Aquí estamos hoy, nuevamente, en un 25 de mayo bajo un gobierno nacional y popular que, en realidad, todavía no pudo arrancar debido a la pandemia de COVID-19. El año pasado pasado hubo festejos callejeros y en los cuatro años anteriores, ya sabemos, no se celebraron las fechas patrias sino sólo para pedir disculpas al Rey de España por habernos independizado.
O sea, la última vez que un presidente (una presidenta) habló cara a cara con su pueblo con vocación soberana fue en el año 2015 y dijo cosas que no a todos los peronistas les cayó bien. De hecho, ese año algunos de ellos votaron a Macri o al menos participaron activamente de la parafernalia judicial y mediática gorila sobre la que algún día abundaremos. En Malargüe fue notorio que un candidato del PRO-UCR ganó con los votos de un sector del peronismo, “hazaña” que se repetiría en 2019.
Ya Eva Duarte había advertido, antes de morir “le temo más a los gorilas de adentro que a los de afuera”. Nihil novum sub sole.
El 25 de mayo tiene un significado especial para el peronismo, o para el kirchnerismo, o para el camporismo que apresuradamente la derecha peronista enterró aquel tenebroso 13 de julio de 1973, cuando Cámpora dejó la presidencia para dársela al yerno de José López Rega, el hombre de las 300 corbatas, Raúl Lastiri.
Néstor Kirchner eligió un 25 de mayo para asumir. Exactamente 30 años después de la asunción de Cámpora. Todo un símbolo la elección.
A comienzos de los ’70, las Juventudes Políticas (en mi caso la del Partido Revolucionario Cristiano – PRC capitaneado por Horacio Sueldo, que había sido en 1967 mi profesor de Economía Política en el Colegio Emaús de El Palomar) nos reuníamos asiduamente para discutir estrategias en común frente a la dictadura de Lanusse. A pesar de no ser peronistas, no nos perdíamos ni una sola marcha o manifestación callejera (el 17 de noviembre de 1972 bajo la lluvia y los gases lacrimógenos en Ezeiza, el 25 de mayo de 1973, el 20 de junio de 1973). Sólo nos negamos a ir, muchos no peronistas, al acto del 1º de mayo de 1974, porque sabíamos, por distintas fuentes, lo que iba a pasar ese día en la Plaza.
Así era la cosa, hasta los jóvenes radicales alfonsinistas discutían sobre si el socialismo del futuro ¡sería estatista o autogestionario!, así como suena. Alfonsín era un joven rebelde y de pelo largo, pero con saco y corbata, que le disputaba a Ricardo Balbín y a Fernando de la Rúa el liderazgo en la UCR.
Néstor y Cristina militaban en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) de La Plata, pero no compartían los métodos violentos que había adoptado un sector de la “Gloriosa JP” (Juventud Peronista), el de empuñar las armas, aún cuando había razones y legitimidad para hacerlo.
Néstor y Cristina eran jóvenes “peronistas de Cámpora”, no “peronistas de Perón”, aunque creían en Perón.

Héctor J. Cámpora había sido dirigente del primer peronismo, luego sufrió cárcel y persecuciones, participó de la resistencia y se ganó la simpatía de la juventud que, además de estudiar la vida del General, también leía a Karl Marx, Frantz Fanon, Darcy Ribeiro, Noam Chomsky. Recuerdo a Adriana Puiggrós en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA arengando a la militancia estudiantil parada sobre una silla. A Cámpora le decían “El Tío”, ya que “El Padre” era Perón.
Recuerdo también ese 25 de Mayo de 1973, con columnas interminables de jóvenes que vitorearon a Salvador Allende y a Osvaldo Dorticós (por entonces Presidente de la República Socialista de Cuba) pero rechiflaron al uruguayo Juan María Bordaberry, que poco después daría un autogolpe en su propio país.
