En virtud de un error que se le deslizó a un amigo, digo: en mi libro «Páginas encontradas» comento unas pocas anécdotas, desconocidas para muchos.
Mas les aseguro que son miles. Perón tenía la costumbre de contarme todo lo que tenía necesidad de contarle a alguien -que fuera reservado, que lo entendiera y le contestara-; yo fui eso, para él. Mas allá de que fuera mi estilo -y lo siga siendo-, con relación a todo el mundo.
Pero -para él-, yo era el consultor; el pariente y el amigo -del cual carecía- y -según Enrique Pavón Pereyra-, era el hijo que no tuvo, aunque yo le dijera que no me agradaba el concepto, porque mi padre falleció en 1940 -y era mi padre, no necesitaba otro-. Con el tiempo lo entendí, habiéndole echo perder horas, en un libro cuyo título era ese y le dije que no publicara.
Si se me hubiese ocurrido especular -cosa que jamás hice-, mi destino sería otro. Hace muchos años, en plena Resistencia, eran muchos los buenos compañeros y amigos, que me consideraban su sucesor. En realidad, legítimos sucesores e indiscutibles discípulos -tanto de Perón como de Evita-, han sido Néstor y Cristina, nadie mas que ellos han amalgamado los conocimientos, la enjundia y el pensamiento de ambos.
Lo mío fue afectivo y consecuente. He servido -de por vida- como consultor y hubiese sido un muy buen legislador, si no me hubieran “limpiado”, de las listas, en La Plata, al cierre, sobre la medianoche (a Fito Ponce, le vendieron mi lugar, por ejemplo, diciéndole -según me contó-, que había un espacio vacío; Ponce era secretario general del gremio de granos y estibadores).
Volviendo a Perón, que es lo que concita el interés de propios y extraños, les comento que -mas que cuestiones íntimas-, en la mayoría de los casos, me refería todo lo que no hiciera público, en materia de historia y de política. Se hizo carne -en él-, lo que había ocurrido durante sus primeros dos gobiernos, como hechos negativos.
“Muchas de las cosas que transcurrieron, a mis espaldas, no las percibí”. “Por otra parte -es cierto-, nunca me resultó lógico desautorizar a mis funcionarios, creyendo que los errores habían tenido una dimensión menor, a la que habían tenido”. “Si no me hubieran convencido de algunas cosas, con relación a las actitudes de los políticos opositores -que en muchas ocasiones, no eran ciertas-, no hubiese permitido que se los encarcelara, dado que mi intención -hasta 1953-, fue lograr la unidad nacional”.
“Me escuchaste, cientos de veces, quejarme por la falta de comprensión de mis adversarios, ya que -aunque muchos no lo crean-, sentía cierta admiración, por algunos de ellos y me hubiese encantado tenerlos a mi lado”. “Cuando Enrique Dickman creó una agrupación -fuera del Partido Socialista- y se sumó a nuestras filas, recuerdo que me causó satisfacción -aunque ya era tarde-“.
Era cierto, 1953 -aunque Perón no lo creyó así-, marcó el principio del final-, que no llegó nunca, ya que -hoy-, la leyenda continúa y el peronismo es presente y es futuro. Pero, por entonces, comenzó el corte de la revolución inconclusa. Hoy, el Frente nacional, popular y revolucionario -con el peronismo, como columna vertebral-, escribe la historia que el pergeñó, hacia la Unidad Nacional, que concibió y con la cual soñó.
Era habitual que recordara su paso por la Casa del Angel. Se trataba de un distinguido lugar, de reuniones políticas y sociales, ubicado en Palermo, donde practicaba esgrima. En realidad -me contaba-, se trataba de mucho mas. “Allí tuve el gusto de conocer -pese a que yo era un desconocido, a parte de lo mas granado de la política argentina”. “La mayoría iba a practicar esgrima, como yo mismo”.
“Siempre me quedó grabada la imagen de Lisandro de la Torre -al cual admiraba-; a su lado, Marcelo Torcuato de Alvear (a quien traté en lo del coronel Reyes, en Flores); Alfredo Palacios, era el mas ostentoso, pero su presencia me resultaba grata. “Nicolás Repetto, era muy particular -solo acompañaba, tomando un café-, no era esgrimista y su aspecto era muy elevado –serio muy serio-, pero era el consultor de todos”. “Mas allá de pertenecer a distintas agrupaciones, todos lo rodeaban y le preguntaban cosas, de política, de economía, de medicina; un personaje increíble, por su erudición”.
“Yo escuchaba, pero a distancia, ya que -reitero-, por entonces, solo me conocían algunos camaradas y me distinguía el coronel Reyes, que nos reunía habitualmente”. “Estaba seguro, por otra parte, de que si “von Pepe” (por Uriburu), no hubiera cometido un fraude espantoso, Don Lisandro hubiese sido un gran presidente y la historia se hubiera encaminado por una senda positiva”.
“Seguramente, nuestra toma del poder hubiese sido otra; sin la incomprensión y el enfrentamiento”. “Braden no me hubiera venido a presionar -a cambio de apoyo-; ni se pondría al frente de una Unión Democrática vaciada de contenido”. “La unidad nacional se hubiera concretado, con los trabajadores y los mas ilustrados”. “No tuve suerte; el país no tuvo suerte”. “Tal vez, fue el comienzo de la revolución nacional, trucada -en 1955”.
“Hoy, ya vez, todo cambió, dialogamos entre todos, pero es tarde y yo tan lejos”. Yo sé que los que leen, quisieran algo mas biográfico y con continuidad -no tan anecdótico-. Pero, para eso, deben dirigirse a Enrique Pavón Pereyra, su biógrafo y mi querido amigo. Aun lo tengo presente, con Charito, a su lado. Con su joven esposa -de ese momento-, la querida amiga García Marín -hija de “Lala”, la de la Resistencia-, supimos estar junto al General, unidos fraternalmente, en la Navidad y el Año Nuevo.
Charito estaba embarazada -por entonces- y eso puso muy feliz a Perón. Antes de que tomara el nombre Pigna, yo hacía giras, bajo el título “historias de nuestra historia”, narrando mis anécdotas con Perón y otros personajes contemporáneos, pero la investigación, hacía que me refiriera a toda nuestra rica historia, aunque algunos descrean de ella.
29 de mayo de 2023
Columnista invitado
Carlos Valle
Docente, economista, historiador, periodista y escritor. Enlace de la Resistencia (1956). Presidente de la Asociación de Periodistas Latinoamericanos (1965-1976). Decano de los periodistas de Radio Nacional. Sindicalista y asesor gremial y político (CGT hasta 1991). Exiliado en 1962.


