Cierto es que las maniobras especulativas de los grupos económicos concentrados y el neoliberalismo son las que determinan el precio del dólar, las que forman los precios y las que generan los procesos inflacionarios.
Hasta ahora el gobierno de Alberto Fernández y el equipo económico encabezado por Martín Guzmán han sido bastante impotentes para enfrentar esta crisis que terminan pagando los trabajadores y los jubilados, con la devaluación de su salario.
Pero queremos aportar un poco de autocrítica. No toda la culpa la tiene el chancho. El pueblo debe comenzar a comprender que cuando se ahorra en dólares se está quitando dinero del circuito financiero, se está destinando a la especulación dinero que podría generar puestos de trabajo y producción, y se le está quitando valor a nuestra moneda.
Cierto es que poco puede hacer la gente frente a los multimedios, poderosos formadores de conciencia social y opinión pública. Ellos también son parte de los grupos de poder que están interesados en la suba del dólar y estimulan las corridas cambiarias. Son miles de horas y ríos de tinta que taladran la cabeza todo el día formando la idea de que hay que apostar al dólar y la gente desesperada sale a buscar algunas migajas utilizando dinero de sus ingresos para comprarlos. No para ahorrar, porque los trabajadores no pueden ahorrar en procesos inflacionarios, sino para ir a cambiarlos y obtener una pequeña ganancia especulativa.
Aún así, y frente a semejantes monstruos, es posible comenzar a comprender o reflexionar en el sentido de que, de nada sirve hacer una operación de pocos pesos o dólares, para ganar unos pocos pesos o dólares si luego, la ganancia que pueda obtener no me alcanzará para compensar los aumentos. De qué me sirve hacer una operación especulativa que me permita obtener una ganancia de tres mil o cuatro mil pesos si después los alimentos aumentan en proporción al dólar y mucho más también. Lo mismo que con los alimentos sucede con el combustible, los servicios, las tarifas, los automotores, los bienes de consumo y producción, etcétera.
Tarde o temprano tendremos que comprender que no tiene sentido dejarnos usar para incrementar el valor del dólar y los procesos inflacionarios, a cambio de una minúscula participación en el mini mercadeo del negocio especulativo cambiario.
Nos quejamos de que no hay cultura de trabajo, pero muchos utilizan el dinero de sus pequeños sueldos para comprar o vender dólares. Incluso, esta práctica es tolerada por un gobierno absolutamente ineficiente para contener los procesos inflacionarios y la voracidad de los formadores de precios, y ha permitido a los trabajadores utilizar sus sueldos en la timba especulativa del dólar.
Cuando debería restringir absolutamente esa práctica, la autoriza y estimula a los trabajadores que pongan sus sueldos al servicio del incremento de una moneda que no es la nuestra. De esta manera los haberes se ponen al servicio de una timba financiera, se propicia la especulación y se ponen en riesgo las frágiles economías familiares porque normalmente el dólar aumenta, pero eventualmente puede bajar, como está ocurriendo en muchos países del mundo, y cuando eso ocurra, la gente no tendrá para comer por haber invertido gran parte de su sueldo en una peligrosa práctica especulativa.
Cuando accedemos a un crédito bancario para comprar bienes, electrodomésticos, automotores, para construir, etcétera, el banco no nos presta dinero propio. Tampoco nos presta dólares. Nos presta dinero nacional de otras personas, trabajadores como nosotros, que han depositado sus ahorros en dinero nacional en el sistema financiero. Si alguna vez utilizamos una tarjeta de crédito, si alguna vez adquirimos un crédito del Estado o de una entidad bancaria, ese dinero no lo puso ningún capital especulativo, ningún empresario, ningún banco. Ese dinero vino del ahorro de otros trabajadores iguales a nosotros.
El supermercado donde se compra y se vende plata, el banco, se queda con grandes fortunas por su rol de intermediario entre el ahorrista que lleva el dinero de sus ahorros, y el cliente que le pide un crédito. El sistema es abominable precisamente por los gigantescos márgenes de ganancias de las entidades financieras que nuestros gobiernos no controlan, pero aún esto, es preferible al mercado de la compraventa de moneda extranjera.
Insistimos, es necesario que los trabajadores y el Pueblo comprendan que si participamos en el negocio de la compraventa de dólares, estamos contribuyendo a degradar nuestro salario. No compremos ni aceptemos dólares en forma de pago. Exijamos moneda nacional. De esta manera, quisiera desde estas líneas hacer un llamado a defender una porción de soberanía que nos están quitando: la moneda nacional.
Osvaldo Vega
Abogado
MAT. Provincial Mendoza 10.620
MAT. Fral. Tº 132, Fº 438