Estaban pasando cosas raras: asumía Cámpora un 25 de Mayo con la consigna “Cámpora al gobierno Perón al Poder”, pero luego sabríamos que todo eso había sido una fantochada: el 20 de junio se producía la Masacre de Ezeiza, una semana después el ganadero daba un autogolpe en su país e instauraría una dictadura de tres años, el 11 septiembre era derrocado Salvador Allende. Muchas cosas al mismo tiempo en una misma región. Pero todas ellas manejadas desde los centros de poder mundial.
Recuerdo algunos cánticos. Por ejemplo, uno con la música de “La Sonrisa de Mamá” de Palito Ortega: “Montoneros, Montoneros, son soldados de Perón. Los gorilas tienen miedo, tienen miedo al paredón”. O “¡Fusiles, machetes, por otro 17!”.
Claro, no todos eran montoneros en serio, la mayoría nunca había portado ni una honda para cazar pajaritos. Pero existía una especie de “cultura montonera” desde la que se propiciaba un “socialismo a la criolla” como decía el Colorado Jorge Abelardo Ramos, de formación trotskista, pero que finalmente fundaría el PSIN – Partido Socialista de la Izquierda Nacional, que a su vez estaba en proyecto junto al PRC de fundar el FIN – Frente de la Izquierda Nacional, bajo el lema “esto es el principio del FIN”. Ramos desistió de eso y fundó el Frente de Izquierda Popular (FIP), mientras que Sueldo se aliaba a Oscar Alende, el Partido Comunista y Udelpa para formar la APR – Alianza Popular revolucionaria. El otro sector de la ex Democracia Cristiana, el Partido Popular Cristiano (PPC) se alió al PJ y otros partidos en el FREJULI (Frente Justicialista de Liberación Nacional).
Una cultura, decíamos, que propiciaba transformar al país de raíz, confiando en el potencial revolucionario del peronismo, donde se concentraba casi toda la clase obrera.
Nos preguntábamos qué tenía que hacer la izquierda cristiana nacional con el PC internacionalista, pero ocurre que en ese tiempo también el PC estaba mutando y dejando atrás sus posturas gorilas del pasado. El Partido Socialista también tuvo un desgaje pro-propulista para distanciarse de “Norteamérico” Ghioldi, como gusta llamarlo mi amigo Héctor Rosendo Chaves, a quien dedicaremos unas notas en serie a partir de este jueves.
Quienes no participaban de estas movidas callejeras pluralistas eran los miembros de la entonces llamada “burocracia sindical”. Para ellos, que poco y nada habían hecho para el regreso de Perón, la Patria era “peronista”, no socialista. Los peronistas de izquierda, los montoneros, la JP, dirigentes gremiales como Raimundo Ongaro, hombres que serían luego gobernadores de Salta, de Mendoza, de Córdoba, de Buenos Aires, eran todos “marxistas faloperos zurdos infiltrados”. O sea, eran cuerpos extraños en las mentes de estos “peronistas”. Perón decía que los virus que se meten en el organismo generan anticuerpos, y entonces en su visión, el viejo peronismo era el anticuerpo para neutralizar al nuevo peronismo.
La Patria Peronista reivindicaba al “peronismo de Perón” mientras la otra gritaba “si Evita viviera sería montonera”, o “Perón, Evita, la Patria Socialista”. Estaba muy clara la grieta interna cuando volvió la democracia en 1973: en el medio del período 1955-73 habían pasado cosas: el Concilio Vaticano II, los curas progresistas, el Mayo Francés, la Primavera de Praga, la liberación de Argelia, la Revolución Cubana, la revolución vietnamita. La juventud universitaria que antes había aplaudido la “revolución” del ’55, ahora había encontrado que en el resto del mundo una nueva generación empezaba a tener códigos propios, ejemplos a imitar en el mundo, hasta una nueva forma de vestir, y que los obreros no eran “el enemigo”, sino sus aliados naturales. La JP sabía que Eva Perón advertía tenerle más miedo a los gorilas de adentro que a los de afuera. La “Patria Peronista” nunca se asumió a sí misma como gorila, ni aún hoy.

