En Potestad, obra de teatro de Eduardo Pavlovsky, uno de los personajes dice: “Yo pensaba que la maldad era una cosa abstracta, ¡teórica! Pero cuando la veo encarnada en personas de carne y hueso, que gritan, se ríen, gesticulan, insultan y persiguen, Tita, persiguen como si hubieran nacido para eso, ¡¡¡para perseguir…!!! Me siento tan solo, Tita… es muy difícil explicarte, Tita, el vacío inenarrable que se siente… Vos sabés que en estos momentos… Tita… uno se aferra a los recuerdos, a las imágenes… Cada imagen, te aferrás, así, así, así, así”. Los personajes de “Sumergidos” de Lila Glass, soportan el horror y la barbarie que se vive afuera, en parte, gracias a las imágenes, a los recuerdos que por medio del juego y el absurdo se hacen presentes en escena. Con esta obra su autora ganó el Certamen Vendimia 2021 en la categoría Dramaturgia y es la primera que publica. En 2018 escribió su opera prima “Equilibrio precario” que se estrenó en el Certamen Cortodramas; en el año 2020 participó de los ciclos Breves teatrales y Yendo de la escena al living donde presentó la obra “Despachante” y el monólogo “Una especie en extinción” respectivamente. Fue guionista del corto documental “Más que dos” y entre los años 2017 y 2022 colaboró en Revista Zero donde además publicó cuentos. De su abuelo librero, que pasaba horas leyendo en un sillón de pana verde, heredó el amor por la lectura y algunos libros. Como tantos, empezó a escribir en la adolescencia buscando traducir en poesía lo que la conmovía, las preguntas que empezaban a surgir. El interés sostenido por el teatro la llevó a hacer entrenamiento actoral con Guillermo Troncoso y otros, al tiempo que hacía danza contemporánea siempre interesada en vincularla con lo dramático. Finalmente, la oportunidad de empezar a escribir dramaturgia se da en el año 2012 cuando asiste al taller que Arístides Vargas, director y dramaturgo argentino exiliado en Ecuador, vino a dictar a la provincia. Luego continuó su formación con Osjar Navarro Correa, Daniel Fermani, Sacha Barrera Oro, Gonzalo Marull (Córdoba), Mariela Asensio (Buenos Aires), entre otros. Cuando se le pregunta por influencias menciona a cercanos y lejanos: Arístides Vargas, Mauricio Kartun, Griselda Gambaro, Bertoldt Brecht, Samuel Beckett, Henrik Ibsen y puntualiza que siempre vuelve a Sartre cuya obra “A puerta cerrada” le hizo sentir que algún día escribiría teatro. La dramaturgia es para Lila la posibilidad de construir otros mundos y habitar otros cuerpos. Sobre el origen de “Sumergidos”, cuenta que la idea tomó forma en un ejercicio de taller a partir de un haiku y del trabajo de la artista australiana Jane Long, que interviene fotos del periodo de entreguerras transformándolas en imágenes surrealistas. En la obra es muy importante la atmósfera que se va espesando cargada de ambigüedades en los diálogos, absurdos en algunos pasajes, lo monstruoso no nombrado, el extraescena, es decir el afuera que se filtra en el adentro, la trama sonora y la oscuridad sugerida. El clima onírico nos pone frente a la narración del horror desde lo poético, única manera de soportarlo. Eso es “Sumergidos”.
Te presentamos un fragmento de esta obra que hay que ver y leer:
Víctor camina hacia la mesa, lleva consigo la lámpara de querosén. Va tanteando todo a su alrededor, como si estuviera ciego. Se sienta al lado de Sara. Ella se recuesta sobre las rodillas de él.
VÍCTOR: Siempre quise ser pescador, como papá… Él decía que la vida en el mar era diferente. (Pausa) Salía de casa cuando el sol estaba por ocultarse… Es preferible entrar al mar de noche, repetía. Los peces nunca duermen.
SARA: Cada vez que iba al mar, el rostro de papá se transformaba. Los ojos se le ponían redondos, como si fueran dos lunas gigantes… Papá tenía el mar dibujado en el rostro… (Afligida) Recuerdo aquella noche… cuando papá logró ver entre la bruma… los ojos se le llenaron de arena.
VÍCTOR: (Asustado) Shhhhhhhh… (Baja el tono de voz). Tenemos que aprender a recordar en voz baja.
SARA: Este lugar es seguro, eso decía papá.
VÍCTOR: Ningún lugar es seguro.
SARA: Salgamos al sol.
VÍCTOR: (Apaga la lámpara) Hasta mañana.
Columnista invitado
Sergio Morán
Nació en 1979 en el este de Mendoza, Argentina. Desde 2010 reside en la Capital de esa provincia donde ejerce la docencia en escuelas secundarias. Integró el Taller Más allá de las palabras que coordina Diana Starkman. En 2018 publicó su libro de poemas Calle desconocida (Peces de ciudad). Textos suyos han aparecido en diarios, revistas y antologías, entre ellas Poemas por el agua (Payana Ediciones), producto de la lucha en defensa de la Ley 7722. Desde 2020 dirige la revista digital Futuros eran los de antes, especialmente dedicada a la poesía. Participó de los talleres de historia de la poesía que coordinó Javier Galarza. En 2021 Ediciones en Danza publicó su segundo libro, Ya no acampan gitanos en los baldíos. Su último libro, El amor es un exceso de lenguaje, fue publicado por Peras del Olmo en 2022. Es parte de la Asamblea de Trabajadorxs de la Literatura de Mendoza que lucha por impulsar políticas culturales para les escritores de la provincia.
Fotos: 1, Richard Quevedo; 2 y 4, Aber Piazza


