Se alcanzaron los mas altos ingresos de la historia y su poder adquisitivo era, por tanto, muy importante. Duró doce años y medio y no lo olvidaremos nunca los que lo vivimos. Mas aun, los que hemos transcurrido mas de setenta años de vida pública y hemos conocido de todo.
Pero, aunque parezca un cuento, hubo -propios y extraños-, que despotricaron y se pusieron en la vereda de enfrente -o en la ancha avenida del medio (memoria)-, desmintiendo la realidad -única verdad- y señalando solo lo que faltaba hacer, no todo lo inmenso que se había realizado.
No era importante, para ellos que se superara todo lo realizado en materia de seguridad social. -desde Mayo-, toda una vida; toda una historia. Ni cuanto patrimonio nacional se recuperó (Aerolíneas Argentinas e YPF, entre mil), tras el desastre llevado a cabo por Menem y el desgobierno de De la Rúa, junto a muchos de los que volvieron hoy y son fantasmas del pasado.
Para ello hizo falta un hombre con inteligencia y coraje, que pateara el tablero y -sin ambages-, se diera a la tarea real y efectiva de la reconstrucción nacional. Asimismo, una mujer que tuviera la capacidad y el talento de quien gobernó 8 años y se consagró como la gran estadista del mundo, según Fidel Castro; Putin; todos los mandatarios progresistas de la Patria Grande; Angela Merkel y Li Jinping, entre muchos, que compartieron sus charlas magistrales en la ONU y como se enfrentaba -como nadie-, con el entonces presidente norteamericano, Barack Obama, en su propia casa.
El querer desviar la atención de la gente -y la magnitud del patriarcado que nos envuelve (misoginia)-, yo ya lo había vivido. En 1955 -también propios y extraños-, machacaban con lo que no se había hecho, aunque lo construido, en solo nueve años, fuera revolucionario.
Siempre faltan cosas para hacer, mas -reitero-, lo que se debe considerar es lo edificado, en ese mismo tiempo. No puedo menos que recordar -asimismo-, lo ocurrido en 1966, en que se desestimó todo lo hecho, en tan solo dos años y medio, con todo en contra y el hostigamiento de los medios y -quizá-, de nuestra propia incomprensión, en tiempos de resistencia y dura lucha.
En esa primera época del peronismo también -propios y extraños-, pretendían menoscabar a Evita. No podía ser que tuviera esa proyección internacional, pero que no era casual. En una de mis habituales charlas con “Fetiche” (una afamada y gran cantante peruana, afrodescendiente), recuerdo que me dijo que no era peronista; pero que era -desde lo mas profundo de su corazón-, evitista.
Cuando yo era niña -en Lima- y muy pobre, recibí como muchos niños -de mi país-, mi primer juguete y mi madre una máquina de coser que jamás hubiésemos podido comprar -por ser muy cara-. En ambos casos, una etiqueta rezaba: Fundación Eva Perón. Cómo podría olvidar el gesto de esa inmensa mujer, que permitió que mi madre me confeccionara toda esa ropa, poniéndome a la altura de mis compañeritas.
«Realmente, la venero», aseveró emocionada. Hay muchas anécdotas, que la pintan de cuerpo entero. Oyó decir -por esos años-, que en la ciudad de Washington había muchos niños desnutridos, que carecían de calzado y ropa. Ello trajo aparejado un enfrentamiento diplomático, con el gobierno norteamericano, porque Eva -sin dudarlo-, envió un barco, con calzado y ropa, para que esos niños no sufrieran tanto.
Juan Atilio Bramuglia era el canciller argentino y le puso el cuerpo (claro, por entonces, los dos principales ministerios, Relaciones Exteriores e Interior, estaban ocupados por dos socialistas sensibles y comprometidos, él y Angel Gabriel Borlenghi). Bramuglia resolvió el conflicto -que preocupó a Perón- y justificó la actitud, señalando la sensibilidad de esa mujer indomable.
Este no fue un hecho aislado. A poco de asumir la presidencia, Perón recibió al representante del recién formado Estado de Israel, quien le comentó que sufrían las contingencias del tiempo -en la gran Palestina- y que carecían -por entonces-, de abrigo y alimentos. Eva escuchaba, sin opinar; en silencio.
Sorprendió al general y a todo el mundo, ya que -sin publicitarlo-, hizo cargar un barco, con abrigos y alimentos, despachándolo a Israel. La información no se escuchó en ningún medio. Judíos -que vivían en la Argentina-, se enteraron y quedaron impactados. Poco tiempo después, se conformó una nutrida agrupación de peronistas judíos, que actuaron -luego-, en diversas campañas, electorales y de difusión.
Se trató de ocultar el hecho, porque Perón era acusado de nazi -que nunca lo fue-, pero que le trajo aparejado dolores de cabeza y distintas controversias. Aun hoy hay quien insiste, cuando en realidad siempre -particularmente después de la guerra-, la Argentina estuvo abierta al mundo. Ya lo señalaba el prólogo de nuestra constitución.
Todo eso lo viví, nada me sorprende. Volviendo a esos años dorados, ¡como lo extrañamos quienes cuidamos de nuestro libre albedrío y no tenemos la cabeza lavada, por la mafiosa corporación mediática. Debemos exigirnos el duro oficio de pensar. De hacerlo fríamente, sin odio y con la certeza de que la realidad es la única verdad.
Hay que vivir en libertad y pensar en libertad. La verdad nos hace libres y nos permite constatar la realidad, sin anteojeras. No es difícil. Si no te acuerdas, comprueba los datos y las cifras. Es cuestión de investigar. Los que te mienten, lo saben y en EE. UU., mas que en ningún lado.
Por eso la proscribieron y trataron de matarla. En verdad, proscribieron a 46 millones de habitantes. A quienes la hubiésemos votado y a quienes no. El departamento de estado yanqui sentenció que no podía ser candidata y no tuvimos el coraje de movilizarnos -todos-, para demostrar nuestra soberanía y nuestra decisión revolucionaria y popular.
«No vienen por mí, vienen por ustedes; por todos», nos alertó. Realmente, vienen por todo. Quien no lo creyó, esta enloquecido y la masa amorfa, formada por los medios, todavía está en veremos. Un delincuente y un decadente, la sucedieron. Un melómano; narcisista y con un grave desequilibrio mental, que es uno de los mas grandes delincuentes del planeta, usa y fogonea; otro pone la cara hoy, gobernando como Calígula; al menos lo pretende.
Espero que salgamos de esta, que es la etapa mas atroz de nuestra historia, que quiere dejarnos sin Estado (país sin Estado es colonia y sus habitantes, esclavos, aunque sus cadenas sean invisibles). Mientras desandamos la tragedia, pensemos, en serio; sin odio ni presiones. Y coincidirán conmigo, con la cabeza fría, en QUE HUBO UNA VEZ UN TIEMPO. . . Y que solo pasaron ocho largos y penosos años, a posteriori.
29 de diciembre de 2023
Columnista invitado
Carlos Valle
Docente, economista, historiador, periodista y escritor. Enlace de la Resistencia (1956). Presidente de la Asociación de Periodistas Latinoamericanos (1965-1976). Decano de los periodistas de Radio Nacional. Sindicalista y asesor gremial y político (CGT hasta 1991). Exiliado en 1962.


