Lo conocí en forma remota, cuando organizaba un ciclo para encontrarnos con la obra de su colega, el mendocino Jorge Viñas. Me llamó la atención su perfil bajo abocado, quizás como una constante, a la labor creativa. Ismael Guerrero, a quien podrás escuchar a tris de un clic, líneas abajo, resultó una caja de sorpresas que conocer.
A una anécdota le sigue otra. Nuestra conversación crece en torno a todo lo que deja traslucir la construcción de canciones que conforman el acervo nacional. Se trata de verdaderas gemas que forman parte del corazón de millones de nuestros hermanos y hermanas. Ese es el lugar tan íntimo como insondable en el que este hacedor nos deslumbra.
Versos y melodías que acompañarán por siempre a los pueblos de los que surgieron, convirtiéndose en clásicos a partir de su condición de folclóricos. Hallazgos que hacen que nos entendamos en poesía, en torno a la guitarra. Hablo de fogones, mateadas, encuentros, asados y toda festividad que se precie. Hablé con un grande y quiero que escuchés de va nuestra tenida. Para alquilar balcones, dirían en el barrio.

Entrevista: Ismael Guerrero, 23 de diciembre de 2025






De puño y letra
Ismael Guerrero
“Ismael Guerrero es mi nombre artístico. Mi nombre real es José Ángel Guersenzvaig. Nací en el barrio de Almagro, Capital federal.
“Mi infancia transcurrió frente a la plaza Amagro, calle Bulnes 447, en los consabidos juegos infantiles de toda índole.
“A los 13/14 años, en medio del un colegio secundario Nacional Mariano Moreno, sin gran participación de mi parte, y a raíz de contar en mi casa con un aparato tocadiscos con buenos parlantes, me interesé vivamente en la música. Folclore, tango, música clásica, jazz; mayormente compartida con mi hermano Natalio. No participábamos de ningún tipo de música estentórea ni chabacana. En mi caso abandoné el colegio secundario, que retomé nocturnamente años después y asumí un puesto de cadete de envíos en una farmacia y luego en una empresa de construcciones. Solo para ocupar el tiempo y tener algún dinero propio. “Recuerdo que mi primer sueldo en la empresa citada era de 700 pesos, año 1960.
“Ya a partir de mis 22 años y vinculado a mi interés por la letrística de nuestra música y a la incitación a leer libros de poesía que ejerció una noviecita de ese tiempo, me fui adentrando en ese campo intentando ponerme a prueba escribiendo canciones.
“Pasado el tiempo llegué a los 26 años a enviar una zamba con letra y música propia a la organización de un festival de folclore, en el Teatro IFT, que se realizaría a fines de 1968. Para ello debí conseguir la ayuda de un músico que pudo escribir la partitura, era un tiempo sin caset y desde la marginalidad más absoluta. La obra Zamba Cañera, dedicada al conflicto social derivado del cierre de Ingenios en la Provincia de Tucumán, fue elegida y participó en ese festival, en el puesto de interpretación número 23, por un amigo de la ciudad de Campana.(Buenos Aires). Fue un festival pleno de participantes del Nuevo Cancionero.
“Pasaron años sin relevancia musical, si familiar con el nacimiento de mis dos hijos.
“Su madre Andrea me vinculó familiarmente, de modo político, con su prima Melania Pérez.
Con su hermano David Pérez compusimos una chaya, Chaya Cañera, que fue grabada por Las Voces de Orán y el Dúo Abramonte. Allá por el año 1973, con esa grabación pude ingresar a Sadaic, rindiendo el examen de ingreso como autor, con Eladia Blázquez y Armando Tejada Gómez como jurados.
“Hasta que en 1983 me relacioné de modo azaroso con Jorge Viñas. El resto está grabado”.
Algunas obras


















