horas un hombre se convierte en femicida”.
“Los barrios vuelven a la calle
“La precariedad y el ajuste hizo que en los barrios populares se replegaran las mujeres que encontraron en el feminismo un modo de expresión y de militancia activa: “Hace tiempo que no veíamos esta necesidad tan profunda de volver a encontrarnos en la calle. Y tiene que ver con que las violencias crecieron, pero también con que hay una reacción colectiva frente a tanto odio, tanta crueldad y tanto intento de disciplinarnos”, dice Norma Morales, militante popular feminista que reconoce la dificultad que había en los barrios para movilizarse teniendo que sostener el desborde de necesidades que produce este ajuste descomunal: “Como decía el papa Francisco, hay que volver a humanizar nuestra sociedad. Y eso significa volver a poner en el centro la solidaridad, el cuidado y la empatía”. Para ella, que reaparezca el feminismo popular es una gran victoria: “Es muy importante estar acá para decirles a nuestras pibas y a nuestras cuidadoras comunitarias que no están solas. Que frente a este contexto tan duro hay una comunidad organizada dispuesta a defender la vida, el trabajo y la dignidad. Las discusiones impostergables hoy tienen que ver con cómo vivimos las mujeres y diversidades en este contexto de ajuste. No podemos hablar de violencia de género sin hablar también de hambre, endeudamiento, precarización laboral y desmantelamiento de las políticas públicas de cuidado”.
“A pasar los pueblos que hagan falta
“Sol Rutigliano tiene 29 años y estudia Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires. Recuerda que su primer acercamiento con el feminismo fue cuando estaba veraneando en Miramar en 2001: “Me acuerdo del impacto que me generó. Ver cómo el pueblo y el movimiento feminista salía a la calle a pedir justicia por Natalia Melman. No podía entender cómo habían asesinado a una chica que apenas tenía algunos años más que yo. Vi a una comunidad movilizarse y principalmente a las mujeres, exigir justicia y acompañar a una familia atravesada por el dolor”. Esta escena que tiene más de un cuarto de siglo se reconfigura en un escenario en donde el dolor por la muerte de una niña conmueve, da bronca y hace estallar un movimiento que en Argentina fue brújula de un temblor que recorrió el mundo. Para Sol hay una pregunta clave: ¿cómo seguimos construyendo una sociedad que no naturalice la violencia contra las mujeres y diversidades en un contexto donde muchos de los consensos conquistados parecen estar siendo cuestionados?
““Estamos a 10 femicidios de un mundial”, decía otro cartel de los ocurrentes y de los que van al hueso, que buscan no solo crear complicidad entre sino abrir la conversación a todos quienes estén dispuestos a escuchar. Eso pudo verse en la previa, en una llamada a la plaza que incluyera a varones que en otras ocasiones se sintieron desplazados: Jerónimo tiene 14 y junto a su hermana Priscila sostiene un cartel que dice: “Que estar viva no sea un milagro”. Es la primera vez que viene a una marcha feminista, dice que tuvo Educación Sexual Integral en la primaria y que también es parte del centro de estudiantes de su colegio, en donde la mayoría son mujeres: “Hablamos de los temas y a mí me abren la cabeza, tenía ganas de venir a esta marcha porque los varones somos parte del problema pero también tenemos que ser parte de la lucha para que las cosas estén mejor”, dice, y su hermana, un poco mas grande que él, lo mira con ternura.
“Once años después
“El registro etario es variado, pero la cuenta matemática deja ver que en la plaza hay chicas que ni siquiera habían empezado la primaria cuando sucedió el primer Ni Una Menos. Con menos glitter pero más combativas, otras ya son abuelas que pelearon por el aborto legal y siguen insistiendo en que no se es feminista por ser mujer ni por querer la igualdad sino por imaginar un mundo mejor para vivir. “Hubo columnas inmensas de centros de estudiantes, pibas y pibes cantando, agitando y transmitiendo una fuerza conmovedora”, dice Norma, ya de regreso a su casa en el colectivo. “Fue una fuerza que me atravesó hasta las entrañas. Vi algo hermoso: cuatro generaciones caminando juntas, tomadas de las manos, abrazadas, cantando y gritando con fuerza. Chicas y chicos de distintas edades, algunas con sus madres, con sus amigos, con los pañuelos verdes o las cabezas rapadas unidas por una misma certeza. No vamos a permitir que nos persigan y nos criminalicen por ser feministas, por ser de la diversidad sexual, ¿desde cuándo? Estamos pasadas de deudas y de angustias, las cargamos todos los días, estamos hartas de la crueldad, pero no nos vamos a dejar arrebatar el futuro”, el testimonio lo da a pocos minutos de llegar a su casa en Dock Sud, Avellaneda.
“Entrada la noche, Dora Barrancos retrasa la salida de la plaza. Quiere quedarse un rato más ahí, entre otras feministas. Con su bastón -que apenas apoya en el suelo- se gira para no abandonar la contemplación de la multitud: “Estamos frente al contra backlash, ya era la hora, hay una reacción extraordinaria, algo que sabíamos que iba a ocurrir”.
“Su testimonio es una prueba latente de que este movimiento vuelve fértil el suelo sobre el que camina. El mismo suelo que la extrema derecha usa como laboratorio de crueldad y extractivismo radical, también es un lugar en el mundo en el cual ya hasta cuatro generaciones pueden plantarse y decir basta para demostrar, como dice Dora, que “el feminismo no es cosa de mujeres sino de la dignidad humana”.
“Pagina12.com.ar
“Euge Murillo
“4 de junio de 2026”.
Foto : Leandro Teysseir