“Se llevaron a los mejores” me dijo un tiempo antes de suicidarse (1992) Augusto Conte McDonnell, abogado que había formado parte del Partido Popular Cristiano y tenía un hijo desaparecido; todo esto ocurrió el mismo año en que falleció mi viejo. “La generación de mi hijo era una generación que sabía de qué se trataba lo que estaba pasando y no quería vivir en ese mundo”, decía amargamente Augusto, quien no pudo sobrellevar la depresión por la muerte de su mejor hijo. “Estoy harto de esta enfermedad de mierda y de esta Argentina de Menem”, dijo antes de pegarse el tiro.
La Patria Socialista de entonces advertía que la Patria Peronista se apoyaba en las Fuerzas Armadas de civil, responsables de la masacre de Ezeiza el 20 de junio de 1973. ¿Se acuerdan del Coronel Osinde?. Imposible de olvidar, a menos que uno sea amnésico voluntario.
Bordaberry y Pinochet fueron la prueba piloto del neoliberalismo en el mundo. El neoliberalismo de Kissinger y Milton Friedman. Pero la Argentina no hizo a menos: el primer ensayo de neoliberalismo, en nuestro país, ocurrió en 1975, durante un gobierno peronista; el “rodrigazo”. Provocó una reacción forzada de la CGT, es cierto, pero la suerte ya estaba echada. Estamos hablando un ensayo o prueba piloto para ver si ésto resistía o ya había que aplicar mano dura, que en realidad ya se venía aplicando.
La Patria Peronista, el peronismo de Perón, nunca revisó estos “errores”, si fueran tal cosa. No revisó el Operativo Independencia, ni el cajón de Herminio Iglesias, ni el Rodrigazo, ni la Triple AAA, los asesinatos de Ortega Peña, Silvio Frondizi, etc. No hay autocrítica sobre por qué le dio al país, años más tarde, a un Menem.
Fue durante el gobierno de Perón cuando cayó asesinado el Padre Carlos Mugica, cura villero que había estado en la comitiva presidencial de noviembre de 1972 que venía desde España. Perón vivía cuando el asesinato de Mugica, producido a diez días de la estampida de la plaza de Mayo el 1º de mayo del ’74.
Luego, durante el gobierno de Isabel Perón fue asesinado el peronista Julio Troxler, sobreviviente de los fusilamientos de José León Suárez de 1956. Muchos peronistas de la Patria Socialista fueron secuestrados durante el gobierno de Isabel Perón, en la mayoría de los casos delatados por sus “compañeros” de la Patria Peronista, o sea la Triple A. Incluso en Mendoza hay casos patéticos que se ventilaron en los juicios por crímenes de lesa humanidad.
La Patria Socialista y la Patria Peronista, una dicotomía que sigue existiendo, y todavía hoy la primera es satélite de la segunda, mal que les pese a los chicos de La Cámpora.
Hay una cadena que en tiempos de la “Generación del ’73” se cortó. La cadena histórica que invisiblemente unía al rosismo con las montoneras del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, los primeros radicales, el yrigoyenismo, FORJA, el peronismo. Jauretche era radical, como Homero Manzi, el cual nunca se desafilió de la UCR aún siendo peronista. El vicepresidente del primer Perón era radical. FORJA, nacida a mediados de los ’30 para mantener vivo el legado del yrigoyenismo, significa Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, y todavía existe y está en el Frente de Todos, o sea dentro del kirchnerismo. Pero el eslabón del ’73 se cortó, lo cortaron. Fue el tercer genocidio de nuestra historia luego del de los indios y los gauchos. Eso lo decíamos en voz baja y en reuniones secretas en aquel tiempo.
El eslabón perdido, la generación diezmada (Néstor Kirchner dixit), y si nos aferramos al evolucionismo también en el cambio de la ideas (Sócrates, Heráclito), no podía ser igual al anterior.
Existen tres grandes corrientes de la Filosofía de la Historia: los que dicen que la historia es cíclica, los que dicen que es lineal-ascendente y los que dicen que es espiralada. Esto último significa que siempre volvemos al punto de partida, pero un escalón más arriba. El escalón más arriba del peronismo no puede seguir siendo el peronismo de López Rega (o más recientemente de Menem). No es, no puede ser así. A la luz de esto debemos reestudiar toda nuestra Historia, y repensar la praxis política.

