El uno de uno
Para salirse de uno y llegar a otro
hay que empezar por meterse en uno,
a fin de saber quién es el uno
que uno le va a ofrecer al otro.
Al meterse en uno,
uno recibe la sorpresa de que uno no es uno
sino un uno hablado por las lenguas de ellos.
La navaja de Buñuel puede ayudarnos a que uno
finalmente, destrabando el trabalenguas,
sea el uno de uno y no de ellos
para que entonces uno sí pueda llegar al otro.

Córdoba
i
De pie frente al micrófono
un mechón partiendo el ojo izquierdo por el medio
tenías esa manera tan especial de nombrar al corazón.
Tu cuerpo siempre a contramano del vestido
de lo que indica la ortodoxia
de tal modo que se hacían inevitables
los roces inorgánicos de la tela con tu piel,
todos esperábamos el momento
en que el tango llegara a la palabra corazón.
Alzabas tu mano derecha y cóncava como buscando
[ una respuesta
y la posabas sobre tu pecho izquierdo y convexo,
lo recorrías hacia abajo
olvidando el índice en el lugar imaginado del pezón
y entonces
mientras el aire se replegaba como un vendaval
volcabas hacia nosotros tu mano tu índice tu pecho
y el corazón.
ii
Contra el empapelado de florcitas
el boxeador soñaba campeonatos y tiraba golpes
[ a su sombra.
La sombra más delgada que se haya visto sobre un ring.
La sombra esparcida con letra despareja
en un cuaderno más cerca del abandono que del nocaut.
El boxeador no se juntaba con los estudiantes,
[ salvo con uno.
La lucha de clases son pavadas de cajetillas, decía
mientras golpeaba con furor su sombra.
iii
El paso del tiempo borronea el aspecto de los
[ adversarios,
un joven poeta en vías de ateísmo y un franciscano
[ cuarentón.
Fueron testigos una docena de tamales
media damajuana de vino tinto
la celda de un convento centenario
con amplios jardines y muebles de madera oscura.
La poesía corría y el ajedrez evitaba que la injuria
[ corriera.
Se despidieron en la madrugada.
A uno lo esperaba el Chaco indígena,
al otro el enrarecido aire del cine La Bolsa.
vi
Bibliografía consultada por orden alfabético:
Alicia de pelo rojo, Jorgelina tan dispuesta y Mabel
[ detrás del humo.
Eran imbatibles en el billar
pero no muy confiables en cuanto a su ideología
pero quién podría olvidar el brillo de sus ojos
pero adónde las llevaría el tranvía de madrugada.
Sentados al borde de la bronca los vecinos
estiraban sus orejas indignadas.
Los estudiantes que frecuentaban el lugar
se recibieron de diversas materias.
vii
Escribir poesía es un acto de amor
se escuchó a mediodía por la radio, hay testigos.
Los académicos, sorprendidos en su buena fe
no lo admitieron ni lo negaron
aunque el mal gusto había sido evidente.
La sagrada proporción suspiró aliviada
cuando supieron que solo había sido
la irresponsable declaración de un joven poeta.

Montevideo
i
Ella tenía un cuerpo rotundo y fácil y frágil.
Frágil a la manera de un continente, como un viaje
[ por los continentes.
Fácil no es la carne no lo es el hueso.
Ella era una noticia sorprendente y sin pudor.
Huía por los senderos en un pequeño carro blanco,
[ vendía pájaros ajenos
se enamoraba en modernos automóviles,
[ era coleccionista.
A su cuerpo entraban y de su cuerpo salían otros
[ cuerpos.
Lo digo atropelladamente porque así ocurría.
Su cuerpo era campo propicio para la astronomía.
iii
Aquellos buenos filmes en blanco y negro.
Aquellos días grises, lejos de todo color y contrabando
de castaños rojos verdes amarillos y azules
a los que es tan afecto el mundo.

Columnista invitado
Luis Alfredo Villalba
Nací en Mendoza cuando empezó la segunda guerra mundial y seis años antes de que la palabra perón dejara de ser una variedad frutal. Puedo resistir todo excepto la tentación, decía Wilde. Por eso escarbé en la literatura, el espectáculo y el cine, con el descaro de la juventud y la frescura de la vejez. Sueño con el socialismo libertario porque futuros eran los de antes.
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