Cuando la Argentina decidió enviar tropas al Golfo Pérsico a comienzos de los años noventa, rompió algo más que una tradición diplomática: abandonó su histórica ambigüedad estratégica. Tres décadas después, el ofrecimiento de desplegar fuerzas en la Franja de Gaza de Milei a Trump reabre una pregunta incómoda: ¿qué implica, en términos de riesgo y posicionamiento global, intervenir en los conflictos más sensibles del sistema internacional?
El giro de los noventa
Bajo la presidencia de Carlos Menem, Argentina participó en la coalición internacional durante la Guerra del Golfo y posteriormente en tareas de desminado bajo mandato de Naciones Unidas. La decisión fue presentada como un acto de inserción responsable en el “nuevo orden mundial” posterior a la Guerra Fría.
El movimiento tuvo lógica geopolítica: alineamiento con Estados Unidos, búsqueda de respaldo financiero y reposicionamiento global. Pero también tuvo consecuencias en términos de exposición. Las “relaciones carnales” de Menem con Bush y Clinton tuvieron sus pro y sus contra. No es intención en esta nota analizarlo, la mayoría de los argentinos las hemos vivenciado.

Entre 1992 y 1994 se produjeron en Buenos Aires los atentados contra la Embajada de Israel en Argentina y la AMIA. Las investigaciones judiciales apuntaron a actores vinculados a Irán y Hezbollah. Aunque no existe una sentencia que establezca una relación causal directa entre el envío de tropas y los ataques, en el debate político y académico se consolidó una hipótesis: el abandono de la neutralidad histórica incrementó la visibilidad y, con ella, la vulnerabilidad.
La ecuación no es mecánica, pero sí estratégica: mayor alineamiento explícito reduce la ambigüedad y eleva el perfil del país en conflictos que exceden su región.
El presente: Gaza como nuevo punto de inflexión
El ofrecimiento del presidente Javier Milei de desplegar tropas argentinas en la Franja de Gaza -en sintonía con posiciones sostenidas por el presidente estadounidense Donald Trump- reintroduce esa discusión en un contexto internacional distinto pero igualmente volátil.
A diferencia de los años noventa, el sistema actual es multipolar y fragmentado. Las amenazas ya no se expresan únicamente en atentados tradicionales: incluyen ciber-ataques, desinformación, presión diplomática y acciones híbridas. Sin embargo, la lógica básica de exposición permanece latente.
Si el despliegue se realizara bajo mandato de la ONU y con perfil humanitario, el riesgo sería acotado. Pero si la participación fuese percibida como alineamiento militar directo en un conflicto altamente polarizado, la Argentina volvería a situarse en el radar de actores que operan en clave asimétrica.
Neutralidad, alineamiento y costo político
La cuestión de fondo no es moral sino estratégica. Todo país define su política exterior en función de intereses, alianzas y cálculo de costos. La neutralidad absoluta rara vez existe; lo que sí existe es el grado de visibilidad y el tipo de compromiso asumido.
En los años noventa la apuesta fue clara: inserción occidental plena. El saldo aún se debate. Hoy, cualquier decisión de involucramiento en Medio Oriente debe considerar no sólo el impacto diplomático inmediato, sino también el historial argentino y las lecciones aprendidas.
Mayor protagonismo internacional puede traducirse en mayor influencia. Pero también implica asumir riesgos que no siempre son controlables.
La pregunta, entonces, no es si Argentina puede enviar tropas. La pregunta es si está dispuesta -y preparada- para gestionar las consecuencias estratégicas de hacerlo.




Columnista invitado
Juan Rozz
Historietista, guionista, cuentista, escritor. Columnista en Revista TUHUMOR, edición digital, colaborador en NAC & POP Red Nacional y Popular de Noticias. Autor del libro “Historias de Desaparecidos y Aparecidos”, Acercándonos Ediciones. Creador de “El Caburé Peña de Historietistas” y “El Caburé – Cooperativa Editorial”. Creador, productor radial y columnista de “Gorilas en La Plaza” – EfeEmeUnydos. Colaborador en “Rebrote de la Historieta Argentina”. Colaborador en “Web Guerrillero” – Periódico Digital Internacional. Colaborador en “Museo de la Palabra” – Fundación César Egidio Serrano.