Las juventudes políticas de los comienzos de los ’70 eran ese volver a empezar desde un punto más alto, pero sin perder contacto con las raíces históricas como siempre había hecho la izquierda clásica.
No dudo de que Perón provocó o al menos consintió el aborto de esa evolución histórica: lo ocurrido en la Plaza de Mayo el 1º de mayo de 1974 fue el hecho fundante de una decadencia que no se detendría hasta 30 años después, con el regreso de un camporismo “light” por imperio de las circunstancias; es decir, con la asunción de Néstor Kirchner el mismo día patrio en que había asumido “El Tío” 30 años antes. La “juventud maravillosa” volvía al ruedo político entrando por la puerta grande y no yéndose de la plaza.
“¿Qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?” coreaba la JP en la Plaza del 1º de mayo de 1974. Y agregaban “si Evita viviera, Isabel sería copera”, o “no rompan más las bolas, Evita hay una sola”. “Si Evita viviera sería montonera”. En el palco presidencial, López Rega y los gordos de la CGT sonreían porque sabían la respuesta. El líder los trató de estúpidos imberbes y amenazó con que “va a tronar el escarmiento”. Y tronó nomás. La joda dejó 30.000 desaparecidos, decenas de miles de exiliados y centenas de miles en el exilio interior.
Había crecido demasiado la conciencia nacional que describiera Juan José Hernández Arregui.
Un asistente de Horacio Sueldo nos dijo, el 26 de mayo del ’73, que el mismo 25 ya había rumores de golpe de Estado ya que los militares estaban sorprendidos y asustados por el gigantismo de las movilizaciones callejeras y por el tono de las consignas políticas. El regreso de Perón había sido arreglado, no para que viniera a encabezar la liberación, sino para abortarla y domesticar a la juventud rebelde. Como esto último no pudo ser, el enemigo pasó al Plan B, el exterminio, siguiendo los patrones del genocidio que ejecutaron los nazis en Europa, según se probó en los juicios por crímenes de lesa humanidad en 2010 en San Rafael, Mendoza; y en todo el país.
Respecto de esa “cacería” (así la definió el General Martín Balza, y algo sabía del tema), mal llamada “guerra sucia”, no solamente mataron cuerpos, sino que quebraron mentes y corazones. Fue, a no dudarlo, una lobotomía colectiva.
Dos fotos inolvidables: la del 25 de mayo de 1973 en la asunción de Cámpora, y la del 10 de diciembre de 1983 en la asunción de Alfonsín. Las consignas de ésta última daban pena por lo mediocre. En el medio, 10 años de genocidio, incluyendo el genocidio cultural. La historia había sido borrada de la memoria colectiva y sólo parecía sobrevivir en la militancia de Madres y Abuelas.
El “peronismo de Perón” aún no se enteró de que Perón murió. Pero, ¿murió Perón o murió el peronismo? Porque una cosa es Perón, otra el peronismo y otra el PJ.
Mi visión de las cosas es la siguiente:
- Perón fue un gobernante de facto en el único golpe de Estado que justifico en nuestra historia: el del ’43. Desde allí construyó poder, gracias a la ayuda de su nueva compañera de vida, María Eva Duarte. El peronismo hizo una verdadera revolución nacionalista y popular a la vez, con sus tres banderas: la independencia económica, la soberanía política y la justicia social, plasmadas en una Constitución (la de 1949) de la cual llamativamente casi nadie volvió a hablar nunca más. La fecha clave es el 17 de octubre de 1945.
- En septiembre de 1951, con Eva ya enferma, el General Benjamín Menéndez intentó un golpe de estado, aprovechando que las circunstancias internacionales empezaban a patearle en contra a Perón. Le salió mal, fue preso. Pero Evita no se quedó conforme, porque no vio en eso un acto de indisciplina aislado, sino algo más “grosso” que se estaba preparando. Y compró armas para darle a la CGT. Entendió que la revolución no podía hacerse sin derramar sangre. Perón desarmó a la CGT. Lo que vino después, hasta 1983, le dio la razón a Eva. Eva era el alma mater del peronismo
- El “peronismo de Perón” entonces, entró en agonía el 26 de julio de 1952, murió el 1º de mayo de 1974 y fue enterrado el 1º de julio de ese mismo año.
