Señorial y distinguida, «La London» siempre estará allí. O al menos eso pienso y siento, porque es una de mis visitas en todos y cada uno de los viajes a la megalópolis, a la bellísima Buenos Aires. En una esquina hipercéntrica, sobre Avenida de Mayo y Peatonal Florida. Por tanto lo más probable es que pases por la puerta.
Si llegara a ser así, mandate. Ingresá a ese mundo. Encontrate con un café histórico, que forma parte del selecto listado de más de 82 bares notables de la porteñidad. Hallarás la mesa exacta para pasarla muy bien y, lo más probable, dispondrás los primeros minutos para disfrutar de su arquitectura y diseño.
Después fijate, pero hay cosas ricas para comer bien acompañadas por alguna bebida caliente… ¡claro, un café, o un chocolate o un submarino! Podés estar horas leyendo, charlando, disfrutando. A la espera que el espectro de Cortázar atraviese el salón, como ocurriera muchas veces a lo largo de su vida, mientras escribía una novela.
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“Siempre me resultó extraño el hecho que la Plaza de Mayo no tuviera ningún café con grandes ventanales que mire hacia esta. Nuestros antecedentes españoles y el ejemplo de todas las plazas cívicas de todos los pueblos del país confirman que no hay plaza central sin café (en verdad, medio de refilón, está el Café Vieja Victoria, pero ustedes entienden a que me refiero). Es que hubo. De hecho, en su momento los arcos de la Vieja Recova tenían cafés, bares y boliches. Y luego rodeando la Plaza hubo hoteles y confiterías (como el café del Hotel de Londres).
«Los gobiernos dictatoriales más el establecimiento de edificios públicos intentaron provocar el “vaciamiento” de la plaza de parroquianos que, en situación de ocio, pudieran alterar o conspirar contra el orden establecido (sospecho que fue esa la idea, pero no lo lograron). Es por eso que, sin ser un típico café de plaza, el primero que se me ocurre enumerar tomando Plaza de Mayo como Km 0, es la London City (Hotel de Londres, London City, como para dejar bien en claro el peso que tuvo la influencia británica en nuestra sociedad).
“La London es uno de los Cafés Notables de Buenos Aires. Está ubicada en la esquina de Perú y Avenida de Mayo, en la planta baja de un edificio construido (y terminado hacia 1890) por Edwin Merry para la familia Ortíz Basualdo y luego vendido a la firma Gath y Chávez que lo utilizó como tienda luego de 1910. Recién a partir de 1954 la London comenzó a funcionar como café. La historia de la segunda mitad del siglo XX transcurrió delante de sus ventanales (aunque le quedó afuera el mítico 17 de Octubre o las convocatorias masivas de los primeros gobiernos de Perón). Sin embargo su referencia más célebre es la mención que Julio Cortázar hizo del café en su novela Los Premios (1960), cita que está debidamente reflejada en el interior del lugar.
“Hace un par de años se creyó que cerraba definitivamente sus puertas. La cadena Pertutti se hizo cargo de una nueva gestión y se temió por la preservación del patrimonio del lugar. La puesta en valor resultó impecable (para mí está más linda que nunca y la frecuento desde 1985). Rápidamente entendieron que la preservación del lugar (y el mantenimiento de su capital simbólico) era la mejor ecuación económica y fueron muy cuidadosos de no “contaminar” el espacio con el abuso de su imagen de marca.
“La London siempre tuvo una dinámica muy activa en su interior. Es un café céntrico. Atiborrado de funcionarios públicos (sale mucho la “rosca”), legisladores, diputados, secretarios. Mucho antes de periodistas que trabajaban en el edificio lindero del Diario La Prensa (actual Ministerio de Cultura de la Ciudad). Es la primera parada obligada (o punto de partida) de un recorrido cafetero de excepción que la ciudad tiene todo a lo largo de la Avenida de Mayo (y adyacencias). Recorrerla y detenerse en sus cafés es una obligación formativa y académica de porteñidad”.


