7Charla de a 2: lo invito a jugar
«Todo acto educativo es un proceso de preguntas con las zapatillas embarradas»
Le propongo un juego sencillo, pero no por sencillo, poco complejo. Y como todo juego tiene reglas que remiten a su existencia.
En la educación las reglas deben ser lo suficientemente flexibles a los fines de que se establezca una verdadera relación vincular entre los participantes y los contenidos, y entre los propios participantes en el desarrollo del proceso educativo, al menos para hacerlo interesante o despertar interés.
Ahora bien, lo que le propongo es solo un juego en el cual la única regla o norma sea reflexionar a través de preguntas. Claro, usted podrá pensar: “este tipo está loco, ¿de qué sirve hacer preguntas al aire?, ¿quién va a responder esas preguntas? ¿cómo sé que son las preguntas adecuadas? ¿con quién estaré hablando, con una hoja o una pantalla? ”. Pues preguntarse es una forma de hablarse a uno mismo, de reflexionar hacia si (“hacia su adentro). Entonces, podrá empezarse a enojar y seguramente dirá: “¿de qué sirve hablarse a sí mismo?”. Y justo ahí sentenciará: “este tipo no está loco, sino que me trata de loco a mí, pretende que hable sin sentido”.
Tranquilidad, no grite, no se ponga colorado de la bronca y tenga paciencia. A veces, hablarse a uno mismo permite aclarar ideas, reformular conceptos, cuestionarse en algunas cosas, reafirmarse y reafirmar. Es más, voy a lanzar inescrupulosamente una teoría que antes de exponerla ya me parece un disparate total, pero tengo ganas de compartirla:
Es una actitud natural el preguntarse.
“¿Me está saliendo rico el almuerzo?, ¿se me habrá pasado la sal?, ¿gustará, fulanita, de mi?, ¿se habrá dado cuenta, fulanita, que yo muero de amor por ella?
Ahora que hablo en voz alta mientras escribo me parezco menos inescrupuloso y la teoría ya no creo que sea tan disparatada, y pienso a viva voz: ¿Podemos vivir sin preguntarnos nada?, sería algo así como vivir en la certeza permanente de todo. Eso sí que es disparatado.
Entonces mejor es negar toda certeza, ya no saber nada y preguntarse todo como si uno fuese una máquina de escribir sin ningún escribiente cerca, solo estaríamos nosotros con una hoja oficio blanca, bien calibrada, esperando que alguien se siente en la silla del prodigio sabedor para que nos deleite con su tinta negra de la sapiencia, y completo mi teoría original:
Es una actitud natural el preguntarse.
Porque no sé nada.
“¿Existe Dios? ¿Qué hay después de la vida? ¿Existe la eternidad?
¿Las cosas existen porque las estoy viendo y utilizando?
Sin embargo, mientras se me dilata la pupila frente a la luminosidad blanca fosforéscente de la computadora, me pregunto ¿dónde se origina el desconocimiento? Si existe el desconocimiento, supongo que existirá el conocimiento. Es decir, en la acción de establecer la existencia de algo que no conozco, implícitamente estoy reconociendo la existencia de algo que sí conozco. Es más, me estoy dando cuenta que en el proceso de establecer el vacío abismo del desconocimiento, estoy nombrando la existencia de algo: el vacío abismo.
Recapitulemos, no puede ser que no conozca nada o desconozca todo, dado que estoy preguntándome sobre cuestiones concretas, existentes, con entidad material y simbólica.
Por lo cual el pensarme como una simple máquina de escribir, ni siquiera como la hoja blanca en la cual se impregna el conocimiento absoluto, es subestimarme demasiado.
¡Qué lío se me hizo!:
¿Los seres humanos lo sabemos todo? o ¿no sabemos nada?
A ver, desenredo un poco: si me estoy preguntando sobre el conocimiento, es porque se va haciendo presente “algo” que conozco o no conozco.
¡No puedo creerlo! ¿Se dio cuenta? Eso que conozco o desconozco tiene que ver conmigo, pero no “soy migo”, es decir, no soy yo, hay algo que existe fuera de mí, con existencia propia, independiente de mi ser, de mi pensamiento: ¡Hay materia existente fuera de mí!
Por lo cual, la existencia de algo que existe fuera de mí, me ubica -y nos ubica a los seres humanos- como parte de una realidad, de un todo. Esa podría ser una posible certeza:
Existe una realidad que me (nos) incluye.
Sin embargo esa REALIDAD es independiente de mí (de nosotros).
Y vuelvo a cuestionarme ¿cuál es la relación existente entre la REALIDAD y yo?
Se me viene al pensamiento la siguiente anécdota:
“Acababa de terminar el colegio secundario –no era un estudiante muy brillante, todo lo contrario, apenas había podido pasar de cursos con mucha ayuda- y una noche me acerco a donde estaba sentado cenando mi padre, junté fuerzas y le escupí con tembleque de labio inferior: me voy a anotar en la facultad de teatro… quiero ser actor.