- Cuando todo parecía perdido, luego de la larga noche liberal-menemista, ocurrió un hecho no previsto: la insurrección popular de fines de 2001, que fue algo así como un 17 de octubre del siglo XXI. De allí surgiría la figura de Néstor Kirchner, que encarnaba a aquella “generación diezmada” (sic) y que con sólo decir eso ya sabemos dónde estaba encuadrado. 25 de mayo de 2003 es la fecha clave: la gloriosa JP volvió con algunas canas pero renovada. Luego entonces, el peronismo-pueblo, no la triple AAA, volvió al poder, pero con ideas acordes al siglo XXI. El camporismo del ’73 fue un intento fallido del subsuelo de la Patria para seguir escribiendo SU historia, pero volvió con el kirchnerismo y volvió para quedarse, y eso más allá de que haya algún que otro “toro mañero” (Mi Luna Cautiva, Chango Rodríguez) como Macri que pretenda que “no vuelvan más”. Alguna vez Leopoldo Marechal dijo que “sin el peronismo, el país es ingobernable”. Esas palabras tienen más vigencia que nunca. Pero aclaramos: todos/todos los peronismos, ya que no hay uno solo.
¿Vamos a detenernos en lo que hizo Kirchner? ¿Vamos a cuestionar lo que no pudo hacer o no supo hacer?. Ni una cosa ni la otra. Néstor Kirchner fue la “fuerza externa” que se necesita, según los filósofos esoteristas, para evitar la enantiodromia y que las cosas vuelvan a su lugar. Cuando el Fondo Monetario Internacional cumplía 50 años en el país, Kirchner lo echó. Parecía imposible, pero lo hizo. ¿Kirchner era “peronista”?. Sí, seguro, peronista pero no de Perón, sino del pueblo, de Eva.
El sábado pasado, en este mismo medio, El Sapu publicó algo más que interesante sobre esta cuestión: “El montonerismo, todavía hoy, “y aún apoyando a Cristina”, sigue levantando las banderas contra el neoliberalismo y la democracia puramente representativa, no participativa.

Allí se esboza algo que alguna vez afirmamos en un foro virtual: las banderas del peronismo del siglo XXI no pueden seguir siendo tres, sino al menos cuatro. La cuarta es la sustentabilidad ambiental. Ya lo había dicho Perón en 1972, pero reiterado antes de morir, ante la Asamblea Legislativa, el mismo día 1º de mayo de 1974, el día de la ruptura con la JP.
Cuando decimos, entonces, que el kirchnerismo es otra cosa, nos referimos a esto: el peronismo de Perón era “obediencia debida” a una figura carismática y a una doctrina rígida, inamovible, una verdad “sagrada”. Pero han pasado tres cuartos de siglo y el peronismo, o kirchnerismo o como se lo llame, no puede ser más de lo mismo.
Cristina fue la última presidenta que habló con su pueblo un 25 de mayo, en 2015, cuando ya sabía que la ingratitud y el machismo contra ella era muy fuerte, tan fuerte como los medios de comunicación que la alimentan. Luego vino Macri y luego la pandemia.
