La deforestación, un drama en la Argentina actual
Para introducirnos en el tema, atendamos a este ilustrativo texto de Wikipedia:
«Área forestal.
«En un libro publicado en 1889, Gustavo Niederlein estimaba de manera rudimentaria la superficie forestal argentina alrededor del 1900 de la siguiente manera:
«370.000 km2 con árboles de bosques densos subtropicales; 195.000 km2 con árboles de bosques ralos de la formación del monte; 12.000 km2 con árboles de bosques antárticos; 776.500 km2 con árboles solos o mezclados con otras diversas formaciones…
«(Gustavo Niederlein, La importancia ignorada de nuestros bosques)
«Entre 1880 y el 2003 fue destruida aproximadamente el 78% de la cobertura forestal nativa de toda Argentina. En 1900 el 37,7% de Argentina estaba cubierto de bosques, montes y selvas.
«En 1914, dada la Primera Guerra Mundial y en vistas del enorme valor económico de las áreas forestales en Argentina se realizó el primer censo forestal. Tal censo (con las limitaciones de la época -muchas zonas cubiertas de bosque resultaban poco o nada accesibles-) verificó la existencia de 105.888.400 ha.
«En 1937 se sanciona la ley 12.343, que ordena la realización de un censo agropecuario en toda la República Argentina. El censo se publicó en cuatro tomos e incluyó datos sobre el área forestal en Argentina, calculando que el bosque nativo tenía una extensión de 37.535.308 ha. El censo mostraba también un grado de intervención significativo en gran parte de los bosques y selvas de Argentina.
«En el año 2002 se culminó el Inventario Nacional de Bosques Nativos (efectuado con metodología científica a través de imágenes satelitales) indicaba la existencia de 33.200.00 ha de bosques (y en este caso, en su mayor parte muy degradados y con grave pérdida de biodiversidad).
«De este modo en el período 1914-2004, por talas, incendios y desmontes Argentina había perdido ya más del 60% de sus recursos forestales. Un informe de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable del año 2014 concluye que Argentina había perdido ya más del 60% de sus recursos forestales. Probablemente esté enfrentando en las últimas décadas, uno de los procesos de deforestación más fuerte de su historia debido a incendios, introducción de ganado en el bosque, desmonte para cultivar, entre otras causas (es decir, casi siempre por actividad antrópica). Desde comienzos de este siglo se profundizó el reemplazo de los bosques por agricultura (principalmente por el monocultivo de soja). Hacia el 2013 Argentina en su área no tropical era el país no tropical que sufre más deforestación al ser taladas 34 ha/día, algunas de las zonas más estragadas son la región chaqueña argentina por ejemplo el norte de la provincia de Córdoba, la Cuña Boscosa del norte de la provincia de Santa Fe y los bosques de la Provincia de Mendoza. En Córdoba, las formaciones boscosas que hace 100 años ocupaban más del 70% de la superficie provincial, hoy no alcanzan a cubrir el 10% y, de ellas, sólo un tercio corresponde a bosques en condiciones similares a las originales. Esta drástica reducción del bosque nativo ha generado pérdida de biodiversidad, de los procesos ecosistémicos y los recursos naturales.»
Texto extraído de Wikipedia. Enciclopedia libre.
Tema : Los bosques de Argentina.
Partiendo del ámbito donde estamos, la provincia de Mendoza, resulta sorprendente que existiendo la ley 7874 de arbolado público, sancionada en el año 2008 y reglamentada el 1/6/09, se pretenda con toda ligereza eliminarla (o modificarla) invocando necesidad de generar espacios requeridos por la nueva tecnología celular (5G). Esta ley provincial sancionada durante el gobierno de Celso Jaque, siendo Guillermo Carmona su secretario de Medio Ambiente, contempla el cuidado, régimen de poda, contención de plagas y el castigo a quienes maltraten o destruyan el arbolado urbano, rural y el de canales de riego o cauces; siempre en el espacio público.
Recordemos que Mendoza tiene dos grandes oasis: el del Norte, que entrelaza el gran Mendoza, la Zona Este y el Valle de Uco. Mientras que el oasis Sur incluye áreas de San Rafael y Gral Alvear.
