El litio fue descubierto en Suecia en 1817 por Johann Arfvedson; en 1923, en Alemania se pudo obtener industrialmente mediante la electrólisis del cloruro de litio y fue en 1985, en Japón, que el Dr. Akira Yoshino inventó y patentó la primera batería de iones de litio.
Ya en el año 2016 se produjeron en el mundo 200 mil toneladas de carbonato de litio para fabricar baterías y la Argentina es uno de los vértices del denominado triángulo del litio, que junto a Bolivia y Chile cuenta con el 58 % de los recursos mundiales de este mineral, seguido por China (25 %) y Australia (10 %).
La tonelada de litio pasó desde los 450 dólares que costaba en 2003, a 65.000 dólares en 2022; Bolivia, Chile y ahora México, cuentan con reglamentaciones específicas para su control, pero en la Argentina, las actividades de exploración, extracción y procesamiento están comprendidas dentro del marco normativo minero de los ’90 de Menem, de naturaleza absolutamente liberal, con la Ley N° 24.196 de Inversiones Mineras que aún está vigente por presiones de las grandes corporaciones.
Las empresas extranjeras agotan nuestros recursos mineros no renovables, (actividad no sustentable); a cambio nos dejan pequeñísimos beneficios económicos y muchísimos problemas ambientales y sociales. A posteriori debemos comprarles las baterías.
Estamos hoy como en 1820, cuando nuestros estancieros vendían los cueros vacunos y las lanas sin procesar a Inglaterra y de allá nos vendían botas, arneses, ponchos y bombachas hechos con nuestros propios cueros y lanas, pero al precio que ellos fijaban.
Y hoy, como sucedía en 1820, “algunos” argentinos hacen el negocio de intermediar en la venta de nuestros recursos y para ello, nos quieren convencer de las bondades de la megaminería metalífera contaminante, realizando Congresos y Foros como el que hizo ASINMET el 17 de mayo.
Allí trataron los métodos de producción de sales de litio, pero no hablaron de los daños que producen esos métodos en los salares, cuando se realizan perforaciones para extraer la salmuera que luego se evapora en piletones, obteniendo el carbonato de litio, luego de separarlo de las sales de sodio.
La minería del litio es una minería de agua y el mayor impacto ambiental es el stress hídrico en las zonas de producción, ya que la salmuera se extrae a una velocidad mucho mayor a la del tiempo de recarga hídrica de los propios salares. Estudios de la Universidad de Antofagasta, Chile, hablan de un consumo de dos millones de litros de agua por tonelada de carbonato de litio procesado.
Como Argentina está produciendo 40.000 toneladas y quieren llevar la producción a 800.000 toneladas, saquemos la cuenta del agua que necesitarán y veremos que en los Salares de la Puna y en el resto de nuestra cordillera, la extracción de “nuestros” minerales implica la sequía brutal de las zonas afectadas.
Pero no se conformen con nuestras opiniones y entrando a cualquier buscador como el Google escriban: CARBONATO DE LITIO y AGUA. Encontrarán más de 900.000 páginas para entender porque decimos lo que decimos.
Columnista invitado
Alberto Lucero
Ingeniero Electricista, Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Mendoza. Titular de “LENIX Publicidad”. Titular de “INFO POINT SYSTEM”. Co-fundador de las A.M.P.A.P. (Asambleas Mendocinas por el Agua Pura), en Tunuyán.


