(viene de la entrega anterior)
Otra medida es que los mayores, por ser población de riesgo, no tienen que ir al hospital, llaman por teléfono y va personal capacitado para verificar en qué condiciones están. Es una tarea para la cual l@s asistentes sociales están totalmente capacitados. Con esa onda del ojímetro social tan argento. ¿Por qué no hay esos equipos en cada institución educativa? Porque los de arriba son unos kappos del gestito “¡qué me importa!”
-Compañero-correligionario-amoroso, presénteme su proyecto de salud pública que ya lo estudiaremos-.
En tiempos de campaña preelectoral, cada equipo estudió y preparó lo que hace añares está en los anaqueles de la biblioteca del Congreso, Legislatura y universidades públicas y privadas.
Pero después…
-Qué pena, pibe. Resulta que el presupuesto aprobado por los infames del anterior gobierno, nos dejaron sin un sope. No tenemos nada. Seguí participando que si llegan los dólares del exterior entonces, tal vez…-.
Es EL MITO DEL ETERNO RETORNO.
Entonces mejor hago el ejercicio de ManoLuz.
Y el ejercicio de chi kung llamado LOS SIETE GOZNES: las rotaciones de cada articulación, que una de mis compañeras de tai chi, hace en la cama antes de levantarse.
Y nuevamente miro el sol que ilumina el cielo. A Dios gracias, esto sí es un regalo divino. Esto no lo hizo el infame. Parece que puede hacer lo que se le cante, como si fuese Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, Aláh y Jehová, con el dedito haciendo facquiú, me hace asomar las llamaradas de indignación otra vez…
Porque recuerdo los viejos buenos tiempos del Barrio Universitario de la Universidad Nacional del Sur: a Dios gracias, soy ate@.
Y la larga depresión de añares de la noche obscura de la fe… Pobre Jesús, que dijo “PERDÓNALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”… Vaya si estos sociópatas saben lo que hacen… ¿No sabían los que se llevaron los millones de dólares al exterior? ¿No sabe el chabón de EL LEÓN que tiene que tener posnet? ¿Y los responsables de recorrer cada sitio?
Y como éstas son carreras de resistencia, no de velocidad, me dispongo a respirar con el OMMMM.
Y aclaro, yo no fui testigo presencial, cuento lo que me dijeron los unos y los otros, como REPORTERA SIN MÁS LÍMITE QUE LA IMAGINACIÓN.
Estados Unidos realizó más de 239 pruebas con armas biológicas en ciudades densamente pobladas entre 1949 y 1969.
Publicado por Octubre, 26 de marzo de 2020.
Arthur González: para quienes se declaren incrédulos ante las evidencias de que Estados Unidos puede ser responsable de la epidemia de la Neumonía de Wuhan o Coronavirus, con la malsana intensión de afectar la economía e imagen de China, es necesario exponerles algunos antecedentes sobre ese tema.
Según lo publicado por la revista estadounidense Whiteout Press y otras, en 1931 el Rockefeller Institute for Medical Investigations, usó como “conejillos de laboratorio” a ciudadanos norteamericanos, al ser infectados con células cancerosas, sin ellos saberlo.
En la misma fecha, el Pentágono abrió un Centro de Guerra Biológica en Panamá para realizar trabajos de laboratorio con gérmenes patógenos.
La doble moral de los yanquis es tal que después de la Segunda Guerra Mundial, otorgaron total inmunidad a alemanes y japoneses especialistas en guerra biológica, incorporándolos en el centro ubicado en Fort Detrick, para estudiar y desarrollar armas biológicas.
A inicios de los años ’50 del siglo XX, el Departamento de Defensa realizó pruebas al aire libre, utilizando bacterias y virus generadores de enfermedades.
En esa fecha un buque de guerra yanqui empleó una enorme manguera, para rociar el aire con la bacteria Serratia Marcescens, causante de Neumonía entre los habitantes de la zona costera de San Francisco, California, según alegó el estudioso Leonard Cole, en su libro “Clouds of Secrecy: The Army’s Germ Warfare Tests Over Population Areas”.
En dicho material se describe que entre 1949 y 1969, se ejecutaron más de 239 pruebas de armas biológicas al aire libre en Washington, Nueva York, Key West y otras ciudades densamente pobladas.
No fue hasta 1970, que los ciudadanos se enteraron que fueron utilizados como animales de laboratorio, en los experimentos realizados por varias agencias y departamentos gubernamentales, principalmente el Pentágono.
Al divulgarse la “Operation Whitecoat”, ejecutada entre 1954 y 1973, la población conoció los detalles de aquel estudio del Departamento de Defensa, donde utilizaron creyentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y a más de 2 mil 300 soldados, quienes ignoraban que fueron infectados con la fiebre Q, la fiebre amarilla, peste bubónica, tularemia y encefalitis equina venezolana, todo documentado en el libro “Anthrax: The Investigation of a Deadly Outbreak” (1999), del escritor Jeanne Guillemin.