Mucho costó a los mendocinos consolidar estas áreas que sirvieron para garantizar -mediante el sistema de riego canalizado- la producción vitícola y agrícola, actividades fundamentales de la provincia. Este sistema es común a todo el oeste argentino, zona árida con escaso régimen de lluvias (80 a 200 mm anuales). Se deduce fácilmente el protagonismo del arbolado público en los oasis. Además de proteger a la población urbana del sol de verano y de las ráfagas de viento invernal (zonda), también resguarda a los cultivos, actuando como cortavientos, entre otras tantas virtudes que nos convida la naturaleza con su sola existencia.
En el centro y este del territorio argentino el régimen de lluvias oscila entre 600 mm anuales en el centro de Córdoba a 1400 mm en el este de la provincia de Misiones y 1100 mm en la costa de la provincia de Buenos Aires, en esta vasta región, como bien lo describe el texto citado de Wikipedia, el drama es preocupante y requiere una acción urgente de la sociedad y el Estado. Los árboles, presentes en los aglomerados del bosque natural absorben el agua de lluvia, muchas veces torrenciales y continuas, evitando en muchos casos inundaciones. Pero el protagonismo de los árboles a nivel planetario es crucial en el equilibrio ecológico. Favorecen la reproducción de las aves y fauna silvestre, siendo su refugio y hábitat. Contienen los vientos, regulan la temperatura ambiental, influyendo en el clima y por lo tanto frenando la desertificación.
Los bosques y selvas han sido afectados gradualmente desde 1880, aproximadamente, (segunda revolución industrial). El uso de maderas para carruajes, cajas de camiones, vagones ferroviarios. En la provincia de Santiago del Estero prácticamente desapareció su monte de quebrachos, al utilizarse esta madera para durmientes en la construcción de vías férreas en todo el país. Otro acceso depredador fue la búsqueda de leña y leña para carbón, muy utilizadas a nivel popular como combustible en la primera mitad del siglo viente .
Pero ya en el presente siglo, el fenómeno de la producción de la soja transgénica, un cultivo de rápidas ganancias que no solo invadió la región pampeana, sino que avanzó hacia el norte con la consiguiente devastación de bosques y montes con un saldo trágico: inundaciones, brusco cambio climático, degradación del suelo y desertificación. Como bien lo demuestra el texto de Wikipedia. Aquí prima la ganancia, el dinero por encima de la preservación ambiental, o sea de la vida y de la condición humanas.
Atendamos a esta definición: «Limitaciones de los organismos de control ambiental: La infraestructura de control ambiental es, en la mayor parte de los casos, meramente formal. A lo largo de la historia han proliferado normas de escaso o nulo cumplimiento porque los organismos de control carecen del presupuesto y del personal necesarios, porque no se les ha otorgado el peso político que requiere su accionar y porque durante largo tiempo estuvo ausente una presión comunitaria orgánica y consistente que contribuyera a vertebrar e impulsar la actividad.» (1)
Si reflexionamos profundamente deducimos que los sucesivos gobiernos argentinos, los que bregamos sean de matriz popular, no solo por haber surgido de un proceso electoral, sino porque defiendan y consoliden el interés y derechos del pueblo y preserve la soberanía integral, estos gobiernos deberán darse una planificada política socio-ambiental, para restaurar áreas de bosques, garantizar lugares donde habitan comunidades que obtienen su sustento en el lugar. Se hace necesario frenar la denigración de los suelos, el afloramiento de napas freáticas en zonas de cultivo. Hechos que favorecen la aparición de largas sequías o inundaciones que llegan a inutilizar hasta 10 millones de hectáreas como ha ocurrido en años recientes.
Bien sabemos que la soja es el cultivo que provee el mayor volumen de divisas al país, pero todo tiene un límite. La necesaria diversificación productiva, la industrialización con alto valor agregado y aporte tecnológico nacional, la ocupación racional del territorio argentino a lo largo y lo ancho de su extensión, desarrollando polos productivos con estricto control ambiental. Esta transformación de clara orientación ecológica nos permitirá proyectar un país para ciudadanos que tendrán garantizada su vida digna y sana .
Alfredo Caferatta
Docente jubilado. Integrante de Carta Abierta. Militante social y político.
Textos : Wikipedia.
Los bosques de Argentina.
(1) «Memoria Verde»
Autores: Antonio Brailovsky y Dina Foguelman.
Editorial Sudamericana – Buenos Aires – 1997.