Por eso, en este 25 de mayo no podemos menos que recordar ese discurso que, como todos los de “ella” no tienen palabras huecas, ni una. Eso incluye la autocrítica. Por ejemplo, decir públicamente que la represión ilegal no comenzó con la dictadura, sino en un gobierno peronista. “Cuando (Néstor) decía que no pensaba dejar las convicciones, algunos lo tacharon de setentista e ideologizado, los que son verdaderamente setentistas e ideologizados son los que quieren retornar a un pasado de los ’90, a un pasado de los ’70, a un pasado de represión, a un pasado de gobierno sin pueblo, esos son”. “Parece mentira, pero también lo criticaron desde adentro por defender los intereses de los argentinos, se plantó y obtuvo la reestructuración de deuda soberana más importante en toda la historia del mundo”. “Nosotros, y aquí quiero hablar de nuestro movimiento en especial, de nuestro movimiento político, teníamos una deuda, una deuda que al mismo tiempo era una paradoja, porque parecía que a nuestros dirigentes no les importaban los derechos humanos, y sin embargo las principales víctimas del terrorismo de Estado habían sido jóvenes que se identificaban con Perón y con Evita, había una contradicción insalvable que viene a nuestra historia y nuestra conducta. Y él, que también ese 25 de Mayo se reivindicaba como parte de esa generación diezmada, vino a saldar esa deuda, porque también debemos decirlo, cuando perdimos las elecciones en 1983, cuando la gente quería democracia y vida, no vio esa democracia y esa vida reflejada en las caras de nuestros dirigentes, debemos hacernos cargo. Y nosotros vinimos a saldar esa deuda que también era una deuda de todos en la democracia y de todos los partidos políticos pero nosotros teníamos mayores responsabilidades”. “Teníamos que hacernos cargo nosotros, los peronistas, que muchas veces de un lado había una víctima y entre los victimarios había también algunos que se decían o que eran de nuestro movimiento”.
¿Se entiende por qué los actuales “peronistas de Perón” (Barrionuevo, Moreno, Moyano, Pichetto) prefirieron festejar un 16 (no 17) de octubre en la estatua de Perón puesta por Macri y la están volviendo loca a Cristina desde 2008? Piensen en Julio Bárbaro. Piensen en los peronistas que todavía hoy reivindican a López Rega, o los que acompañaron a Macri al Foro de Davos en el 2016, y en muchos de ellos jóvenes que ni habían nacido en aquel tiempo. Se entiende a qué se refería Eva Perón cuando hablaba de los “gorilas de adentro”.
Aunque cueste creerlo, el Partido Justicialista de Malargüe hace caso omiso a los reclamos de que se rinda homenaje a los secuestrados por la dictadura en territorio malargüino, uno de ellos un ex precandidato a intendente. “Tenemos que ocuparnos de los temas que importan a Malargüe, no de los derechos humanos” se escuchó una vez decir a un dirigente juvenil, mientras Cristina daba ese discurso en la Plaza de Mayo.
“Alguien puede haber tenido políticas económicas equivocadas o entreguistas, si les parece mejor; alguien puede haber tenido un desastre económico y social, y bueno, no pudo, no supo, no quiso, lo obligaron, lo presionaron, le convino. Siempre hay mil explicaciones, pero cómo explicar que justificaste la tortura, la desaparición, la apropiación de bebés, o que tiraran gente de los aviones al mar”. Eso dice Cristina, y muchos peronistas se hacen los sordos. Quizás porque colaboraron con los torturadores.

Terminamos con un pensamiento del magistral Víctor Hugo Morales en su libro LA BATALLA CULTURAL, pág. 61: “el error es considerar a Cristina como el kirchnerismo. Lo que contiene la idea es más grande que la propia Cristina, así como el peronismo es más grande que Perón. Lo que construyeron los supera, para mayor halago de su historia. La única vez que quien escribe estas líneas intercambio algunas palabras con Cristina, se animó a proponer la idea de que el kirchnerismo había generado mejor gente que dirigentes. Fue en un almuerzo de varias personas, pero sentados muy cerca. Ella miró de tal guisa, que el pelo cambió de lugar al otro lado de la cabeza. “¡Sabés que me gusta esa idea?”, dijo. Y después de una pausa,´sí, es verdad´”.
Redondo, ¿no?
¡¡¡Feliz día de la Patria!!!

Columnista invitado
Carlos Benedetto
Museólogo, jubilado docente y presidente de la Federación Argentina de Espeleología. Escritor y periodista. Miembro de la Comisión de Ambiente del Instituto Patria. Director del quincenario Sin Pelos en la Lengua, Malargüe.











