A propósito de Literatura y revolución. Ensayos argentinos. De Mariano Pacheco (Rojas, Nido de Vacas, 2026)
El enérgico título de este nuevo trabajo de Mariano Pacheco, Literatura y revolución, duplica el de un conocido libro de León Trotsky del año 1924. En sentido estricto, con ese título, el gran revolucionario fijó un plan de trabajo que fue retomado, una y otra vez, con resultados dispares, durante los últimos cien años.
Trotsky contribuyó como pocas y pocos a introducir en la tradición marxista revolucionaria la reflexión sobre el vínculo entre arte y política, entre arte y revolución, en fin: la pregunta por el gobierno de la imago (y por la imago del gobierno). Asimismo, ahondó en el vínculo entre fuerzas sociales y literatura y visibilizó sus vasos comunicantes; propuso un ejercicio que consistía en identificar en las palabras las marcas de las clases dominantes y de las clases subalternas. Y aunque tan agudo ejercicio, luego, se fue degradando hasta hacerse fórmula y burocracia, su lucidez fundacional se mantuvo inconmovible. Claro está, para permanecer fieles a esa lucidez fue necesario abandonar los determinismos y las simplificaciones que el propio ejercicio habilitaba y dar cuenta de las mediaciones (e inscripciones) menos directas y obvias, develar agenciamientos colectivos, trazar cartografías más detalladas, detenerse en diversas intensidades.
Más que las afiliaciones (ideológicas, partidarias, identitarias), más que los motivos que obsesionan a las escritoras y los escritores, Mariano se detiene en la tozudez de algunas tradiciones, en la pregnancia de algunas invariantes y en las virtudes instituyentes del lenguaje. Esa es la vía que elije para analizar el ligamen de fuerzas sociales y literatura, ese es su método para rastrillar en textos insignes las marcas de la dominación-opresión (de clase u otras). De alguna manera, considera que ese universo posee el mayor valor referencial (más que las cualidades de los temas, de la rigurosidad de los conceptos o de la relevancia de los asuntos), lo concibe como un ámbito donde se libra una batalla fundamental, donde se producen las rupturas más tajantes y las subversiones más radicales.

Para componer una nueva expansión de un tema tan argentino como inagotable, Mariano Pacheco recurre a autores como Raúl González Tuñón, David Viñas, Manuel Puig, Juan José Saer, Néstor Perlongher, Rodolfo Fogwill, León Rozitchner y Ricardo Piglia.
Ese tema imposible de gastar, claro está, no es otro que la atmósfera (densa) que ha invitado a escribir en este país y que remite al remolino incesante de literatura y política, entendida esta última en su versión radical, es decir, como revolución en un sentido integral.
Mariano da cuenta de una escritura que no solo se constituyó como instrumento de una lucha poética contra los fantasmas de la muerte, sino de una escritura que tuvo que salir a la arena intempestivamente, con accesorios fortuitos o escasos, para librar una lucha más prosaica: social, política y libidinal, en escalas micro y macro, de modos subrepticios o frontales.
Mariano distingue una dialéctica de la épica y la lírica que le imprime movimiento a la literatura nacional. Va siguiendo su filigrana serpenteante. Expone su composición a base de mixturas y pendencias (polémicas), de reciclajes y traducciones, de parodias y estados de trance, de montajes e ironía demoledora, de voces y ecos.
Nos recuerda que se puede arribar a una encrucijada política (revolucionaria), por los caminos más disímiles: desde socialidades mayores y socialidades menores, desde lo cultural o lo libidinal, con austeridad o con barroquismos, con ataques frontales o fugas, con sordidez o sensualidad, con ejércitos o circos, con acontecimientos históricos masivos o con intimidades pueblerinas, con estilos solemnes o amanerados, con alta literatura filosófica o con páginas hijas del peor reviente lumpen. La revolución (o, en general, la política), en todo caso, es lo que le otorga una cuota de homogeneidad a un subsuelo literario nacional.
Y es que, casi siempre, alguna urgencia histórica gobernó la invención literaria en esta tierra inarmónica, condicionó contenidos y formas (si es que tal distinción tiene algún asidero a esta altura), influyó en los recursos y en los hechizos. De alguna u otra manera, la mayoría de nuestras escritoras (están ausentes en este libro y claman por comparecer en el próximo) y nuestros escritores siempre son, de mínima, pensadoras críticas y pensadores críticos.
Producir textos que funcionaran como fechas que dieran en algún blanco: ese fue un imperativo categórico (conciente o inconciente) de la literatura nacional, desde sus inicios. Por eso, entre las mejores obras de nuestra literatura, no hay libros escritos con fines sustitutivos (de la vida). De esto modo, entre nosotras y nosotros, no hay narrativa dominante que valga.
Las condiciones de este proceso constitutivo conspiraron siempre contra la egolatría de las escritoras y los escritores nacionales. Su necesidad de ser oídas y oídos siempre tuvo, en la superficie o en el fondo, motivaciones colectivas, lo mismo que su deseo de que lo escrito sucediera de algún modo.
En una época histórica sumamente propicia, Mariano pone el ojo en la mirilla del calidoscopio de la literatura y revolución y propone retomar la reflexión sobre un signo. Las mejores páginas de nuestra literatura, han fructificado en situaciones de guerra o, de algún modo, emparentadas con la guerra, con una guerra diluida, difusa. Han sido compuestas como canciones desesperadas. Nuestra literatura está imbuida de antagonismos irreconciliables, manchada de sangre, está hecha de diversas opresiones, cubierta de mugre. Quienes la produjeron tuvieron que vadear ríos de mierda, padecieron destierros, persecuciones, discriminaciones, olvidos. Fueron carne de terrorismo estatal o de edictos policiales.
Como heredero de esta tradición fatal, Mariano es perseverante y dice lo que tiene que decir. Desde la trinchera (o la guarida) del ensayo, ejerce una prosa ágil y despejada, una crítica literaria menguada de vicios académicos, no exenta de tonos callejeros que le sirven para traspasar la frontera que divide la literatura de la vida. Buena parte de la originalidad de la producción de Mariano proviene de sus condiciones de lectura, de su entrenado olfato para hallar en el fárrago literario alguna carroña o alguna joya política. Afirmamos que ninguna erudición podrá competir con la ubicuidad estratégica de Mariano a la hora construir una mirada original y profunda.
En síntesis, Mariano Pacheco nos invita a pensar colectivamente posibles fundamentos y lenguajes para una nueva poética que sea capaz de inspirar, al unísono, procesos literarios y procesos político-revolucionarios.
Lanús Oeste, 16 de abril de 2026

Columnista invitado
Miguel Mazzeo
Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesor titular regular de la UBA y de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa). Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC-Facultad de Ciencias Sociales-UBA) y de la UNLa. Educador popular, participó y participa de espacios de formación de diversas organizaciones de Nuestra América. Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile, Perú y el Estado Español; entre otros títulos se destacan: ¿Qué (no) Hacer? Apuntes para una crítica de los regímenes emancipatorios; Introducción al poder popular. El sueño de una cosa; Poder popular y nación. Notas sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo; El socialismo enraizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de “Socialismo práctico”; El hereje. Apuntes sobre John William Cooke; Marx populi. Collage para repensar el marxismo; La comunidad autoorganizada. Notas para un manifiesto comunero