«Debió ser cerca de las 21 horas, la noche oscura de un día caluroso de principio de diciembre se hizo escuchar en el amargo silencio de su mirada, que enmarcada en profundas cejas negras y con largas pestañas me habló con el hondo sonido que calan las palabras que no se pronuncian, sólo me habló con su gesto cansado del trabajo que da el existir.
«Noche larga de 4 horas de llorar hacia dentro.
«Al amanecer, supe que tenía que inscribirme en la facultad de derecho y quizás sería abogado”
¿Cuánto dependemos de la mirada del otro? Sobre todo si ese otro es tu “viejo”, y vos, un adolescente -tardío quizás- que busca y no siempre encuentra, es más, me atrevería a decir que la mayoría de las veces no encuentra lo que busca, lo que no significa que no encuentre nada.
Hoy, recordando la anécdota veo que lo que existía en mí, era una profunda necesidad de ser reconocido en mis necesidades. Seguramente habitaban decenas de necesidades, pero que muchas podían ser sintetizadas en el saberme contemplado desde mis propios intereses, y me hace pensar en el proceso humano en el que las necesidades primarias, tales como combatir el hambre y el frió, se dan en una cruenta pelea con el afuera, en ese afuera que constituye la realidad de la que decía antes.
Entonces podría arriesgar como respuesta a ¿cuál es la relación existente entre la realidad y yo?, que:
Habría una relación de necesidad:
Yo tengo una necesidad y en el afuera se encuentra la fuente de gratificación de esa necesidad.
Es decir, yo necesitaba ser reconocido en mis deseos y mi “viejo” era el depositario (al que yo le deposité) el rol de ser quien me los reconociera. Y arriesgo, con temor a equivocarme, que los seres humanos nos constituimos a partir de la mirada del otro, y el otro se constituye a partir de la mía, en ese proceso de encuentro vamos constituyéndonos recíprocamente.
¡Epa! Aquí acabo de darme cuenta de algo que también ayuda, creo, a responder sobre la relación existente entre la realidad y yo.
Hay una relación dialéctica:
Yo acciono y transformo el afuera,
Y el afuera transformada me transforma.
A ver, volvamos a las preguntas:
- ¿Lo sabemos todo o no sabemos nada?
- ¿Qué es la REALIDAD?
- ¿Cuál es la relación entre los seres humanos y la realidad?
- ¿Qué es el conocimiento? ¿Para qué sirve?
- ¿Qué es el aprendizaje? ¿Cómo se desarrolla?
Algunas respuestas parciales y provisorias, me parece, brotan del suelo fértil de preguntas, por ejemplo: que es importante preguntar como puerta al conocimiento, o que la realidad es independiente a los sujetos y que la relación entre él y la realidad es una relación dialéctica mutuamente transformadora.
Ahora bien, como si fuésemos a realizar una receta de cocina, para esta preparación tenemos:
- Un kilo de REALIDAD
- Dos SUJETOS
- Una cucharada sopera de NECESIDADES
- Un litro de DIALÉCTICA
- PREGUNTAS cantidad necesaria
Estos son los ingredientes, diría yo, para preparar un rico suflé de CONOCIMIENTO. Si falta algún ingrediente, seguramente la receta fracasará.
Disculpe que sea molesto con el tema de las preguntas, pero dije al comienzo que esa era la regla de éste juego. Entonces, ¿Qué es el conocimiento? y arriesgo como respuesta:
El conocimiento es el producto que se obtiene del proceso de conocer.
Seguro que se enojó otra vez y está insultando al viento para que me traiga su malestar. Vuelva a tranquilizarse, siéntese, tome un vaso de agua y respire profundo. Ya sé que la respuesta parece no contestar nada, por eso, déjeme volver a preguntar: ¿Qué es proceso de conocimiento? y, deme nuevamente el espacio para intentar una posible respuesta:
El proceso de conocimiento es el proceso por el cual los sujetos, gracias a la práctica, nos relacionamos con aspectos de la realidad, la vamos comprendiendo no solo en lo que aparenta exteriormente, sino en su funcionamiento, en las leyes internas que la hacen ser lo que es.
¡No respire! Déjeme hacer una pronta pregunta que se me escapa de las falanges con las que estoy golpeando el teclado: ¿Para qué sirve conocer?
¿Usted tiene alguna respuesta? Ya sé lo que está pensando: “Para que no me engañen, para darme cuenta de lo que quiero, para ser más inteligente, para hacerme visible en las reuniones de los domingos, para atraer la envidia del que se cree mejor que yo, para lograr la aprobación de mis seres queridos…” Deje de hacerse el bocho y abandone aunque sea por un segundo la arrogancia de creerse el punto central del centro de todo.