En los años ’90 se probaron nuevos virus biológicos con prisioneros del Departamento Correccional de Texas, que posteriormente se usaron durante la invasión a Irak, acción relatada por el bioquímico estadounidense Garth L. Nicolson, en testimonio por escrito para el Congreso, donde afirmó: “Miles de veteranos norteamericanos de la Guerra del Golfo sufren de las consecuencias de haber estado expuestos a las armas radiológicas, químicas y biológicas” (Written Testimony of Dr. Garth L. Nicolson, Committee on Veterans Affairs, United States House of Representatives, enero 2002).
Francis Boyle, profesor de derecho internacional de la Universidad de Illinois, afirma que el actual virus Zika, es un arma biológica patentada en 1947 por la Fundación Rockefeller.
Terroristas cubanos fueron entrenados por la CIA y el Pentágono en la base militar de Fort Gulick, en Panamá, para introducir en Cuba, en 1971, el virus de la Fiebre Porcina Africana.
El investigador William H. Schaap, asegura que el Dengue y otros arbovirus, son armas biológicas ideales. El Dengue Hemorrágico es altamente incapacitante y lo trasmite el mosquito Aedes Aegyiptis, virus introducido en Cuba en 1981, publicado en “The 1981 Cuba Dengue Epidemic, Covert Action, Summer 1982”.
Se sabe que en 1981 biólogos militares norteamericanos realizaron pruebas con el Aedes Aegyiptis, en el laboratorio de Fort Detrick, Maryland, para introducir el Dengue Hemorrágico.
Ese laboratorio, denominado oficialmente “Instituto de Investigaciones Médicas en enfermedades infecciosas del Ejército de los Estados Unidos”, produce agentes biológicos como parte de las investigaciones de “armas de defensa”.
Estados Unidos tiene un programa ofensivo de armas biológicas, aprobado en octubre de 1941 por el presidente Franklin Roosevelt y el Secretario de Guerra.
Para eso construyeron inicialmente una planta de producción en Terre Haute, Indiana, pero al no tener las condiciones de seguridad, fue trasladada en 1954 a Pine Bluff, Arkansas, que comenzó a producir agentes biológicos.
(continuará)
Las Grutas, Río Negro,
marzo de 2020.
Columnista invitada
Lucía Isabel Briones Costa
“Mi pecado fue terrible: quise llenar de estrellas el corazón de los hombres” decía el poeta… Desde los lejanos años de estudiante del profesorado en Historia en la Universidad Nacional del Sur, dediqué mi vida a la educación. En los tiempos previos a la dictadura de 1976 enseñaba en una vieja aula de la Facultad de Agronomía el bachillerato de adultos, tarea compartida con los compañeros, casi todos presos políticos después en Bahía Blanca. Cuando era rector Remus Tetu se hizo una razzia contra docentes, no docentes y estudiantes, especialmente contra los alumnos de Humanidades, Sociología y Economía. Estaba terminando mi carrera, cursando las últimas materias cuando fui detenida y puesta a disposición del PEN, el Poder Ejecutivo de la Nación, durante tres años y tres meses, hasta diciembre de 1978. Estuve en las cárceles de Villa Floresta, Olmos, Devoto y los tres últimos meses en la U20, la cárcel dentro del Hospital Borda, donde un prolijo tratamiento con drogas psiquiátricas hizo borrar totalmente mi memoria. Así me dejaron en libertad, diciéndole a mi padre: “Su hija es irrecuperable, será un vegetal hasta el día de su muerte. Que Dios les de la Santa Resignación”. Gracias a haber encontrado la ayuda adecuada pude recuperar, poco a poco, la razón perdida. Y me fui a La Pampa, donde fui docente de escuelas primarias y secundarias en la pequeña localidad de 25 de Mayo y en el Terciario de Formación Docente de Catriel, Río Negro. Recién en 1997, pude terminar mi profesorado en la Universidad del Comahue, para cuando mis compañeras de promoción de la Universidad del Sur ya estaban por jubilarse. Luego comencé la maestría en Historia Latinoamericana de los siglos XIX y XX, la cual se interrumpió cuando la Universidad no podía pagar a los docentes, varios doctores en Historia. En ese tiempo de docente rural comencé a escribir narrativa, tarea que continué al jubilarme en el bello mar de Las Grutas, en Río Negro. Seguí escribiendo con la alegría de dar un legado en su educación a mis hijas: la mayor psicóloga y la menor, maestra y profesora de Historia, ambas egresadas también de la Universidad del Comahue.