Se me ocurre imaginar la vida de las lejanas tribus, de aquellas primeras comunidades, de las pequeñas sociedades originarias, simples “homo faber” dedicadas a la caza o al humilde pastoreo. Piense conmigo, ¿cómo se desarrollaron fisonómicamente? ¿Vio alguna vez una imagen, se acuerda de cómo eran sus extremidades? Es más ¿Cómo eran sus cerebros? ¿Cómo fue que se produjo a lo largo y ancho del tiempo el desarrollo del pensamiento y del cerebro como base material?
Efectivamente, la relación dialéctica entre ellos y la realidad fue produciendo esos cambios, esas transformaciones, pero no sólo de los seres humanos de las tribus, sino también de la propia naturaleza. ¿Se acuerda lo que dijimos antes? Eso de que al transformar me transformo. Justamente, en el proceso de conocimiento parece ser que es la práctica social de los seres humanos, su dialéctica con la naturaleza, lo que va produciendo el acto de conocer.
Ahora sí ¿qué es el aprendizaje?
Pues el aprendizaje tiene mucho que ver con el proceso de conocer, en todo caso me pregunto ¿cómo es el proceso de conocimiento?
Aquí, permítame que ostente de cierta lectura, aunque pensándolo mejor, mi formación es bastante desordena y desarticulada, no es motivo (mi conocimiento literario) para ostentar nada, en todo caso déjeme hacer una cita de Mao Tsetung. ¿Sabe quién fue Mao? Fue uno de los líderes revolucionarios más importantes del mundo, él encabezó la lucha contra el zarismo en China, enfrentó junto a las masas campesinas y obreras al Japón que buscaba en China un pueblo rendido a su sometimiento imperial, disculpe que lo interpele, pero debiera leer algo de la Revolución Cultural China. Listo, no nos distraigamos y volvamos a lo nuestro, estábamos en que iba a citar a Mao para conceptualizar el proceso de conocimiento:
“Si el hombre quiere obtener éxito en su trabajo, lograr los resultados esperados, tiene que hacer concordar sus ideas con las leyes del mundo exterior objetivo; si no lo consigue esto fracasa en la práctica… Después de sufrir un fracaso, extrae lecciones de él, modifica sus ideas haciéndolas concordar con las leyes del mundo exterior, y de ésta manera puede transformar el fracaso en éxito… cada fracaso nos hace más listos… el fracaso es la madre de éxito”.
“En el proceso de la práctica, el hombre, no ve al comienzo más que las apariencias, los aspectos aislados y las conexiones externas de las cosas… A medida que continúa la práctica social se suscitan en el hombre sensaciones e impresiones, se presentan una y otra vez, entonces se produce en su cerebro un cambio repentino (un salto) en el proceso del conocimiento y surgen los conceptos. Los conceptos ya no constituyen reflejos de las apariencias de las cosas, de sus aspectos aislados y de sus conexiones externas, sino que captan las cosas en su esencia, en su conjunto y en sus conexiones internas. Entre el concepto y la sensación existe una diferencia no solo cuantitativa, sino también cualitativa. Continuando adelante mediante el juicio y el razonamiento, se pueden sacar conclusiones lógicas…”
(Mao Tsetung. Sobre la práctica. 1937).
Entonces podría decir que el aprendizaje es el proceso por el cual ese conocimiento nuevo se arraiga en mi mundo interno, es decir, lo internalizo, lo interpelo a partir de mis conocimientos previos, de mis prejuicios (que serán descartados o modificados gracias al proceso de la práctica). Y principalmente, uso, ese conocimiento, para hacer funcional, el mundo, a mis necesidades.
Para finalizar, y ya que me ha permitido bastante, déjeme un último atrevimiento, al que usted podrá como interviniente en éste juego cuya única regla es hacer preguntas, preguntar acerca de la insolencias que voy cometer: Voy a arriesgar una definición (insuficiente o equivocada) de ACTO EDUCATIVO. Es parte del juego, ¡vamos! ¡Usted también puede jugar, no solo preguntando sino también arriesgando respuestas.
Ahí va:
Todo acto educativo, (visto desde el juego, en el cual la principal regla es preguntar y preguntarse), para ser significativo (es decir, para significar algo en la vida de los sujetos intervinientes en dicho proceso) necesita aceptar el rol activo de todos/as los intervinientes y sus multiplicidades de miradas contradictorias.
En donde los interrogantes dan la certeza de que si hay algo que desconozco, es porque existe algo que conozco.
Siendo la práctica dialéctica entre las necesidades de los sujetos –traducidas como preguntas o interrogantes- y la realidad –que constituye el campo a donde buscar las posibles respuestas a las preguntas- el escenario en el cual vamos a vivir el proceso de aprendizaje, situación compleja que permite conocer la realidad en un proceso de transformación dialéctica.
Alberto Muñoz
Docente-escritor
Secretario General Adjunto (SUTE)
Coordinador Provincial Agrupación verde “4 de abril”


